__MESSAGE__
Adiós al Cundo
Ya no hay más partidas de cartas, ni tertulias, ni ligues primerizos tratando de encontrar el amor o algo parecido.
5 de septiembre 2025
Ya no hay más partidas de cartas, ni tertulias, ni ligues primerizos tratando de encontrar el amor o algo parecido.
No son las canas ni que me eche crema en la cara lo que está haciendo que me note mayor, que voy cumpliendo años aunque yo siga creyendo que tengo dieciséis y mi única preocupación es ganar el siguiente partido de fútbol, sacar buenas notas y ver a dónde voy con mis padres a tomar el vermú y comer el fin de semana. Pero uno nota que pasan los años porque van cerrando sus sitios, y ahora cuando va a esos bares sólo encuentra la persiana bajada y un gran vacío que ocupa todos esos años de infancia.
Cierran los sitios porque la gente también cumple años y quiere descansar. Cada jubilación y cerrojo arranca de mí un pedacito de historia sentimental. Yo que siempre pensé ir con mis niños (no están, de momento, ni se les espera) a tantos sitios y poder decirles: “Aquí venía yo con los abuelos”. Y sólo aguantan unos pocos. Y quizá sea yo un fin de raza, como los Panero, pero en Oviedo y escribiendo mucho peor.
Cerró el Cundo, en junio. Fui a la despedida, pero no quise pasar más veces por ahí. Porque mi padre, cuando aún no era mi padre ni se me esperaba, en se misterio que es para los hijos la vida de ellos antes de que naciésemos, vivió ahí; porque me lo descubrieron un día unos amigos cuando aún vestía uniforme y no tenía edad para beber; porque tenía la mejor terraza de Oviedo, y yo que no fumo más que algún puro en fiesta de guardar, siempre olía a marihuana: ese olor denso y sensible que se cuela por cualquier grieta y te endulza el día.
Cerró Joaquín, tras 45 años detrás de la barra, y con él Ana y María José (mujer y cuñada). Y ya no hay más partidas de cartas, ni tertulias, ni ligues primerizos tratando de encontrar el amor o algo parecido. Ya no hay cervezas del tiempo, ni se moverá más la manivela de esa caja registradora más vieja que todos, ni “vamos a tomar una al Cundo”. Tampoco veremos más esa sonrisa tan escasa de Joaquín.
Alguien dijo alguna vez y muy acertado: “Crecer es ir perdiendo amigos y que cierren tus bares”. Cuando escuché esto siendo tan joven que lo sabía todo, no entendí nada. Pero ahora sí.
Canta Sabina: “Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Y yo hoy pasaré a su lado.
¿Qué opinas?
Sin comentariosGracias, Alsina
Por Álvaro Boro
Paré de correr cuando dieron las ocho y Carlos Alsina comenzó su último monólogo. Me quedé quieto en la falda del monte Naranco, con Oviedo al fondo, escuchando cada palabra que salía de su boca. Son muchos años despertándome con esa voz con la que tantas veces me fui a la cama o que me acompañó durante las horas de estudio.
El mismo helado, veranos distintos
Por Álvaro Boro
“Un helado de turrón de 125 pesetas en cucurucho”. Esto decía mi abuelo Gerardo cada tarde de primavera avanzada o de principios de verano en la que me llevaba al parque y luego a pasear por un Oviedo que trataba de desperezarse del frío antes de que el calor extremo lo vaciara hasta septiembre.
Pablo Und Destruktion: «Los artistas corren el riesgo de convertirse en propagandistas»
Por Álvaro Boro
Al levantarnos de la terraza en la que estaba entrevistando a Pablo Und Destruktion, el señor de la mesa de al lado intervino: “Pablo, tienes toda la razón”. Y no es sólo que la tenga —quizá mucha pero no toda, porque es imposible—, es cómo defiende sus argumentos y transmite con absoluta pasión todo lo que hace.
El mismo helado, veranos distintos
Por Álvaro Boro
“Un helado de turrón de 125 pesetas en cucurucho”. Esto decía mi abuelo Gerardo cada tarde de primavera avanzada o de principios de verano en la que me llevaba al parque y luego a pasear por un Oviedo que trataba de desperezarse del frío antes de que el calor extremo lo vaciara hasta septiembre.
Cuando la barriga era un trofeo
Por Álvaro Boro
Crecí en un mundo que no era tal, pero en los dibujos que veía y las viñetas de la prensa se seguían representando los ricos con barriga prominente, sombrero de copa y un gran cigarro entre sus dedos.
Tiempo de fresas
Por Álvaro Boro
Las fresas están tan apegadas a mis orígenes, a mi niñez y a mi vida que es imposible no recordar de dónde vengo con cada bocado.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Boro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES