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Por aquí todo bien, menos yo
Sigo buscando las huellas del rastro que dejaste en una ciudad en la que hasta los campanarios preguntan por ti.
7 de agosto 2026
Que la noche es oscura y que te echo de menos son dos obviedades como dos camiones de grande. Recordarte a veces es como caminar descalzo por el fuego. Duele, pero uno se acostumbra porque sabe que en algún momento dejarán de quemarle los pies. Aunque a veces sea hasta satisfactorio.
Volver a esos días es complicarme la vida. Y sigo intentando que no pase. A veces no quiero recordarte porque revivir el roce de tus dedos con los míos es una forma bonita de jugar al ahorcado sabiendo que siempre pierdo.
Aún recuerdo tu silueta desapareciendo por aquella esquina de la calle de la que nunca debí irme. Esa cuyo código postal llevaba tu nombre, también el mío y, a veces, el nuestro. Fui incapaz de salir corriendo y pedirte que no te fueses entre tanta gente. Fui un cobarde, pero claro, ni yo soy Bill Murray ni Scarlett Johansson está a tu altura.
Por un momento pensé que alguien gritaría "corten". Que podríamos repetir la secuencia de la película que tenía montada en mi cabeza, como quien vuelve a echar el anzuelo en la misma roca o juega una bola provisional. Pero no, la vida no va así. No puedes volver a tirar los dados como si de un tablero se tratara, como si todo esto fuese un juego –que en parte lo es–.
A veces, cuando hago planes más bien normales, me pregunto hasta qué punto se elevarían si los hiciese contigo. Yo qué sé. Mancharme comiendo fuera o ir al cine. Ganarle el pulso a ese "ya iré mañana" que siempre resuena en mi cabeza cada vez que hay una exposición en la ciudad. Darle de comer a los patos o pasarles un balón extraviado a los niños en la plazoleta mientras paseo por la calle. Porque sí, soy el rey de la procrastinación, pero también de los recuerdos. Incluso de aquellos que nunca llegaron a existir.
Por aquí todo sigue bien menos yo, que sigo buscando las huellas del rastro que dejaste en una ciudad en la que hasta los campanarios preguntan por ti. Dicen que ya no doblan las campanas. Que pa’ qué, si ya no estás por aquí.
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