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Arlt 2: Aguafuertes gallegas. La fundación de una identidad desde la otredad.

«Me siento gallego, pero gallego no en España, gallego en Buenos Aires, dependiente de almacén, peoncito de panadería»

30 de julio 2026


1- Roberto Arlt y las Aguafuertes, una política literaria


Roberto Arlt (1900, Buenos Aires - 1942, Buenos Aires), es un escritor argentino, novelista, cuentista, periodista y también dramaturgo en su última etapa literaria, habitualmente situado en la corriente del naturalismo y el expresionismo, conocido especialmente por sus novelas El juguete rabioso (1926) o Los siete locos (1929), pero que ganó gran popularidad en un primer momento por sus textos periodísticos a los que dio el nombre de Aguafuertes, en referencia a la técnica pictórica del estampado con ácido que llevaron a su máxima expresión artistas como Durero o Goya, también muy populares en el expresionismo alemán, en los que se captaba la esencia de una escena concreta, habitualmente de la vida cotidiana.

Contemporáneo de Jorge Luis Borges y editor de la primera novela de Juan Carlos Onetti, El pozo (1939), es conocido como el escritor arrabalero, de los bajos fondos y uno de los primeros y principales reivindicadores del lunfardo en el lenguaje literario. Entendido en su tiempo como escritor popular y de poco valor literario, criticado por su ortografía y cultura deficientes, desde la relectura de Ricardo Piglia, que propone una reinterpretación desde su identidad con Borges en vez de su oposición, ha sido revalorizado y estudiado como uno de los grandes escritores rioplatenses del siglo XX. Julio Cortázar o Roberto Bolaño también lo reivindicaron como maestro.

Desde esta posición de escritor atento a la realidad social y especialmente la más desfavorecida, Arlt utiliza la forma del aguafuerte para captar la realidad fragmentaria a base de golpes de vista, primero de la ciudad de Buenos Aires y especialmente la que correspondía a las clases bajas, y después aplicada a la representación y crónica de sus viajes por España, el norte de África o Brasil. Estos textos, publicados diariamente en el diario El Mundo o la revista Proa entre otras publicaciones, eran piezas breves, muy populares y de gran intensidad visual. En ellas desarrollará su técnica expresionista, lenguaje directo y la atención a determinados espacios sociales marginados de su ciudad natal, que después aplicará en su novelística. Como dice el crítico literario David Viñas, gran estudioso de Roberto Arlt y compilador y prologuista de sus obras completas, “la marginalidad vista por un mirón”1.

Las aguafuertes de viajes, de las que más adelante nos centraremos especialmente en las gallegas, le sirven también para conocer una realidad extranjera e incluso exótica para él en ocasiones, acercarse al aire local desde la perspectiva del estampista o el investigador social, más que desde el mero turista que recorre superficialmente espacios desconocidos. Arlt aprende a mirar el fondo de estos lugares, teniendo también una repercusión en su obra ficcional, como por ejemplo en su narrativa breve, abriendo desde estas experiencias la puerta a una cuentística fantástica, que antes había recorrido solo puntualmente, desde las tradiciones, el folclore y el exotismo espiritual de estas regiones que le servirán después en los cuentos de la colección El criador de gorilas (1941) especialmente.

El viaje para Roberto Arlt, fundamentalmente en sus novelas y su teatro, implica un gesto de peculiar “hechicería” que le va sirviendo para conjurar de manera imaginaria la rutina circular que aprisiona a sus personajes en una ciudad implacable. Son víctimas, ante todo, que sueñan con abandonar mágicamente conflictos insuperables o carencias mezquinas y abrumadoras. Y viajar supone así una salida inmediata desde un nivel “bajuno” en dirección a presuntos paraísos en una suerte de salto impregnado mediatamente por entonaciones que aluden a lo onírico o a la droga.2

De esta forma, la obra periodística concentrada en estas pequeñas piezas sirve como laboratorio narrativo y campo de entrenamiento de la mirada para el trabajo literario, pero también como ejercicio de concreción, la técnica del expresionismo y la exigencia de entrega diaria, de cumplimiento con la página comprometida y el trabajo desde un espacio cerrado y obligatorio que tanto impacto tiene en su forma de enfrentar la escritura. Una tarea propia más del obrero proletario que debe un servicio, que de la libertad acomodaticia del escritor burgués, que espera a la inspiración o el momento místico para plasmar su gran arte como dirigido por las musas.



2- Aguafuertes españolas, y no francesas


En el año 1935, y de nuevo en el 36’, ya como escritor consagrado con Los siete locos y muy popular en la ciudad de Buenos Aires por sus diarias Aguafuertes porteñas, el diario le envía a hacer un viaje por España y el norte de África para escribir crónicas sobre estos lugares exóticos para el lector bonaerense de la primera mitad del XX. Allí puede permitirse escribir con más tiempo y cuidado que en su ciudad las Aguafuertes Españolas y Africanas, ahondando en el espacio que recorre, más como un caminante viajero que como un turista comisario de prensa:

Las Aguafuertes españolas, cuyo movimiento de página al resultar mucho menos urgido y más distante lo acercan a Roberto Arlt a las tradicionales cartas de viaje; predomina una suerte de exotismo y un reciente, jubiloso descubrimiento.3

Este viaje lo realiza desde un posicionamiento claro y consciente de política de escritor en oposición a los escritores argentinos hegemónicos de su tiempo, pertenecientes a la generación justamente anterior a la suya, la del centenario, cuyo acercamiento a Europa ha sido desde una reverencia absoluta y un gusto por sentirse identificados con una clase alta parisina. “Así como el mediocre literario va a buscar sus motivos a orillas del Tíber o en los escombros del Foro, el prototipo del vago hijo de estancieros va a París”4. Escritores estancieros como dice Arlt, hijos de propietarios, que frecuentan las fiestas de la alta sociedad cultural y económica europea, buscando aún inscribirse en una tradición occidental, afrancesada, pero también hermanada aún de un castellano español castizo, que ya resulta arcaico y anacrónico para la realidad social de un país que tiene más que consolidado un lenguaje y realidad social propia, un voseo, un léxico y unos códigos particulares, pero que todavía no ha sido aceptado como herramienta de trabajo y expresión de su mundo, que desprecian y del que reniegan para desligarse de un supuesto primitivismo y barbarie, propias de un país, su país, que consideran subdesarrollado y poco intelectual. La forma de acercarse a Europa de Roberto Arlt es fundamentalmente contraria, como nos ilustra Sylvia Saítta:

Si los escritores de la élite escriben porque han viajado, Arlt viaja fundamentalmente para escribir mientras viaja; sus crónicas no son el resultado azaroso del tiempo disponible de quien busca hacer públicas unas percepciones de carácter privado: Arlt viaja porque su escritura es la condición de posibilidad de la existencia de su viaje, su único pasaporte de escritor asalariado”5

Arlt enfrenta esa visión y ese círculo literario que considera rancio y aburguesado, así como una renegación de lo propio, de la forma tradicional de ser “escritor argentino”, para, con su otra mirada de Europa, reivindicar también otra forma de ser argentino. Desde su atención a los campesinos y obreros desfavorecidos españoles, establecer una identidad y conexión con los desfavorecidos argentinos, que en muchos casos no son otra cosa que segunda o tercera generación de españoles que tuvieron que emigrar, precisamente por esta condición. David Viñas, en otra parte del prólogo a las Aguafuertes, nos hace notar que es este acercamiento al mundo de los trabajadores el ángulo desde el que mira nuestro escritor. “Roberto Arlt, cuando critica a sus compatriotas y colegas que solo ven la fachada de Europa, ya está proyectando su peculiar especialización en los que realmente trabajan, particularmente en España”, y continúa: “Él es ante todo “un turista que trabaja”6. Un corresponsal, por lo tanto, en lo más concreto, y no un viajero del ocio que además escribe de vez en cuando en sus “momentos muertos”. “Escribo para sentirme más vivo, escribo para ganarme la vida”7 dice de sí mismo el propio Arlt. Por eso tiene que andar, no le vale con contemplar alejado, aunque sus piernas sean de ciudad y no sepa cómo va a ser capaz de recorrer esas montañas.

Se adentra en el lugar, no lo observa como una postal, lo recorre, y a pesar del esfuerzo y la dificultad que encuentra, especialmente en Galicia y en sus montañas, de las que dice: “Yo pienso con amargura cómo me las arreglaré para caminar por aquí. Porque una cosa es mirar el Paisaje, y otra andarlo. Se necesitan para estas alturas piernas de acero. Y yo tengo piernas de hombre ciudad”8. Está al mismo tiempo reconociendo la dificultad y el esfuerzo que le requiere adentrarse y recorrer el territorio, a la vez que valorando y elogiando las piernas de acero de esta gente de campo de la que solo se comenta su rudeza y torpeza, y no la superioridad que demuestran en muchos aspectos, como este de caminar la montaña. Pero aun así se adentra, se encamina aun sabiendo que va a sufrir y le van a fallar las piernas, pues ha ido a por algo y no va a dejar de buscarlo. Ha ido a buscar una identidad.



3- El gallego, otra forma de ser argentino


Roberto Arlt encuentra en su viaje a Galicia algo muy particular, una forma diferente de ser argentino, una construcción desde el margen, donde se siente más cómodo e identificado. Allí escucha desde el primer momento el tono de su Argentina, la de los cantos populares y las voces del arrabal: “La música popular argentina ha penetrado tan profundamente aquí en Galicia, que en cualquier pueblo, a la hora de la siesta, escucharéis a la muchacha del hotel que lava los platos, canturrear un tango”9. Encuentra una marca tan fuerte de la identidad propia como es el tango, en la otredad, que es el gallego, figura antitética por la burla y el rechazo del argentino, tradicionalmente. Pero Arlt es capaz de ver lo propio en lo ajeno y definirse desde ahí, pensarse a uno mismo desde la otredad, ver Argentina desde Galicia, y ver Galicia de forma inversa a como se la suele ver desde su país.

Reformula el tópico del gallego, de clara carga peyorativa en Argentina, incluso hasta nuestros días, para convertirlo en un valor positivo, un modo de estar y de ser en su país que revaloriza desde su sacrificio, su trabajo y su otredad. Recorre las tierras del noroeste de la Península y conoce a la gente y la tierra de donde nace el chiste facilón de su ciudad, y lo hace, como nos dice Viñas, “tomando partido por “lo gallego”, a cada paso rescatado de las “torpes” evaluaciones de sus compatriotas “superficiales”, definidos por su presunta “superioridad” y por su “prepotencia”10. Prefiere atender a su carácter sólido, rocoso pero nostálgico, descubriendo y entendiendo incluso, gracias a su fino oído de cronista, la palabra “morriña” y el calado de su significado en el alma gallega. Este tipo de gestos mínimos que revelan una profunda verdad son el carácter magistral del Arlt periodista, observador e investigador de la realidad, consciente de que en la anécdota reside la verdad sociológica, y de que necesita registrar estas percepciones para después poder componer una imagen de conjunto. Como él mismo dice en “Apuntes marginales a Galicia”: “Anoto insistentemente estos detalles, porque la suma de ellos compone el semblante psicológico de la raza”11.

También muestra verdadera reverencia y admiración por una figura que será centrar en casi todo el recorrido de sus aguafuertes españolas, la de la mujer trabajadora española, en este caso gallega, confrontada a la superficial mujer bella y arreglada bonaerense, que no necesita mancharse las manos. Esta vocación por la figura del trabajador español, el campesino que se desgasta en la tierra y la trabaja nos la señala Viñas de nuevo como otro aspecto más encomiable del gallego sobre el argentino, y regalándole otro tanto para reafirmar su idea de lo gallego como superior en vez de como inferior:

Y si la apología de lo gallego por momentos se centra exclusivamente en el tema del trabajo (...), también le sirven para cuestionar reiteradamente los “juicios superficiales” de los argentinos frente a una comunidad desvalorizada por su supuesta “rusticidad”, su “estolidez” o “simpleza”. Es que los argentinos de la clase media son superficiales y rencorosos.12

Es tal el rechazo que tiene por la clase hegemónica literaria bonaerense, y el conflicto problemático con su propia identidad de argentino, como ese burlón afectado que se quiere sentir europeo a la francesa y desprecia lo gallego por su rudeza, que termina por construir, o mejor dicho reconstruir, producir diría él, su identidad desde ahí:

Si la identidad para los escritores de los Centenarios (los patriarcas burgueses que Arlt desprecia) era un dato como corroboración acogedora de herencias y convicciones, para Arlt, además de perplejidad o desdén, presuponía un drama, una exigencia cotidiana y una producción”.13

Esa producción la consigue desarrollar a partir del descubrimiento profundo de esa figura de la otredad tan tópica y estereotipada del gallego en argentina, que Arlt descubre en profundidad al llegar a su tierra y conocer su alma dura y melancólica, de la cual se enamora profundamente, y utiliza para pensarse como argentino de otra forma, ya que el gallego en argentina no deja de ser un otro argentino, una otra forma de ser argentino, la del emigrante, el trabajador, el desamparado, y tanto se encuentra el escritor en esa figuración marginal de lo argentino desde el gallego que termina diciendo con desgarradora honestidad y fuerza expresiva como le es característico: “Me siento gallego, pero gallego no en España, gallego en Buenos Aires, dependiente de almacén, peoncito de panadería”14, “A lo largo del Miño”, Roberto Arlt.


Madrid, 2021



1 R. Arlt, “Las Aguafuertes como autobiografismo y colección”, David Viñas en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 7.

2 R. Arlt, “Las Aguafuertes como autobiografismo y colección”, David Viñas en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 30.

3 R. Arlt, “Las Aguafuertes como autobiografismo y colección”, David Viñas en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 8.

4 R. Arlt, “Argentinos en Europa” en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 618.

5 S. Saítta, El escritor en el borde de ladrillos: Una biografía de Roberto Arlt, Buenos Aires, Sudamericana, 2000.

6 R. Arlt, “Las Aguafuertes como autobiografismo y colección”, David Viñas en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 31.

7 R. Arlt, “Las Aguafuertes como autobiografismo y colección”, David Viñas en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 31

8 R. Arlt, “A lo largo del Miño” en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 649.

9 R. Arlt, Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 22.

10 R. Arlt, “Apuntes marginales a Galicia” en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 653.

11 R. Arlt, “Apuntes marginales a Galicia” en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 654.

12 R. Arlt, Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 17.

13 R. Arlt, Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 24.

14 R. Arlt, “A lo largo del Miño” en Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998, p. 651.

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