Alrededor de 2015 y con una cámara digital en mano, me obsesioné con algunos fotógrafos estadounidenses como Peter Gohlke, Stephen Shore, Joel Sternfeld y sobre todo, William Eggleston. Todos ellos compartían un mirar, una sensibilidad especial hacia su entorno: rótulos inmensos, colores ultravibrantes, vegetación masiva... El humano pasaba a un segundo plano, ganando especial protagonismo el propio entorno y también los edificios. Representaciones muy naturales y costumbristas de los lugares por los que pasaban estas personas que a veces, se tornaban un tanto ensoñadoras.
Ese mismo año, me encuentro a través de un videojuego de xbox, con Twin Peaks y David Lynch por primera vez, muy poco apropiado primer encontronazo, pero así fue. Descubrí en su trabajo esos escenarios y realidades que representaban estos fotógrafos, eran reales, estaban ahí.
Mi mirar y parte de mi sentir, cambió para siempre después de esto.
Hoy hace un año de su muerte y todas estamos muy tristes así que, para recordarle, traigo una serie de antecedentes de David y su obra, para que os podáis enamorar de lo que él también se enamoraba y beber de lo que él bebía. Hay algunas referencias que podéis encontrar en otros lados, en cambio, otras pienso que son más subjetivas y no pretenden ajustarse a lo ocurrido, citando ‘Lost Highway’: me gusta recordar las cosas a mi manera, no necesariamente como han pasado.

/INDUSTRIAL
Aunque no tanto a través de su cine, David nos ha mostrado su pasión y conexión con la masa gris del hormigón y el acero colado, su pasión por las columnas de humo, las torres y postes eléctricos, los semáforos... Hasta la propia electricidad es relevante dentro de su obra.
Este gusto y apego hacia el embrutecimiento del paisaje, ocurrió ya décadas antes y en varios lugares. ‘New Topographics’ fue un reconocido proyecto fotográfico colectivo que retrató el ancho y largo estadounidense en los que los protagonistas eran edificios y entornos paisajísticos alterados por el humano (tal y como se subtitula en la propia obra). Aquí encontramos diversos fotógrafos, siendo probablemente los más icónicos el matrimonio Becher, quienes desde finales de los 50 se dedicaron a retratar silos, contenedores o torres de refrigeración entre otras alteraciones/aberraciones humanas en medio de parajes totalmente desolados. El fuerte contraste entre la naturaleza y lo salvaje siendo interrumpido por lo humano y artificial, cobra especial importancia en un estados unidos cada vez industrializado y deshumanizado, algo que claramente hace ecos dentro de las historias de los falsos idilios americanos de David: la perversión humana interrumpiendo el curso de la vida.
Exceptuando ‘Eraserhead’, donde lo industrial es explícito tanto visual como sonoramente, este componente forma parte de manera menos evidente aunque siempre presente en casi toda su filmografía. Es en su pintura, sus grabados y fotografía donde podemos ver su lado más oscuro y misántropo. Aparte de la temática, el carácter y el estilo de su pintura y de su trazo también se muestra muy sucio e intencionadamente torpe y grotesco.

/PRECISIONISMO
Tirando del hilo, de esta corriente fotográfica de mitad de los 60, encontramos esta casi fetichización de las fábricas también dentro la escuela de pintura precisionista de los años 20. Un pequeño movimiento muy americano que tomó prestada la influencia de los ismos europeos y la mezclo con un carácter marcadamente industrial. Los carteles publicitarios (evidentes en la obra de Ruscha), los rascacielos, la maquinaria son los protagonistas de nuevo. La ausencia de humanos vuelven los entornos un poco amenazantes, irreales, postizos. La idea de que el mal acecha en cualquier esquina y donde menos te los esperas, también es un idea muy lynchiana. David no necesita de la paciencia de esta pintura, más bien emplea técnicas mucho más sucias y rápidas como la litografía para representar sus escenas de pesadilla rodeadas de humo sucio y textos crípticos.

/SURREALISMO EUROPEO
La conexión con el nuevo realismo americano más folk de Grant Wood y el más urbanita de Edward Hopper resultan evidentes. Circulan por internet diversas comparativas y paralelismos entre Lynch y Hopper que saltan a la vista, no son pocos los frames-pinturas que se establecen entre estos dos, normal por otra parte. Francis Bacon también ha salido muchas veces en la conversación cuando se habla de pintores referentes citados.
Aunque la obra de David resulta tremendamente yankee en todos sus aspectos, las influencias europeas están también muy presentes, especialmente en la pintura de primera mitad de siglo: Delvaux, Magritte, de Chirico, Tanguy, Sage, Sironi... Escenas solitarias, vagas, introspectivas, nostálgicas. El ambiente enrarecido y místico forma parte de todas ellas, los rincones del cerebro, escenas y secuencias que aparecen y se desvanecen sin explicación.
Para mí destacan especialmente dos pintores: el canadiense Alex Colville y el francés Paul Delvaux. Os animo a investigar sus obras, veréis muchas referencias y escenas que guardan mucha relación con la obra de David más allá de Magritte. Al final, él no fue el primero al que se le ocurrió meter caballos brillantes en sitios extraños.

En literatura, la nouveau roman de los 50/60 se hizo eco de esta misma vaporosidad narrativa, el tiempo no transcurre, y los lugares parece que están en constante metamorfosis. La realidad y la imaginación se entrecruzan e intercambian las pelucas. Leer ‘El Amor’ o ‘La siesta de M. Adesmas’, de Marguerite Duras nos transporta totalmente a una atmósfera muy propia del cine de Lynch: personajes atormentados y perdidos, espacios vacíos, narrativas atípicas… Cuesta diferenciar lo que es producto de la imaginación y que es lo que realmente está ocurriendo, todo se vuelve tremendamente subjetivo.
La importancia de los sueños para David es algo bien sabido para todes, como fuente de inspiración, su moodboard son sus diarios de sueños. Lo anodino y aquello aparentemente normal, se puede volver grotesco y amenazador dentro del mundo de los sueños.
“...it’s a strange world isn’t it?”

/BORN IN THE USA
Los personajes, sus historias, sus entornos...Todo exhala americanismo. Las fotografías de los pioneros del color como Christenberry, Eggleston o Sternfeld podrían ser frames de películas nunca lanzadas de David.
Espacios urbanos totalmente huecos y vacíos, sin vida. El elemento pop dentro del cine de Lynch está muy presente al igual que lo estaba dentro de las pinturas de Ruscha, de hecho, el gusto por incorporar textos y mensajes dentro de las pinturas, es compartido entre ambos.
Estas imágenes nos hablan del sueño americano, o más bien de las ruinas que quedan de él. Muchas veces los protagonistas de Lynch pertenecen a una américa profunda que se ve especialmente tocada por los problemas del mundo moderno, véase Twin Peaks o Blue Velvet, donde una comunidad apacible y anodina es testigo de cómo se desata el terror.

/LIMINAL
El onirismo y surrealismo que hemos visto, conecta muy bien con la idea de los espacios liminales de hoy en día, una palabra moderna para una idea bastante antigua. La soledad del humano en la ciudad, los no-espacios, habitar los sueños, ser perseguido por...nada. Los interiores de sus películas muchas veces tienen un carácter amenazante sin saber por qué, el mal no es explícito, pero está ahí. Los ejemplos dentro en su obra son interminables. Por otro lado, la liminalidad también ahonda en la memoria, la nostalgia y su recuperación a través de la tecnología. Como ya he dicho antes, no son pocas las veces que David emplea aparatos electrónicos como vehículo de la maldad.
Esta idea será recuperada a posteriori en una de las mejores reinterpretaciones del universo Lynch: Silent Hill. Si tenéis interés en esto, aquí hablo sobre todo estos temas: hauntología, memoria, espacios amenazantes...

