__MESSAGE__
Quiero ser un escritor latinoamericano
¿Dónde se sentaba Mario?, preguntamos al camarero. Dónde está usted sentado. ¿Y qué se pedía? Lo que usted vaya a pedir.
17 de abril 2025
Aprovechar el fallecimiento de un personaje célebre para contar una historia personal resulta ridículo y egocéntrico, pero cómo no hacerlo si eso es a lo que dedicamos la mayor parte de nuestras conversaciones: a contarnos a través de los otros.
Arequipa
La última vez que vi a Mario Vargas Llosa fue en forma de holograma en su casa natal en Arequipa. Aterrizamos en la ciudad un 27 de marzo a las diez de la mañana. Volamos desde Cusco en una mañana soleada que nos permitió ver los volcanes de la ciudad desde el taxi que nos llevó del aeropuerto al centro.
Arequipa es una mezcla entre Salamanca y un manga japonés: es una ciudad señorial con un fondo de volcanes nevados. “Bienvenido a la Ciudad Blanca” dice un cartel a la salida del aeropuerto y según a quién preguntáramos la historia cambiaba. Algunos asociaban el apodo al color de la piedra de sillar volcánico con la que construyen los edificios. Otros aseguraban que antaño los edificios estaban pintados de colores, y que en realidad el apodo se debe a los blancos españoles que fundaron la ciudad. Si me preguntan, yo cuento que es por el pelo cano de Vargas Llosa.
Después de dejar el equipaje en el hotel y de cruzar el casco histórico para llegar a la Casa Natal de Mario Vargas Llosa, nos encontramos con una edificio señorial antiguo que sobrevive como un oasis entre talleres mecánicos y el tráfico de Arequipa. Mientras mirábamos la hacienda desde la verja, un guardia se acercó y nos pidió que volviéramos más tarde, a la una y media. Aprovechamos el rato para pasear por la ciudad, entramos en la Biblioteca Mario Vargas Llosa, en el claustro de algunas universidades, y nos sentamos a tomar una cerveza en el pasaje de la catedral. Cuando regresamos, nos recibió la caricatura perfecta de una mujer de recepción. Llevaba unas gafas de pasta negra con correas como las de la recepcionista de Monstruos S.A. y fumaba Pall Mall mentolados. Con su voz ronca —que sonaba a años de Pall Mall— nos contó que durante la visita veríamos a Mario en forma de holograma, y hablaba sobre él con una familiaridad genuina. El guía no estaba disponible por lo que el recorrido nos lo podría hacer un trabajador al que ella llamaba “el ingeniero”. El ingeniero era un hombre enjuto con la raya en medio, gafas, un jersey de pico verde y pantalones de pinzas. Junto a él recorrimos las estancias, y en cada una de ellas nos daba una corta explicación, ponía un vídeo y se ofrecía a tomarnos fotos. Repasamos la vida de Mario, desde Los jefes hasta Le dedico mi silencio, pasando por La Casa Verde, por La tía Julia y el escribidor, por La ciudad y los perros, por La guerra del fin del mundo. Desde Arequipa hasta Madrid, pasando Cochabamba, Piura, París, Londres, Barcelona y Miraflores. Entramos en la habitación donde nació. Nos mostró el manuscrito de La ciudad y los perros. Escuchamos su discurso del Nobel. Antes de salir a la calle con el pecho incendiado de literatura y letras, la mujer de recepción nos paró y nos pidió un favor: mañana es el cumple Mario, cumple 89, recuerden felicitarle. Y nos dimos media vuelta para felicitar al holograma de Mario.
Lima
Unos días después montábamos en bicicleta por el malecón de Lima. Pedaleábamos entre Miraflores y Barranco, entre Barranco y Miraflores. Bajamos al mar a bañarnos, a surfear junto a la rosa náutica. En esos paseos en bicicleta, nos deteníamos cada cien metros e imaginábamos una casa con terraza mirando al Pacífico; quizás desde una de esas terrazas Mario nos observaba y soñaba con recuperar nuestra juventud mientras nosotros soñábamos con un futuro parecido al suyo.
Barcelona
Anoche llegamos a Barcelona y hoy nos levantamos con la noticia de la muerte de Mario. En esta ciudad pasó los años más importantes de su carrera como escritor. Paseamos por la ciudad, visitamos la Central, Finestres, Altair; todo son estanterías con sus libros. Paramos a comer y nos sentamos en el Flash Flash. ¿Dónde se sentaba Mario?, preguntamos al camarero. Dónde está usted sentado. ¿Y qué se pedía? Lo que usted vaya a pedir.
Madrid
La primera vez que pensé que escribir podría ser algo divertido fue leyendo La tía Julia y el escribidor en una edición mugrienta de Círculo de Lectores. Descubrí que se podían cruzar historias, inventar mitos y programas de radio; que se podían contar verdades pero también mentiras, y que las segundas muchas veces son más divertidas que las primeras. De vuelta a Madrid con un libro entre las manos que ya no me interesa, solo pienso en llegar a casa y recuperar esa edición cochambrosa: me apetece que me mientan un rato.
Decía Vargas Llosa en su discurso de ingreso en la Academia Francesa que de pequeño soñaba con ser un escritor francés, y Mario y su grupo de colegas consiguieron que ahora soñemos con ser un escritor latinoamericano.
¿Qué opinas?
Sin comentariosCarta a mi bigote
Por Javier Goez
Querido bigote: ¡ Recuerdo perfectamente la primera vez que nos conocimos. Fue un noviembre en Milán, ¿te acuerdas? Yo estaba de Erasmus, y lejos de casa —pensé— ¿a quién le va a molestar que me deje bigote?
Ferragosto en Nápoles
Por Javier Goez
Ahora que el Mediterráneo Moral ha pasado de moda y que he fantaseado durante horas con Nápoles después de ver Fue la Mano de Dios, Parthenope y el documental de Maradona de Asif Kapadia, es el momento de viajar a la ciudad.
101 lecturas exageradas del Mundial 2026
Por Javier Goez
El autor de este texto no se responsabiliza de las sentencias recogidas; se limita a transcribir las lecturas sobre el Mundial 2026 escuchadas y leídas en las últimas semanas.
Tª
Por Jorge Burón
Yo no sé mucha teoría, pero si tuviera que decir una, diría: una política de la frase. Creo que la tarea de la literatura o de la escritura, como forma estética, emocional, comunicativa y de pensamiento podría consistir en forzar las posibilidades del lenguaje humano hacia otras formas, ya que con otras formas quizá podamos decir nuevas cosas
Entrevista a Mariano Peyrou
Por Alejandra Arroyo
He quedado con Mariano Peyrou en el Hotel Sardinero. Tengo muchas ganas de charlar con él después de haber disfrutado de algunos de sus libros: Yo soy la naturaleza, Lo de dentro fuera o Diciembres iniciales, pero muy especialmente de los dos libros que ha publicado este año: el poemario Flecha de nosotros y la poética Ser uno, ambos en Pre-textos. Es tan estimulante leer al Mariano Peyrou poeta o narrador como al ensayista.
El placer de matar la novela (otra vez)
Por Adriana Murad Konings
Podríamos pensar que calificar la premisa de un texto como «evidente», como, por ejemplo, el muy rimbombante «fin de la novela», convierte dicha defunción en un hecho.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Javier Goez
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES