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Mejor controvertido que comprometido
Hay ciertas causas cuya defensa el oficialismo, el establishment, ha decidido que no constituyen activismo.
6 de marzo 2026
Existe una forma muy divertida de clasificar a los artistas de cualquier disciplina que se involucran en política, que se dedican a la política, que hacen política más allá de ese agotador siempre hacer política que es hacer cualquier cosa porque cualquier cosa es política. Todo acto es político, dicen.
Pero aunque todo acto sea político, algunos actos son más políticos que otros. Porque si tu actividad política cae de un lado del espectro ideológico —del correcto, del que no molesta, del amable, del que está a favor de lo bueno y en contra de lo malo— entonces eres un artista comprometido. Por el contrario, si tu actividad política es de la mala, serás un artista controvertido.
Un artista comprometido agita banderas, aprieta los puños, los alza y enseña los dientes. Habla con voz grave y afectada, a punto de quebrarse, apenas dos escalones por debajo del llanto. Mira fijamente a cámara con el semblante muy serio y da la impresión de estar haciendo un gesto de gran valentía. Probablemente defienda una nobilísima causa, lo cual hace que su compromiso tenga valor. No obstante, ese compromiso, aunque bienintencionado —o tal vez precisamente por ello—, suele resultar inofensivo. Puede imprimir épica a su compromiso porque no hay mucho en juego. Porque no suele haber riesgo.
Hay ciertas causas cuya defensa el oficialismo, el establishment, ha decidido que no constituyen activismo, que no se abrazan por estar comprometido con una verdad o con un ideal, sino por ser un personaje controvertido. Así, pasar del compromiso a la controversia puede ser un asunto complicado.
Por ejemplo, no pocos dudarían hasta 2021 que Cristina Morales, con su clara y combativa posición de izquierda y sus colaboraciones esporádicas en el diario del Régimen, era un buen ejemplo de artista comprometida. No obstante, y juegos peligrosos que pasaron más o menos desapercibidos aparte —como hacer pasar por progresistas fragmentos de discursos de Onésimo Redondo en su más que recomendable novela Los combatientes—, fue la publicación de una crónica de los días de confinamiento en la que confesaba pasarse por los ovarios las restricciones lo que hizo que El País tuviese que publicar el texto con una “presentación” vergonzante y que, oh casualidad, Morales no volviera a escribir en dicho diario oficialista, pasando a ser una autora controvertida.
Así las cosas, había en la pasada gala de los Goya muchos artistas comprometidos y muy pocos autores controvertidos. Muchos iban, incluso, uniformados con la misma chapita propalestina que alguien —¿quién?— se dedicó a repartir antes de que diera comienzo la retransmisión. Los discursos políticos fueron los de siempre: todos muy bienintencionados, muy comprometidos; ninguno osó decir nada que pudiese incomodar al régimen, representado en la gala por su máxima autoridad —el presidente del Gobierno— al que nadie se atrevió a hacer pasar un mal rato. Era bonito ver a tantos artistas comprometidos agachando la testuz junto a su amo y mecenas en el photocall. El compromiso político es una cosa muy buena, porque puedes colmar tus necesidades activistas sin enfrentarte a los poderes fácticos, ser revolucionario sin incomodar un ápice al sistema, estar en misa y repicando.
Pero ser un artista controvertido, eso ya es otro asunto. Creo que había un artista comprometido en esa gala de los Goya, al que incluso intentaron montar una especie de escrache y que cuando recogió su premio dio un discurso que no reivindicaba los tres o cuatro temas aceptables. Tampoco es que fuese un fascista hijo de la gran puta que osara echarle en cara al presidente la corrupción rampante de su gobierno o los muertos de un accidente ferroviario reciente —quizás imputables a dicha corrupción—, pero sí desbarró sobre temas que le interesaban a él y no al presidente. No estuvo a lo que había que estar.
Sus obras, me consta, tampoco están a lo que hay que estar: habla del Quijote, de Casanova, de toros. Es posible que incluso goce de cierta independencia a la hora de llevar a cabo sus proyectos. Demasiado controvertido. Si al menos se comprometiera políticamente…
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