Crónica de los Premios Goya 2026: El reverso del glamour huele a suquet de calamar
Si realmente quieres saber cómo es la gran fiesta del cine español, ve en agosto a la verbena de tu pueblo, cambia los pantalones cortos por trajes alquilados y te aseguro que se parece muchísimo.
2/03/2026
Por Edu Hirschfeld
2/03/2026Si realmente quieres saber cómo es la gran fiesta del cine español, ve en agosto a la verbena de tu pueblo, cambia los pantalones cortos por trajes alquilados y te aseguro que se parece muchísimo.
He sido enviado a la gala de los Premios Goya en misión secreta por Sustrato, en esta nueva deriva intrépida y emocionante de mandar a sus redactores a las citas culturales más peligrosas. A continuación ofrezco una crónica de mi experiencia, contando lo que realmente nos importa: lo que no se ve por televisión. En este writing of encontrarás los recovecos más insospechados del glamour y la extraordinaria maquinaria de alcohol y canapés que mueve este evento.
28 de febrero de 2026
Madrid, estación de Atocha.
Aunque estoy jugando a ser cronista, mi verdadero deber moral hoy es dar acompañar y dar cariño a uno de mis mejores amigos, nominado en una de las categorías y que, lejos de estar ilusionado, atraviesa un momento muy difícil.
¿Dónde debería empezar una crónica de los Premios Goya? Para una persona nominada arrancaría meses antes, durante las luchas intestinas de las que salen victoriosas las películas candidatas, que se enfrentarán más adelante en la batalla por la nominación, de la que saldrán, magulladas, agotadas y cínicas como mercenarios de guerra, las cinco películas, personas o canciones que optan hoy al ansiado premio.Para mí, que he conseguido colarme en esta gala como una auténtica rata en un galeón –o lo que es lo mismo, como acompañante de una persona nominada– los Goya empiezan subiendo a un Ave fletado por la Academia de Cine, “el tren del cine español”; 24 vagones para trasladar a más de 800 personas (y sus trajes) a Barcelona, la ciudad que acoge este año la celebración.
Si tuviera que definir Los Goya con una palabra sería “hartón”. No “tostón”, porque hay que reconocer que está trufada de momentos memorables, pero es una verdadera paliza, ya lo vais a ver:
8:27
Antes de subir al tren, mi amigo me dice que ayer estuvo toda la tarde llorando. No es exactamente lo que se espera de un nominado al Goya, pero España es un país difícil en el que el triunfo y el fracaso comparten torreznos y Gin tonic.
8:30
El tren se pone en marcha. Faltan ganchos para colgar todas las bolsas de trajes. Una señora ha colgado el suyo en el gancho que corresponde a mi asiento y me tapa la ventana. Pienso en enfrentarme a ella, pero cuando me decido a plantarle cara la veo está completamente derretida en su asiento y tapada con un antifaz.9:05
Me levanto a estirar las piernas y reconocer estrellas. Teniendo en cuenta la guerra sangrienta por los votos de los académicos y el cariño de la prensa a la que se han enfrentado los nominados durante los últimos meses, este se trata de una especie de tren-enfermería lleno de soldados que vuelven a casa mutilados para recibir un aplauso de honor o de condescendencia –en la narrativa bélica que se está formando mi mente, soy Stefan Zweig en El mundo de ayer, volviendo a Viena junto a los ejércitos austrohúngaros de la primera guerra mundial.
No todo el mundo aquí está nominado, hay muchos “acompañantes”, que se dividen entre miembros del equipo de las películas, familiares, amigos y trepas. Se reconoce a un nominado por la mirada: está alerta y sus ojeadas constantes le hacen más propenso al cruce. Confundido por su ego –que, más o menos desorbitado, hoy vive su gran noche–, percibe un simple cruce de miradas con el acto de ser reconocido. Esa mirada podría definirse como una mezcla entre la de un conejo al que le apuntan las luces largas y la de un presidente recién elegido. Devolverá la mirada con una breve sonrisa de agradecimiento a un comentario que nadie ha hecho: “Enhorabuena por la nominación”.
9:38
Me dirijo a la cafetería, el mejor sitio para conocer las miserias del sector. Allí encontramos una cola que se extiende hasta el siguiente vagón. La tripulante que se encarga de hacer los desayunos y cobrar está al borde del colapso, pero procura mantener la sonrisa, sobre todo porque atiende a famosos. La gente que consigue su café después cuarenta minutos de espera lo celebra con jolgorio y recochineo. En un momento de desesperación, la tripulante pregunta “¿falta alguien por servir?”, desatando al tiempo carcajadas y gritos de indignación.
9:51
Como resulta imposible conseguir café, me decido a inspeccionar el tren. Voy atravesando vagones, intuyendo que en cada uno viajan los nominados de una categoría distinta.
En el primer vagón que atravieso, la gente habla con susurros o hasta lengua de signos. Entiendo que es el vagón de los nominados a Mejor Sonido.
El segundo vagón es el opuesto, un caos de gente conversando de un asiento a otro, invadiendo el pasillo y descolgándose como micos desde los compartimentos de maletas. Es el vagón de los actores.
El siguiente vagón está lleno de gente que repasa calendarios y presupuestos. Todas las piernas se mueven nerviosamente y más que conversaciones se escuchan gruñidos. No hay duda de que se trata del vagón de los productores.
En otros vagones encuentro a un grupo considerable de lectores de novela gráfica, seguramente los nominados a Mejor Guion Adaptado, y a otro grupo, el más numeroso, que se dedica a rellenar la quiniela oficial de los Premios Goya. ¿Serán periodistas?
En el último vagón encuentro a un equipo completo de rugby. Igual que en las películas, en la gala de los Goya se ha buscado una coproducción.
10:08
En la estación de Zaragoza se bajan varias personas. Teniendo en cuenta que es un tren organizado expresamente por la Academia –y al parecer también la Federación Española de Rugby– me figuro que los que bajan con maletas son desertores que han perdido la esperanza de llevarse un premio, basándose en las quinielas que han ojeado, y quieren ahorrarse un espectáculo que, por otro lado, pueden seguir por televisión.
11:50
Llegada a Barcelona. Cuarenta minutos esperando un taxi y aperitivo en una tasca tradicional con butifarra y cava. Mi nominado se va al hotel Melià Barcelona Sky, en Poblenou, y yo me doy una vuelta por la ciudad, avergonzado por arrastrar una maleta de ruedas.
14:15
Pido un taxi para ir al hotel, pero por error me lleva a un local kitsch llamado Sky Bar, en l’Hospitalet de Llobregat. Para no desperdiciar el viaje, me tomo un vino y vuelvo a cruzar la ciudad para llegar al auténtico hotel.
17:00
Ducha, skincare y acicalamiento. Mi traje es sencillo, pero el de mi nominado es un smoking alquilado con elementos cuyo fin es un completo misterio para nosotros (pajarita, fajín, gemelos, tirantes). Gracias a un video tutorial consigo vestirle, justo a tiempo para la recogida.
17:40
Como en una cumbre climática, una sucesión de furgonetas negras recoge a cada grupo de nominados y acompañantes para llevarlos al Centro de Convenciones Internacionales de Barcelona. Más huella de carbono que Taylor Swift.
18:05
Acreditaciones, pulsera con QR como (primera de muchas, como el verano de un escocés en Castellón). Por primera vez me separan de mi nominado; él va a recorrer la alfombra y el photocall y a mí me mandan a una sala gigante patrocinada por La Caixa (segunda pulserita). Un centenar de copas de vino, refrescos, vino, canapés, vino, pantallas gigantes que retransmiten la alfombra, sofás y vino y, en el centro, un DJ ambientando el cotarro. Desde ahora, la música no va a parar de sonar en ningún momento hasta pasada la madrugada.
Consciente de que la gala no empieza hasta las 22:00, me acomodo en una mesa con toda la variedad de aperitivos, una copa de vino (un blanco que me patalea el paladar) y mi libreta, y me dedico a observar, preguntándome en todo momento si mi nominado estará bien sin mi.
18:38
Hay mucha gente trabajando aquí. Gente con carpetas, gente con bandejas, gente que descorcha, gente que sirve, gente que sonríe e indica el camino y una pareja de jovencitos que llevan de aquí para allá la única máquina dispensadora de agua mineral.
18:47
Alguien reparte chapas con forma de sandía y el lema “free palestine”. Muchos invitados sacrifican la estética cuidadosamente estudiada de sus conjuntos para defender la causa.
18:53
Empiezo a sentirme muy solo. Miro con frecuencia las pantallas gigantes esperando que aparezca mi nominado y le envío todas mis fuerzas para que no llore cuando le enfoque la cámara, aunque por otro lado lo haría muy honesto y memorable, incluso viral.
19:03
Considero que es hora de rendirse al cocktail que me ofrecen. Pido el segundo vino (el tercero del día) y hago una cata de todos los canapés:
- Mini tacos de tartar con mayonesa rosa picante. Insospechadamente rico. Me doy cuenta de que es la primera vez que meriendo tartar.
- Tostaditas con txangurro. Un clásico infalible pero cansino.
- Hummus en vaso de chupito con sección de pan pita. Reconozco el sabor, es de Mercadona.
- Croquetas de boletus. Aprobado.
- Empanadillas chinas. Las veo pasar por delante de mí varias veces pero se agotan en segundos, así que me traslado a un lugar estratégico desde el que consigo interceptar una bandeja entera. Realmente buenas. Pido a los camareros que feliciten al chef de mi parte y al ver mi libreta con apuntes sobre la mesa me miran raro. Pensarán que soy un crítico gastronómico.
19:12
Por fin identifico a mi nominado en la alfombra roja. No sé si también le habrán dado vino, pero se le ve saleroso; saluda a los fans (aunque no sean suyos), anda con la cabeza alta y sonríe. Me alivia tanto verle feliz que siento repentinamente toda mi embriaguez.
19:30
Estoy piripi. Hay que tener una voluntad de hierro para no llegar como Ortega Cano al comienzo de la gala. Cuento las horas que quedan para terminar la gala –y la prometida fiesta final– para calcular los vinos que puedo tolerar.
19.35
Me entretengo analizando el baño de masas de las estrellas. Algunos famosos pisan la alfombra con una expresión sedienta como la de Nosferatu frente a un cuello pálido. Algunas observaciones entorno a la alfombra:
- Absolutamente nadie pide ya autógrafos.
- El absurdo de los famosos sujetando un móvil ajeno para hacerse un selfie con sus fans..
- Pude ver la alfombra a vista de pájaro desde una terraza, y es aterradoramente larga.
- Según me explica una señora muy elegante con un pedo considerable, la mejor forma de posar sin parecer tensa o estúpida es pensar en la primera banalidad que se te ocurra (ella piensa en la lista de la compra).
19:47
La sala se empieza a llenar con los que ya han pasado la alfombra. Por fin me reúno mi querido nominado, que vuelve pletórico (una persona le ha reconocido y se ha hecho una foto con él). Algunos son felices con tan poco.
19:52
Las pantallas se apagan y unas jóvenes vestidas con alas blancas y luces en la cabeza invaden el salón y bailan entre la gente, acompañadas por un cambio de música. Son las hadas de La Caixa, te prometen un préstamo y te dan una póliza.
20:05
Mi nominado identifica un jamón ibérico al fondo de la sala, pero nos cortan el paso cuando intentamos acercarnos porque está reservado a directivos de La Caixa, ni siquiera nominados o clientes del banco pueden probarlo. Hasta en el lugar más exclusivo existe la diferencia de clases.
20:12
Salgo al baño y descubro que hay otra sala más exclusiva, patrocinada por una marca de tequila, mejor decorada, en la que hay gente con ropa más cara y más borracha.
20:50
Esto va camino de transformarse en una discomóvil, la gente está chisposa. Sacan más botellas de vino, cientos de ellas, sospecho que quieren emborrachar verdaderamente al público de la gala para hacerla más llevadera.
21:00
Anuncian que el auditorio ha abierto sus puertas y la gala comenzará en una hora. Absolutamente nadie se mueve, pero el ambiente es de energía condensada y conversaciones en cámara rápida. Recuerda a los minutos previos a las campanadas de Nochevieja.
21:25
Órdenes confusas. Siguen circulando bandejas con vino mientras la megafonía insta a los asistentes a entrar a la gala. Nadie se mueve de la sala. Durante unos minutos se me olvida que aún tenemos una gala de tres horas por delante. La próxima vez que veáis los Goya, pensad en el tiempo que los participantes llevan despiertos y bebiendo.
21:50
Igual que en los aeropuertos, llaman repetidamente a entrar a los asistentes. Decidimos movernos. En el sorprendentemente largo camino al auditorio –resulta que está en un edificio diferente– descubrimos que hay medio millar de personas más en el edificio y otro pabellón con una pantalla gigante y sillas de colores, llamada fanzone, en la que otro grupo de gente verá la gala.
Embudo en las puertas 2, 4 y 6. Overbooking en los baños: mucho vino que miccionar y muchas horas por delante. Hay que tener en cuenta que es tremendamente complicado salir del auditorio durante la gala debido a la realización televisiva, directamente imposible para los que ocupan las primeras filas, que deben enfrentar sus vejigas a una prueba de fuego.
21:55
Nos sentamos en la fila 11. Hay cámaras dispuestas entre el público, colgando de cables automáticos y operadas a mano. Con sus lentes telescópicas parecen francotiradores dispuestos a fusilar a cualquiera que pretenda abandonar la sala o exceda el tiempo del discurso.
En la pantalla comienza una cuenta atrás. No me extrañaría que al terminar ocurriera algo al estilo del desenlace de Sirat, teniendo en cuenta el desarrollo del evento hasta ahora.
22:00
La gala empieza con un número musical confuso. La intensidad del aplauso es de un 9 sobre 10 (9/10). Utilizaré esta medida poco precisa como indicativo del entusiasmo a lo largo de las horas. Podemos distinguir además entre tres tipos de aplausos: aplauso emocional, aplauso institucional y aplauso por compromiso.
De momento, los ánimos están a tope, fruto de la impaciencia, el alcohol y, quizá, algo de verdadera emoción. No hay que olvidar que esto es un programa de televisión, lo que significa que el espectáculo para los que estamos en el auditorio se reduce a un escenario del que sube y baja gente continuamente, y pantallas en las que aparecen planos cortos de seres humanos.
Este año, anuncian los presentadores, para fomentar discursos más breves, la Academia ofrece un premio al discurso más corto: un reloj de lujo. Es paradójico que premien la prisa teniendo en cuenta que llevamos una eternidad aquí, pero se agradece la propuesta. En casa lo notarán.
22:15
La gala mantiene un ritmo frenético nunca visto, se entregan los primeros premios. Discursos breves y en varias lenguas cooficiales. Aplauso emocional de 8/10.
22:18
En casa no lo verán, pero unas filas más adelante de nosotros hay un hombre con camisa blanca, corbata de pokemons y cresta canosa que aplaude, levanta los brazos y hace prácticamente todos los gestos que existen con las manos (groseros o animosos). Se comenta que podría estar bajo los efectos de algo.
No deja de mirar a su alrededor y pasarse las manos por la cabeza, preocupado por si el fénix púrpura y la langosta en llamas que presentan la gala devoran a los premiados y los arrojan al mar de metales geométricos. Es un auténtico espectáculo que, por momentos, acapara todo el protagonismo. Con discursos especialmente empáticos o políticos se levanta de la silla, aplaude y extiende los brazos como quien celebra un golazo. Como diría un amigo: va como un banderillero en Oslo.
22:37
El aplauso más fuerte hasta el momento, un emocional de 10/10, se lo lleva el Mejor Actor Revelación. Algunos discursos que critican a Estados Unidos o al nuevo enemigo común del sector, la IA, también se llevan las puntuaciones más altas.
22:40
Permitidme señalar un ligero provincianismo alrededor de la entrega del Goya Internacional a Susan Sarandon. Todo el público se pone en pie y le dedica un aplauso, el más largo de la gala, que parece agradecer que una estrella de Hollywood se tome la molestia de venir hasta aquí para decirnos que somos gente apasionada, artística y que cocina bien. Nada que no señalara Bienvenido Mr. Marshall hace más de setenta años. Aún así, resulta un discurso bastante sólido y emocionado. Se esperaba algo del estilo, teniendo en cuenta la que tienen liada en Estados Unidos.
22:51
Durante la preparación del número musical que homenajea a Lole y Manuel, la gente escapa en masa a mear. Muchos ya no volverán. Una pena, verdaderamente lo mejor de la gala.
23:27
A pesar de su empeño en conservar un ritmo frenético, el espectáculo decae y el hartazgo se traduce en aplausos de compromiso de 6/10, 5/10 y hasta 4/10. El efecto del vino está empezando a desaparecer y la repetición del patrón vídeo-discurso-aplauso aumenta la sensación de marmotismo.
23:30
Durante el discurso de Gonzálo Suárez, Goya de Honor, mi mente disocia unos minutos y desarrollo un miedo irracional a perder la memoria. Por su parte, mi nominado empieza a ponerse nervioso, se acerca el momento de su categoría.
23:38
Actuación de Ana Mena y La Casa Azul: esa urgencia de los Premios Goya por interpretar canciones muy conocidas de forma lenta para que parezcan más intensas.
23:42
A pesar de su brevedad y sentido del humor, con el discurso del presidente de la Academia, los ánimos caen hasta aplausos institucionales de 3/10 –sabemos por la escaleta publicada que aún quedan quince premios por entregar.
23:58
Llega el momento de entregar la categoría de mi nominado. Un cámara se acerca a nuestra fila para grabar nuestras reacciones, lo cual aumenta la tensión. Si lo que se pretende es la naturalidad frente a la cámara, este no es el mejor método.
Perdemos el Goya. Mi madre me escribe por WhatsApp y me manda una foto en la que salimos fríos como piedras, dice que ha quedado muy clara nuestra decepción.
00:03
Ya es marzo. Aprovechamos la primera ocasión para abandonar el auditorio y recuperar el nivel de alcohol en sangre antes de que sea demasiado tarde. Esta vez sí que accedemos a la sala exclusiva, en la que encontramos a todos los ganadores y entregadores de premios, siguiendo la gala con ligero interés a través de una pantalla y con un equipo de ocho cocteleros a su disposición. Todas las bebidas son a base de tequila. “Fasten your seatbelts, it’s gonna be a bumping night”, como decía Bette Davis en Eva al desnudo.
Durante la siguiente hora puedo asegurar que recuperamos e incluso doblamos nuestro nivel previo de alcohol, no por deporte sino por imitación; uno debe adaptarse al entorno para sobrevivir. No sería absurdo apuntar que estos galardones utilizan el alcohol como elemento de cohesión social. Me pregunto qué habría sido de los Goya durante la Ley Seca.
En una salida al baño me cruzo con el loco lisérgico del público, que me ofrece una especie de perreo violento mientras me lavo las manos. Sin dejar de gritar repite “¡El Goya es de mi mujer, ha ganado el Goya! ¡Sí, j*d*r!”. Si su mujer no es producto de una alucinación de ácido, diría que estamos ante una muestra de verdadero amor.
1:40
Termina la Gran Fiesta del Cine Español y empieza lo que la gente piensa que es la Gran Fiesta del Cine Español. Igual que en las macrofiestas de graduación, todos los grupos (ganadores, perdedores, acompañantes, entregadores, músicos y qué se yo) se unen en un pabellón gigantesco, dividido en dos espacios:
El primero, completamente iluminado, en el que señoras cansadas utilizan las sillas de la antigua fanzone para formar grupitos de conversación.
El segundo, prácticamente a oscuras, con un escenario de discomóvil, por el que van desfilando DJs que pinchan música de consenso (Sweet Caroline, “house de padre”, Italodisco…), dos barras libres que no dan abasto para la turba insaciable de gente que busca una recompensa a la paliza vivida en las últimas tres horas (o los últimos tres meses, en el peor de los casos), y un elemento muy desconcertante: larguísimas mesas llenas de comida caliente.
Horas después del hummus y las gyozas, se ofrece en las típicas bandejas cubiertas de acero una selección de guisos que sólo los más osados se atreven a probar. El aire es una mezcla de humedad concentrada, olor a suquet de calamar y a solomillo con ceps. Los que hayan veraneado en Salou sabrán de lo que hablo.
Si realmente quieres saber cómo es la gran fiesta del cine español, ve en agosto a la verbena de tu pueblo, cambia los pantalones cortos por trajes alquilados y te aseguro que se parece muchísimo.
Mi amigo nominado y gran parte del equipo de la producción han olvidado la derrota y se consagran al hedonismo. Algunos están cerca de olvidar su propio nombre, y perder la estatuilla del Goya poco después de ganarlo se convierte en una posibilidad real. Sin ninguna duda, la auténtica fiesta es la de los perdedores, unidos en mala leche contra los ganadores y, obviamente, superiores en número.
Todos aquí sabemos que paralelamente se organizan otras fiestas más exclusivas en la ciudad, a las que se accede si tienes verdaderos contactos o una fama incontestable. Sin embargo, en nuestra defensa de un relato plural y por carecer de una invitación, nos decantamos por la fiesta más democrática.
Aunque los Premios Goya son algo realmente exclusivo y reservado al sector, con una inversión económica descomunal y, hay que reconocerlo, un trabajo que ha puesto la gala a la altura de cualquier evento de este tipo a nivel mundial, el absurdo y la incoherencia siempre se derraman entre las grietas de la realidad y sustrato está ahí para contarlo. Qué sería de España sin sus contrastes. Viva el cine y enhorabuena, especialmente, a los perdedores.
Edu Hirschfeld, 1 de marzo de 2026.
Lista oficial de perdedores de los Premios Goya 2026
Mejor película
'La cena'
'Maspalomas'
'Sirât'
'Sorda'
Mejor director
Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga ('Maspalomas')
Carla Simón ('Romería')
Oliver Laxe ('Sirât')
Albert Serra ('Tardes de soledad')
Mejor actriz protagonista
Ángela Cervantes ('La furia')
Antonia Zegers ('Los Tortuga')
Nora Navas ('Mi amiga Eva')
Susana Abaitua ('Un fantasma en la batalla')
Mejor actor protagonista
Alberto San Juan ('La cena')
Miguel Garcés ('Los domingos')
Mario Casas ('Muy lejos')
Manolo Solo ('Una quinta portuguesa')
Mejor actriz de reparto
Elvira Mínguez ('La cena')
Miryam Gallego ('Romería')
Elena Irureta ('Sorda')
María de Medeiros ('Una quinta portuguesa')
Mejor actor de reparto
Miguel Rellán ('El cautivo')
Juan Minujín ('Los domingos')
Kandido Uranga ('Maspalomas')
Tamar Novas ('Rondallas')
Mejor actriz revelación
Nora Hernández ('La cena')
Blanca Soroa ('Los domingos')
Elvira Lara ('Los tortuga')
Llúcia García ('Romería')
Mejor actor revelación
Julio Peña ('El cautivo')
Hugo Welzel ('Enemigos')
Jan Monter Palau ('Estrany Riu')
Mitch ('Romería')
Mejor dirección novel
Ion de Sosa ('Balearic')
Jaume Claret Muxart ('Estrany riu')
Gemma Blaco ('La furia')
Gerard Oms ('Muy lejos')
Mejor guion original
Jose Mari Goenaga ('Maspalomas')
Oliver Laxe y Santiago Fillo ('Sirât')
Agustín Díaz Yanes ('Un fantasma en la batalla')
Avelina Prat ('Una quinta portuguesa')
Mejor guion adaptado
Guillermo Galoe y Víctor Alonso-Berbel ('Ciudad sin sueño')
Celia Rico Clavellino ('La buena letra')
Carla Simón ('Romería')
Eva Libertad ('Sorda')
Mejor dirección de fotografía
Rui Poças ('Ciudad sin sueño')
Bet Rourich ('Los domingos')
Pau Esteve Birba ('Los tigres')
Javier Agirre Erauso ('Maspalomas')
Mejor montaje
Victoria Lammers ('Ciudad sin sueño')
Andres Gil ('Los domingos')
Jose M. G. Moyano ('Los tigres')
Bernat Vilaplana ('Un fantasma en la batalla')
Mejor canción original
'La Arepera' de Paloma Pefiarrubia Ruiz ('Caigan las rosas blancas')
'Hasta que me quede sin voz' de Leiva ('Hasta que me quede sin voz')
'Y mientras tanto, canto' de Víctor Manuel ('La cena')
'Caminar el tiempo' de Blanca Paloma Ramos, Jose Pablo Polo y Luis lvars ('Parecido a un asesinato')
Mejor música original
Carla F. Benedicto ('El talento')
Ivan Palomares de la Encina ('Leo & Lou')
Julio de la Rosa ('Los tigres')
Aranzazu Calleja ('Maspalomas')
Mejor dirección de producción
Antonello Novellino ('Ciudad sin sueño')
Sergio Díaz Bermejo ('El cautivo')
ltziar Garcia Zubiri ('Los domingos')
Begoña Munoz Corcuera ('Los tigres')
Mejor dirección artística
Juan Pedro de Gaspar ('El cautivo')
Koldo Valles ('La cena')
Pepe Dominguez del Olmo ('Los tigres')
Mikel Serrano ('Maspalomas')
Mejor sonido
Aitor Berenguer, Gabriel Gutierrez y Candela Palencia ('El cautivo')
Andrea Saenz Pereiro y Mayte Cabrera ('Los domingos')
Daniel de Zayas, Gabriel Gutierrez y Candela Palencia ('Los Tigres')
Urko Garai, Enrique G. Bermejo y Alejandro Castillo ('Sorda')
Mejor maquillaje y peluquería
Patricia Lopez, Paco Rodriguez H. y Nacho Díaz ('Gaua')
Sarai Rodriguez, David Moreno y Oscar del Monte ('La tregua')
Karmele Soler y Sergio Perez Berbel ('Maspalomas')
Zaira Eva Aden ('Sirât')
Mejores efectos especiales
Cesar Moreno, Ana Rubio y Juanma Nogales ('Enemigos')
Jon Serrano, Mariano Garcia Marty, David Heras y lnaki Gil «Ketxu» ('Gaua')
Pep Claret y Benjamin Ageorges ('Sirât')
Jon Serrano, Mariano Garcia Marty y Laura Pedro ('Un fantasma en la batalla')
Mejor diseño de vestuario
Nicoletta Taranta ('El cautivo')
Nerea Torrijos ('Gaua')
Ana Martínez Fesser ('Los domingos')
Anna Aguilà ('Romería')
Mejor película europea
'Cónclave' (Reino Unido)
'La chica de la aguja' (Dinamarca)
'On Falling' (Portugal)
'Un simple accidente' (Francia)
Mejor película iberoamericana
'La misteriosa mirada del flamenco' (Chile)
'La piel del agua' (Costa Rica)
'Manas' (Brasil)
'Un poeta' (Colombia)
Mejor película documental
'Todos somos Gaza'
'Eloy de la Iglesia'
'Adicto al cine'
'Flores para Antonio'
'The Sleeper. El Caravaggio perdido'
Mejor película de animación
'Bella'
'El tesoro de Barracuda'
'Norbert'
'Olivia y el terremoto invisible'
Mejor cortometraje de animación
'Buffet Paraíso'
'Carmela'
'El corto de Rubén'
'El estado del Alma'
Mejor cortometraje documental
'Disonancia'
'La conversación que nunca tuvimos'
'The painter's room'
'Zona Wao'
Mejor cortometraje de ficción
'De sucre'
'El cuento de una noche de verano'
'Sexo a los 70'
'Una cabeza en la pared'
Además, la 40 edición de los Premios Goya ha otorgado el Goya Internacional a Susan Sarandon y el Goya de Honor al cineasta, escritor y periodista Gonzalo Suárez por su trayectoria «sorprendente» y «pionera» que abarca cine, literatura y periodismo.
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