Libros

Arlt 0: no nos gusta leer

A este escritor raro y genial no lo ha leído nadie ni nadie lo leerá

28 de julio 2026


«Y que bufen los eunucos».

Roberto Arlt

Estas son las únicas palabras escritas para la ocasión.

Esta semana se publicarán, a partir de mañana, uno al día, cuatro artículos (cinco, si contamos este) sobre el escritor argentino Roberto Arlt con motivo de que este año 2026 se cumple el centenario de su primera novela, El juguete rabioso, que seguirá con el de Los siete locos (su grandísima obra) en el 29, la continuación que tiene en Los lanzallamas en el 31, y cierre con El amor brujo (no tan al nivel, es lo cierto) en el 32.

He intentado convencer a editores, instituciones públicas y privadas, organizadores de conferencias y promotores culturales de la oportunidad y pertinencia de hablar, escribir y reeditar a Roberto Arlt con motivo de estos centenarios. Conseguir algún espacio desde el que contextualizar, difundir, bosquejar una obra y una escritura de razonable dificultad para el lector español e imprescindible necesidad para la lectura del presente. No he conseguido nada ni he convencido a nadie.

Todos han respondido expresando su cariño y gusto por Arlt, con un tono casi melancólico, más del que recuerda con cierto pudor un pecado de juventud que el de quien ve invocado uno de sus clásicos queridos. Por estas tierras nos gusta mucho airear en público ciertos nombres (Joyce, Proust, Kafka, para de contar; otros Deleuze, Kristeva, Wark, misma mierda), como si tuviéramos algún mérito por nombrarlos. En cambio, adentrarse en la lectura, encontrar el problema de un texto, sin nombre, sin sello, sin galas, parece que nos cuesta un poco más. No sé de qué me extraño, en este país donde no nos gusta leer, sino más bien haber leído. 

A este escritor raro y genial no lo ha leído nadie ni nadie lo leerá. Unas frases en lunfardo, dos o tres palabras poco habituales en nuestro léxico son suficientes para asustarnos. Mejor Cortázar, que ya está codificado y es más guapo, o Borges, que se puede publicar una frase suelta que encuentres por ahí y listo, intelectual. En el mejor (o peor) de los casos Pizarnik, qué fácil y agradable que es citar a Pizarnik. Qué duro leerla.

Yo leí una vez a Roberto Arlt. Lo leí todo entre 2017 y 2019. Sus peores cuentos, sus aguafuertes más rutinarias, su teatro sin orden y sus novelas, y supe que era el mejor novelista del siglo XX, porque era el primer novelista del XX. Y fue terrible y nunca volveré a leer así.

El primer novelista del XX no es Joyce, y menos aún Proust…….. podría ser Kafka pero Kafka no es novelista……. la primera novela de la masa, la democracia y los totalitarismos, de la voz de la calle, la violencia de la calle, el caos de la calle y el mundo tecnificado, la primera novela de verdad del XX…… es Viaje al fin de la noche (1932), de Céline. Porque introduce la oralidad en el texto impreso, y a la primera, como decía el repugnante autor. También porque es francesa, y la Historia la escribe Francia. Luego esa genealogía de novela bruta y brutal sigue en otros idiomas con McCullers, Fante, Miller, Faulkner, Genet, Lowry, Mishima, Bernhard, Jelinek, Liddell…..

Y de verdad Céline es repugnante y un genio sin igual. La cuestión es que Arlt ya había hecho eso de Céline con el español desde Argentina tres años antes, concretamente en Los siete locos (1929). Pero Argentina no escribe la Historia (ahora ya ni la del fútbol, ya lo siento). El español tampoco (eso en el fútbol sí). Creo que esto de la oralidad y la tradición brutal lo explico mejor en alguno de los artículos que saldrá esta semana, no recuerdo cuál.

Luego lo volví a leer a Arlt en 2021 desde el desgraciado ámbito académico cuando todavía pensaba que allí estaba la gente inteligente y la gente que leía (que no son la misma casi nunca), y yo intuía que lo único de lo que podía hablar sin hacer el ridículo era de Arlt, sobre todo porque no sabían quién era Arlt así que casi que podía decir cualquier cosa. Asignatura tras asignatura intenté ponerle la camisa de fuerza cientificista y estupidizante, mientras yo me volvía más estúpido y menos científico y Arlt se resistía como una fiera. Hasta que finalmente lo destruí encerrándolo en las 100 páginas de un TFM idiota (que prometo no dar a leer jamás) y lo perdí para siempre.

No he vuelto a leer a Arlt, pero lo sigo amando tanto y pienso en él cada día.

Llevo pensando en estos centenarios y en la oportunidad de rescatarle desde entonces, y aun así tampoco he sacado la fuerza para volverlo a leer, refrescar y revisar las ideas, tomar nuevas notas, escribir algo un poco más ordenado. Soy incapaz, lo perdí y es culpa de la estúpida y acomplejada academia cientificista, llena de profesores burócratas pudorosos y alumnos notables altos en bachillerato (gente que tampoco le gusta leer, sino haber leído, y no son muy inteligentes por lo general y odian el peligro, el pensamiento o la polémica de las ideas, y aman la acumulación de información objetiva y bien referenciada en fuentes actualizadas de revista indexada, y polladas que nunca entendí ni supe hacer; el estúpido debo ser yo) y a la que me prometí jamás acercarme. Ellos me quitaron lo que más quería.

Quizá si alguno de esos promotores culturales que aludía al comienzo hubieran caído en alguna de mis trampas para que me pagaran por releer a Arlt; quizá si yo fuera una persona más seria y trabajadora, quizá si fuera más listo o más valiente. El mismo Arlt sabía bien que se escribe mejor por plata, y luego la plata lo jode todo.

Pero no, la realidad es que van a tener razón los chupópteros acomodados y quejicas de la cultura, que las cosas solo se hacen bien cuando te pagan buena guita.

Así que para no caer en la tentación del esfuerzo ni peor aún la del dinero (y honrar a mi amigo Miguel y seguir su ejemplo en la vida), prefiero publicar aquí en bruto y como fueron, pues hoy no recuerdo nada de lo que imaginé leyendo la prosa más violenta y certera que había oído nunca, ni puedo corregir nada más allá de dos comas como he hecho, los textos de aquellos años en que todavía pude querer a Arlt con tanta pasión, ingenuidad, rabia y locura. Ojalá sirva de algo, ojalá alguien lo lea. Yo ya estoy muy cansado. Al fin y al cabo, yo también soy de este país, y a mí tampoco me gusta leer, sino más bien haber leído.

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