Música

Papá Levante

Ojalá pudiéramos volver a esa forma de hacer música, desde la despreocupación, los bailes, las letras tontas y dramáticas.

30 de septiembre 2026 · 1 comentario


Un jueves a las 9:30 de la noche de un septiembre deprimente y frenético, al día siguiente de uno de los puntos de inflexión de la crisis de la vivienda española tras el desahucio de Maricarmen, aparecen Papá Levante sobre el escenario de la sala BUT. De espaldas, con outfits conjuntados –cada una con un escote diferente– y sombrero de panamá arrancan con “comunicando”, el primer tema de su segundo disco Sopla Levante (2003) –una canción que refleja bien el pop hip-hopero de principios de los 2000 del aire de las Ketchup–, bailando y haciendo gestos de teléfono con la mano.

Para quienes puedan reconocer sus canciones pero no el nombre, Papá Levante es un grupo musical de flamenco-pop formado en el año 2000 por seis chicas (algunas en su momento menores de edad) de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz: Gala Évora (la “líder”) Irene y Sandra Blanco, Pao González, María Rodríguez y Sonia Gálvez. Sacaron tres álbumes de estudio y se disolvieron en 2006, aunque en la Navidad de 2025 anunciaron su regreso a los escenarios en la televisión andaluza en Canal Sur. La formación actual está compuesta por las hermanas Blanco, junto a Pao González y Gala Évora. 

En una entrevista con 40 Magazine en junio de 2001, las chicas defendían que el nombre del grupo hacía referencia al viento que sopla en su tierra “En Sanlúcar de Barrameda hay un barrio con ese nombre, Papa Levante. Dicen que ese vendaval del litoral gaditano vuelve loco al más pausado; ellas lo hacen frente al tópico y reconocen que sí, que están locas, pero por la música, y que ese viento infernal les pone “de juega”.

Cierto es el mito de que el viento del levante vuelve loco a cualquiera. Sin embargo, una búsqueda en internet revela que no parece existir un barrio en Sanlúcar que se llame así, y que, aunque precisamente el nombre de la ciudad podría proceder del árabe shaluqa (شلوقة) –palabra árabe para el viento de Levante– Sanlúcar es uno de los lugares de Cádiz en el que el viento sopla con menos intensidad.

Las ficciones que pudieran construir quienes manejaban la banda no sorprenden si tenemos en cuenta la herencia de los modelos de otras girlbands fuera de la península, como Destiny's Child en EEUU o las Spice Girls en Reino Unido. En el caso de Papa Levante, era el padre de Gala, el compositor José Miguel Évora, quien escribía las canciones inspirándose en las conversaciones que las chicas mantenían en la oficina de Sanlúcar donde se reunían. Que un hombre adulto sea el autor de canciones dirigidas a chicas jóvenes no es algo inusual, ya que lleva décadas siendo una realidad en gran parte de proyectos de la industria musical orientados a un público femenino joven, siendo el caso más claro boy bands como One Direction.

Aunque descubrí estos datos después del concierto, esto no cambia la euforia sentida el pasado jueves. Las canciones de Papá Levante se pueden percibir como superficiales, bobas y simples, pero la energía de las cuatro sobre el escenario junto con la intensidad con la que el público les replicaba las canciones fue capaz de generar un ambiente cargado de emoción. No sólo por la sorpresa de las cantantes al apreciar los gritos del público –dándose cuenta de que actualmente existe gente joven que conecta con su música–, sino precisamente en la posibilidad de que quienes estuvimos ahí sentimos una hora de un espacio seguro, divertido, un poco tontorrón, que nos pudo hacer reír ante el panorama político desolador de fuera de la sala.

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Al salir una amiga comentaba que ojalá pudiéramos volver a esa forma de hacer música, desde la despreocupación, los bailes, las letras tontas y dramáticas (“y no me llames niña que mas niño eres tu / y suéltame del brazo que me haces daño”), en el que la música pueda ser un juego.

De ahí esa forma de hacer canciones en los años 2000 que se regía en algunos casos por el inventarse palabras, como el caso mítico del “Aserejé” de las Ketchup. En Papa Levante el léxico proviene de referencias andaluzas; “Tomalacaté”, corresponde a un antiguo juego de saltar la comba ("Que una, que dos y tres, ¡que tomalacaté!"), “Ya habibi” es una expresión en árabe (يا حبيبي) que significa "mi amor", "mi querido" o "mi estimado", “Jacaranda” es un árbol ornamental muy emblemático de Andalucía… etc.

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Claramente la fórmula funcionó en su momento a la perfección. Dice una noticia de El País con motivo de su segundo disco: “Su popularidad es tan fuerte que ha habido alguna embarazada que les ha pedido que le toquen la barriga, y una mujer de 85 años les dijo, después de verlas cantar, en una de las 72 galas que han realizado por toda España, que había sido el mejor concierto de su vida.” 

Lo absurdo del evento me hizo pensar en la exposición de Esperpento: Arte popular y revolución estética del Reina Sofía celebrada desde finales de 2024. El concepto de esperpento fue formulado por el escritor Ramón María del Valle-Inclán como herramienta de cuestionamiento crítico a la España del primer tercio del siglo XX, donde la realidad se altera como el reflejo de un espejo deformado para representar la desesperación de la sociedad del momento. 

Y aunque es verdad que ninguna de las canciones de Papá levante contiene un mensaje político implícito –y las palabras de Gala que mencionan las protestas y lo violento del caso de Maricarmen no resultan suficientes a la hora de pensar en una acción política real– estaba claro que gran parte de las personas que se encontraban en la sala habían acudido el día anterior a la manifestación y acabarían acampando en Sol el sábado. 

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Llevo esta mañana pensando en el artículo de Javi y en cómo precisamente el concierto de Papa Levante es un ejemplo de esa evasión de la que habla. Es verdad que la cultura ha funcionado y funciona como un mecanismo de alienación –precisamente un producto de industria musical como Papa Levante sería un ejemplo perfecto–, pero creo igualmente que en estos espacios también hay un poder emancipador en la relación que se genera, en los gritos de apoyo cuando Gala menciona el nombre de Maricarmen, en las conversaciones sobre el tema que ocurren antes y después… “El esperpento es la imposibilidad de dejar de ser un muñeco” dice Santiago Alba en un texto del catálogo de la exposición. 

Lo ocurrido en el concierto también me hace pensar en las escenas culturales LGBTQ+ que surgieron en los años setenta en Nueva York. En quienes estuvieron en Stonewall de la mano de Marsha P. Johnson que asimismo ocupaban las ballrooms que se organizaban en Brooklyn, quienes disfrutaban en comunidad y compartían espacios artísticos donde sentían que podían continuar desarrollando su identidad. 

Entiendo la necesidad de la violencia y de un despertar colectivo a la hora de pensar en la acción política y agencia, pero no por ello se debe descontar el arte como una herramienta de expresión que no tiene por qué relacionarse estrictamente desde el odio. El concierto de Papa Levante quizás no me lleve a querer quemar un contenedor en Tribunal, pero ante la tristeza y rabia que podamos sentir en relación a todo lo ocurrido recientemente, la sensación de comunidad que surge en ese espacio –libre por cierto de casi ningún hombre cis-hetero– sí me da la energía para continuar.

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