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Me dan miedo los besos de final de película
Quiero un anti final feliz que en verdad sea feliz, que podamos asumir que Carrie está soltera sin que sea un drama.
2 de junio 2026
Quiero un anti final feliz que en verdad sea feliz, que podamos asumir que Carrie está soltera sin que sea un drama.
Por Nuria Tuero de La Quimera
Me daba pánico vivir mi propio romance adolescente. Solía hacer ghosting o rechazar a mis pretendientes excusándome en la más mínima estupidez que encontrase: que si no me gusta como huele, que si no sabe quién es John Ford, que si quiere ser guardia civil … Me aterraba encontrar a mi príncipe azul, protagonizar un beso final de película mientras suena música ñoña de fondo y que mi vida acabase anclada a la de un hombre. Dicho así parece un paranoia ridícula, de hace siglos, pero si la cultura popular apenas cambia, ¿por qué lo han de hacer mis miedos?
Lousia May Alcott nunca se casó. Al igual que Jane Austen, Emily Bronte o Emily Dickenson. Sin embargo, su alter ego literario, Jo March, no pudo disfrutar del mismo destino: su editor exigió casarla pese a que el personaje representara una libertad e independencia que contradijesen esa decisión. Y aunque Lousia May Alcott no se casara, la historia que recordamos es la de Jo.
Las cuatro hermanas March, tanto en la novela como en la película, nos sirven de ejemplo para entender distintas feminidades y formas de ver el mundo que las rodea. Pero al final todas acaban casadas, salvo Beth (quien muere). Y parece que la frase que un editor le dijo en vida a Lousia May Alcott se hace real: si la protagonista es una chica debe acabar casada o muerta. Lo escalofriante es que esto no haya cambiado desde el siglo XIX.
En 2025 solo 8 de las cien películas más taquilleras fueron protagonizadas por mujeres. Pese a que se nos vende una supuesta equidad, lo común es que incluso en nuestras propias historias seamos reducidas a meras comparsas. En Año Nuevo se emitió el nefasto final de Stranger Things donde su protagonista femenina, Once, queda reducida a ser la novia de Mike poco antes de morir, además de convertirse en el único personaje principal que muere. Al verlo lloré sin parar durante una hora. Iguall era porque había acabado mi niñez y me di cuenta de que Peter Pan nunca vino a buscarme, o quizá porque sé que a un protagonista masculino nunca le hubieran hecho eso.
La cámara nos convierte en objetos, nos da roles que provienen de un ángulo masculino como la madre, la novia, la ex, the girl next door... John Berger reflexiona en su obra Modos de ver como nuestro entendimiento de la pintura y el arte han condicionado la imagen de la mujer. El espectador ideal siempre será el varón y por ello las mujeres somos representadas para halagar esa mirada y aprendemos a comportarnos teniéndola en cuenta, con miedo de salir del espacio preestablecido y aprendiendo a ser observadas, mirándonos a nosotras mismas a través de los ojos de los hombre, asimilando así el male gaze, término acuñado posteriormente por Laura Malvey.
Malvey es una gran teórica acerca del cine feminista, defensora de que el personaje femenino nunca afecta al resultado de la trama, sino que se convierte en una forma de apoyar al protagonista masculino y convertirse en el objeto de deseo. Puedo llegar entender que esto ocurra en el cine clásico, donde se nos anima a identificarnos con el protagonista masculino, pero me supera que aún ocurra cuando somos las protagonistas.
Veamos, por ejemplo, la celebérrima serie que abogaba por el feminismo en los noventa, “Sex and the City”, donde seguimos las aventuras de cuatro mujeres en busca de independencia y libertad, pero acaban repitiendo patrones tóxicos en sus relaciones y excusando a sus parejas. Carrie, nuestra protagonista, le perdona todo a su interés romántico hasta que acaban juntos. Le hicieron falta seis temporadas, dos películas y una serie continuación para darse cuenta de que estar sola no es negativo. ¡Bien, Carrie! Carrie por lo menos se dio cuenta; el resto aún parecemos no entenderlo pues, a día de hoy, hay treinta mil artículos en Internet explicando el final como si el que una mujer decidiera estar sola fuera algo innovador o difícil de comprender.
Nos parece triste que Carrie se quede sola sin un interés romántico definido, mientras que héroes como James Bond no necesitan tenerlos. Los vemos como triunfadores y a ellas como solteronas amargadas. Quizá es porque a todos nos da miedo morir solos y a una solterona la vemos más cercana a morir sola que a un James Bond.
Así que preferimos creernos los finales felices como el de Pretty woman, donde Richard Gere le lleva flores a Julia Roberts en un descapotable como si de un cuento de hadas se tratase. Estoy harta de estos finales felices en los que parecemos complementos de los hombres. Quiero un anti final feliz que en verdad sea feliz, que podamos asumir que Carrie está soltera sin que sea un drama, aunque probablemente estoy pidiendo demasiado.
Colorín colorado este cuento se ha acabado, sin perdices y sin príncipe.
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