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Porno inmobilario
Madrid ya se me ha quedado pequeña con mis doce casas imaginarias en Idealista, así que he tenido que mudarme a Roma y crearme cuenta en inmobiliare.it,
28 de julio 2025
Madrid ya se me ha quedado pequeña con mis doce casas imaginarias en Idealista, así que he tenido que mudarme a Roma y crearme cuenta en inmobiliare.it,
Ni los hijos ni la música ni el sexo ni el fútbol ni las drogas. Lo que da sentido a la vida es buscar pisos por encima de tus posibilidades en idealista. Porno inmobiliario lo llaman. La afición, o vicio, porque hay que ver los índices de adicción que genera, requiere del uso de cuantos más filtros absurdos y extravagantes mejor. En mi caso, mínimo 5.000 euros al mes de alquiler, todo por debajo de eso me parece una ordinariez. Piscina privada, faltaría más. ¿Ubicación? En Chamberí cada vez hay más turistas. Salamanca para los mexicanos. Y en esas estamos, que ya sólo busco áticos de más de 200 metros cuadrados mirando al Retiro o en Pintor Rosales, que tiene la luz más bonita de Madrid. Áticos que llenar con plantas y muebles caros y niños rubísimos. Para ser honestos, Madrid ya se me ha quedado pequeña con mis doce casas imaginarias, así que he tenido que mudarme a Roma y crearme cuenta en inmobiliare.it, el idealista de Italia. Y me visualizo ahí mismito, en el piso de Jep Gambardella, mismamente, con el Coliseo de fondo y el neón de Martini dándome los buenos días y las buenas noches. También me las da Emmanuele, el refinadísimo interno que tengo. Cómo es este Emmanuelle, qué cosas tiene a veces. Tendrías que conocerlo. El porno inmobiliario es así, tiene esta deriva inevitable con la que hay que lidiar; la elección de la casa implica, irremediablemente, visualizar el tipo de progenie con el que poblar tan amplio salón. Si, pongamos, mi hipotético hogar consta de cinco dormitorios —pocos me parecen, pero tampoco es plan de resultar soberbio—, convendremos que mínimo tendremos que tener tres hijos, concibiendo una habitación como estudio, que yo siempre he sido un caprichoso y me ha gustado leer y escribir en una dependencia ajena al ritmo natural del día a día. Tiene un poco de paja triste esto del porno inmobiliario. La paja cuando te dejan. Tampoco te apetece mucho pero bueno, ya que estamos. Porque nunca va a ocurrir. Porque es porno y en el porno ya sabemos que nunca te vas a follar a una enfermera con las tetas a la altura de las clavículas. Esto es una fantasía. Y puestos a fantasear, porque la realidad nos dice que nunca tendremos una casa en Madrid a no ser que la heredemos, porque somos pobres aunque tengamos trabajo, puestos a fantasear, hagámoslo a lo grande. Y yo fantaseo que tengo una casa, qué digo casa, casoplón, en Praga. En el barrio de Malá Strana, concretamente. Y otra en Recoleta, en Buenos Aires. Y un chalé a orillas del lago Como. Un día os venís y montamos una fiesta de disfraces. Y que no me venga ahora ningún hippie, ya lo advierto, que no me venga ningún hippie a darme la tabarra con los riesgos de la propiedad privada ni con el egoísmo de los excesos. Que todo esto no es más que fantasía. Ficciones. Es un sueño, como si me follo a mi madre en mis sueños. No, no va a pasar cuando me despierte. no sucede. Además, mis casas no las quiero para alquilar ni para lucrarme ni para practicar el cada vez más extendido arte de la usura. Yo las quiero para mí. Tenerlas por el gusto de tenerlas, saber que están ahí, que son mías, no las quiero compartir con nadie. Poseer, el acto de la posesión en sí, es una pulsión muy humana. Este fin de semana lo paso en Coruña y el siguiente en Berlín. Un pisito en cada puerto. Y así, cuando me canse de Madrid, me iré unos días a Barcelona, o a San Sebastián o a Lanzarote. Tener casas. Mías, para mí y solamente para mí. Esa es mi afición. Imaginar que tengo casas. Granada en primavera y otoño en Manhattan. Idealizar vidas que nunca tendré y nombres italianos de niñas.
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