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Arca en “XXXXX”: La comezón del cuerpo actual es la encarnación del cuerpo futuro
El sonido de Alejandra es en gran medida necrodigital
30 de julio 2026
El verano es una época hermosa y también complicada. Calor extremo, falta de sueño, digestiones insoportables: todas son parte de este período idílico del año en el que vacacionamos y, en muchos casos, en el que nos sentimos más locas que durante el resto del curso. A Alejandra Ghersi, Aka Arca, estos condicionantes parecen haberla motivado, puesto que este viernes y en plena ola de calor presenta su primer álbum al uso en un lustro, “XXXXX” (XL Recordings, 2026). El nuevo disco de la productora venezolana, que llega tras una larga espera y la pentalogía de “Kick” —clímax de su obra creativa— es, como dice la nota de prensa, un retorno a las bases de los mixtapes que la convirtieron en una referencia internacional de la electrónica glitch y del sonido de los 2010s. Un ámbito que le perteneció casi exclusivamente a ella. En dicho texto se mencionan siameses conceptuales como “&&&&&” y “@@@@@”, trabajos en los que Ghersi miraba hacia adentro en una suerte de duermevela creativo abordado desde tropos personales, oscuros y en los que el que escribe esto siente que es donde mejor se mueve.
Escuchar “XXXXX” a finales de un horrible y ardiente mes de julio es una experiencia espasmódica a la par que sublime. El LP, concebido originalmente como una mixtape, deja de lado de forma efectiva el afuera y sus cadencias de reggaeton más pisteras para regresar al atavismo de un inconsciente colectivo que vibra, respira y casi parpadea. Ritmos rotos con arreglos orquestales como en “Finisher”, melodías preciosistas sobre beats intratables como en “Grip”, emotivos sintes de trance rozando el ruidismo en “Throb”... El álbum sofoca y agita al jadeante oyente veraniego en un trip psicodélico propio de las referencias más destacadas de la artista original de Caracas. En cualquier caso y dada esta vuelta a los orígenes, la pregunta de fondo que subyace a este trabajo es, en gran parte, ¿Qué le queda por inventar a una productora que en 2013 ya era la punta de lanza de su generación creativa?
Si en “Mutant” consumó aquellos sonidos IDM y en el homónimo de 2017 reinventó lo que podríamos entender como su estilo de la mano de su voz y algunos de sus temas más “coherentes”, el terreno que le queda a Ghersi para seguir siendo original o distinta en 2026 es prácticamente nulo. Este establecimiento de la norma de lo informe lo podemos sentir también contemplando la portada de “XXXXX”, una referencia tan evidente a H.R. Giger que ni siquiera aparece citado (dado que tampoco es el diseñador), como si ese inconsciente alien-trans-futurista fuese ya un lugar común para quienes estamos familiarizados con Arca y su propuesta creativa. Un lugar ominoso, siniestro —también en el sentido freudiano de algo inhóspito que se vuelve familiar— en el que, a través de una serie de texturas y patrones desquiciados, volvemos al ambiguo e infinito espacio de la subjetividad bajo el necrocapitalismo actual. Y es que el sonido de Alejandra es en gran medida eso, necrodigital. La subjetividad contemporánea se pierde entre muestreos de bits afilados, MIDIs que reducen a cenizas la programación de la música de baile habitual y una forma de tratar las voces que ya no remite a los divertidos vocales de los Kicks. “Eidolon” es otro gran ejemplo de ello, un tema en el que el reemerger del bombo no es una referencia al hip hop originario que Arca producía (para FKA Twigs, para Kanye West) en los “Stretch” de 2012, sino un latido sincopado, una taquicardia de un cyborg colocado por anfetaminas y LSD.
Afortunadamente “XXXXX” no permite que la pregunta que hemos lanzado al final del segundo párrafo sea formulada con demasiada contundencia. Su poderío y desenfreno sonoros nos conectan con ese lugar del que Arca extrae unas sensaciones más bien raras que todes tenemos en nuestro interior en algún momento. Lo hace desde una experiencia visceral, lúcida y lúdica que nos arrastra vertiginosamente como una montaña rusa, o como los primeros instantes de un viaje de DMT. Cabe recordar, en tal sentido, que uno de los grandes momentos de los trabajos referenciados para comprender este LP es el track “DM True”, que pertenece a “&&&&&”. Un encuadre, por tanto, altamente psicoactivo que marca sus álbumes más destacados. Arca nos entrega su mejor música cuando desaparece y ejerce como médium entre los precursores de su sonido (Autechre u otros mitos británicos) y los discursos de identidad de género e identidad en general de nuestro tiempo. Si el IDM de finales de los 90 y principios de los 2000 trabajaba por imaginar aquellos mundos posibles que para nuestra nostalgia se han ido plastificando en las últimas décadas, “XXXXX” nos devuelve a la urgencia de entender que esos mundos siguen moldeándose; que las fricciones y ficciones imaginadas entonces son ahora reales y que en esas luchas se definirá lo que de aquí a unos años entenderemos como identidad (también sonora).
Obviemos el craso nivel de la emisión que se realizó la semana pasada para presentar el álbum y centrémonos en los sonidos que andábamos describiendo.
Por todo ello, su nuevo disco es muchísimo más interesante que la, en cualquier caso, inestimable pentalogía de “Kick”. De la mano de Ghersi, Cronenberg y otros eruditos de la ciencia ficción comprendemos que los cambios más radicales que la tecnología y el orden de las cosas están produciendo en el mapa mundial no son algo que acontezca ahí afuera (qué géneros musicales nuevos aparecen, qué software se utiliza ahora para producir), sino que tienen que ver con las transformaciones e imprecisiones que se dan en nuestro cuerpo a diario. “XXXXX” actualiza precisamente esa interfaz necro, que nos subyuga y mutila, que nos trastorna llevándonos a temperaturas disfuncionales para nuestro organismo como las que alcanzamos en verano. Y de esa olla en ebullición sí que nacen nuevos sonidos, nuevas experiencias epistemológicas, como se señala en la propia nota de prensa al asegurar que “renacimiento no es solo una metáfora, sino una práctica”. Una práctica que, añadiríamos, es corporal y personal, encarnada y, por lo tanto, incómoda. El prurito puede ser excesivo y en ocasiones desagradable, pero a estas alturas de partido, tampoco parece evitable. Ante tal panorama, habrá que ver cómo hacerlo nuestro, como un tic, o como una nota que todavía suena disonante en nuestra melodía.
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