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Arlt 1: Sobre algunos temas en Roberto Arlt
¿Emancipación o barbarie?
29 de julio 2026
El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. Pero solo a la humanidad redimida le es dado por completo su pasado.
WALTER BENJAMIN, “Tesis sobre el concepto de historia”
Claro, los novelistas no han escrito sobre esto. Y la gente nos cree unos monstruos, o unos animales exóticos, como nos han pintado los saineteros. Pero venga a vivir a nuestro ambiente, conózcalo, y se va a dar cuenta de que es igual al de la burguesía y al de nuestra aristocracia.
ROBERTO ARLT, Los siete locos
Si Walter Benjamin propuso en sus “Tesis sobre el concepto de historia”1, desde un complejo aparato conceptual, una lectura de la historia a contrapelo para revelar la barbarie oculta bajo todo objeto de cultura2, Roberto Arlt parece llevar a cabo en su obra, y especialmente en la novela de Los siete locos3 con su continuación en Los lanzallamas4, este proyecto de relectura del pasado a través de la realidad marginal y suburbial del Buenos Aires de principios del siglo XX, desde el instinto creativo de un narrador salvaje y certero, con el lunfardo como herramienta de trabajo.
Con su obra narrativa, el argentino realiza este cepillado a la inversa que saca a la superficie las ruinas5 y la barbarie, escenario y esencia del mundo de las fieras6, y encuentra allí otra historia, u otra realidad, que no es la que aparece en la versión oficial cuyo emblema es el progreso, sino precisamente los desastres y opresión que genera este progreso7, que se revelan bajo la superficie de la ciudad moderna. Construye así en sus historias el cuadro, con la misma técnica de grabado en ácido que emplea en sus Aguafuertes8, que parece la imagen observada por el ángel de la historia, que al girar su vista hacia atrás observa la catástrofe9 dejada a su paso. Esta imagen se escabulle y relampaguea10 con el expresionismo y la intensidad de la prosa arltiana. No nos permite enfocar del todo, no la explica racionalmente, es un instante colmado de tiempo presente11 que desaparece en cuanto se vuelve cognoscible. Pero al menos hemos captado el destello que arroja una cierta luz sobre la historia de los oprimidos, todo presente, como parece ocurrir con el tiempo en la obra de Arlt, “y es lo suficientemente valiente y fuerte como para hacer saltar por los aires el continuo de la historia”12, entendido como progreso. En esa imagen que nos ofrece el escritor argentino conseguimos parar el tiempo homogéneo del historicismo para emprender la tarea del materialismo histórico que da cuenta del horror y la derrota de los locos, los marginados, los desposeídos. Es esta la tradición del oprimido que nos revela que el estado de excepción es la norma, y desde esta conciencia provocar el verdadero estado de excepción13 que le corresponda, que por momentos parece corresponderse con el experimento social que nos propone, tan embaucador y sospechoso, el Astrólogo (enajenado y visionario líder del complot político que ocupa una de las dos tramas centrales de Los siete locos).
Roberto Arlt sabe, por la vía intuitiva, que la narración de esta historia corresponde a otra forma de contar, que no es la tradicional de la novela o la de la Historia oficial que se recoge en los libros, sino la forma de otra tradición, la de la tradición oral, la de los testimonios de la experiencia. Benjamin en su texto “El narrador”14 nos ilumina sobre esta voz. “La experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de la que han bebido todos los narradores”15, dice, y desde esta aseveración podemos reconfigurar la imagen de Roberto Arlt como la de un narrador semejante a los contadores de historias medievales, antitética dialécticamente al novelista burgués decimonónico. Arlt, periodista de profesión, construye un trasunto suyo para narrar la historia de estos siete locos. El narrador de esta novela, que también se nos presenta como periodista, como cronista precisamente, pues “el cronista es el narrador de la historia”16, es el que se acerca al submundo de la barbarie, como lo hizo Arlt para sus crónicas, ya que no pertenece totalmente a él, aunque tampoco al otro, al de la superficie burguesa montada en la nave del progreso. En su acercamiento puede escuchar el testimonio silenciado, pero no del todo, por la devastación del tiempo histórico. El narrador escucha a Erdosain, que le transmite la experiencia, con la esperanza de que en ella anide una enseñanza. “No cometa usted nunca un crimen, porque eso más que horrible es triste”17 le dice Erdosain al cronista que recoge su experiencia, y en ella su consejo. Pero no explica18, ni él mismo entiende. Erdosain roba pero no sabe para qué, comete crímenes pero solo porque no puede evitarlo, porque está angustiado. La enseñanza está en la propia anécdota, el aprendizaje es el proverbio19 mismo, no la explicación de este. “El consejo no es tanto la respuesta a una cuestión como una propuesta referida a la continuación de la historia en curso”, dirá Benjamin. Y continúa, “Para procurarnos consejo sería necesario ante todo que fuésemos capaces de narrar la historia”20. Roberto Arlt, o el narrador de los locos, narran la experiencia, que no es suya sino transmitida, pero eso poco importa, pues al narrar la experiencia de Erdosain se convierte en experiencia para aquellos que escuchan21. Quizá el problema sea qué ocurrirá cuando llegue el tiempo en que ya nadie escuche..
Revelando Arlt el testimonio de los oprimidos, y transmitiendo la enseñanza de la experiencia para quien quiera escuchar, parece tener la intención de, al menos, dificultar la tendencia burguesa a “facilitar a la gente la posibilidad de evitar la visión de los moribundos”22. En el mundo que profesa la fe del progreso que todo lo higieniza en una inmaculada apariencia de falsa eternidad23 sin mácula visible de la muerte que no ha dejado allí su rastro, la historia del loco, del oprimido y del moribundo, son una incomodidad indeseable y fácilmente descartable. En esta novela nos adentramos en un mundo subterráneo que va a luchar por romper el techo, que es el suelo de la superficie, y subvertir el sistema que los tiene encerrados en el infierno de la barbarie, sin embargo, hasta que eso llegue, es fácil advertir que la realidad de Erdosain, Ergueta, el Rufián Melancólico, la Coja o el Astrólogo no tiene hilo transmisor con el mundo superficial. Accedemos a una sociedad hermética o hermetizada desde las estructuras sociales imperantes, desde la ley, pero, en todo caso, una sociedad invisible o invisibilizada al mundo burgués. Roberto Arlt, formado en el naturalismo de Zola o Pío Baroja, tiene la intención de mostrar el horror. Porque “es precisamente en el moribundo en quien no solo el saber o la sabiduría del ser humano, sino, sobre todo, su vida vivida —y ese es el material del que nacen las historias— adquiere una forma transmisible”24, pero no como un sociólogo cientificista con remordimientos, sino como un Dostoievski del arrabal, porque “el gran narrador siempre tendrá sus raíces en el pueblo”25.
Aún todavía, el narrador que se dispone a comunicar el testimonio del oprimido, advierte una condición de necesidad más a las ya acumuladas de la lectura de la historia a contrapelo que revela las ruinas del progreso, y la atención a la narración oral que permite construir la tradición del oprimido; si realmente pretende penetrar en el mundo del desposeído, recorrer el escenario destrozado y dar cuenta de su enseñanza, del consejo inscripto o codificado en su historia, deberá hacerlo con su lenguaje, pues utilizar otro sería estar hablando de otra cosa.
Para poder contar la historia de Erdosain y los otros siete locos debe hablar con sus palabras, aquellas que nombran su mundo. El lunfardo es la entidad lingüística26 del arrabal, como la palabra-lámpara es la entidad lingüística de la cosa-lámpara, dirá Benjamin en “Sobre el lenguaje en general y el lenguaje de los humanos”. No un medio instrumental para explicar o contar la cosa, sino la cosa misma en forma de palabras. El lenguaje de la cosa es una de las formas de la cosa en sí, una de sus entidades, la entidad lingüística concretamente, y utilizar otro lenguaje solo sería hablar de otra cosa, de otra realidad. Pues cada cosa tiene su propia entidad espiritual o mental a la cual se corresponde una entidad lingüística, que es lo comunicable de la cosa27. Que después el lenguaje siempre hable de la entidad lingüística y no de la cosa en sí, y por lo tanto cada lenguaje se comunica a sí mismo28 incapaz de comunicar la cosa como tal, es otro aspecto de la idea benjaminiana del lenguaje, pero que para este análisis no nos es precisa ni pertinente.
Walter Benjamin nos enseña esto en las primeras páginas de “Sobre el lenguaje…”: “No existe evento o cosa, tanto en la naturaleza viva como en la inanimada, que no goce, de alguna forma, de su participación en el lenguaje, ya que en su propia esencia está el poder comunicar su contenido espiritual”29. Si esto es así, poder conocer o al menos comunicar un evento o cosa no requiere más que conocer o comunicar en su lenguaje, que será el que nos revele el contenido espiritual o mental, la verdad más profunda de la cosa.
Si Roberto Arlt se encamina a la titánica tarea de dar cuenta de la historia de los que no hacen Historia, dar voz a la tradición del oprimido, sin duda no por primera vez en la literatura occidental, pero sí quizá siendo una de las primeras ocasiones en que esta labor es llevada a cabo en el contexto literario rioplatense*, se debe enfrentar a la cuestión de cuál es la forma lingüística de este nuevo mundo que pretende explorar, pues dicha entidad espiritual o mental se comunica en lenguaje y no por medio del lenguaje30. Conocer y emplear el lenguaje de la cosa nos permitirá comunicar la entidad espiritual o mental de la propia cosa, siendo aquí la cosa el mundo de los locos o las fieras o los monstruos, título provisional de Los lanzallamas en los primeros borradores, el espacio-cosa al que nosotros llamamos aquí, en una generalización cómoda pero con cierta marca localista, el arrabal. Por esto decimos: la entidad lingüística del arrabal es el lunfardo31, lengua privada de cafishos y turros, nacida de la mezcolanza de lenguas en los bajos fondos de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe o Montevideo debido a la fuerte inmigración a finales del XIX y principios del XX32. Para esta tarea tuvo su escuela de formación en sus Aguafuertes porteñas33, primer proyecto, consciente o no en su origen, de dar cuenta de una realidad otra de la ciudad, por debajo de la que solían recoger los diarios de la época. ¿Cómo hablar de esta gente sin el uso de su lengua? Benjamin nos ilustra haciéndonos ver que no hay otro medio porque el lenguaje no es un medio, el lenguaje no habla de las cosas, revela su espiritualidad, que en cada cosa es una y tiene su propio lenguaje.
Para no caer en la incomunicación y la imposibilidad de diálogo entre lenguas y lenguajes desarrollará después su teoría sobre la labor del traductor34, donde salva estos obstáculos creados en su teoría del lenguaje, pero esa materia no es la que aquí nos ocupa por lo que tan solo la dejamos apuntada.
Una vez Arlt es poseedor de esta lengua, puede revelar las verdades ocultas, espirituales o mentales claramente, que habitan en estos lugares. Y la más esencial de estas realidades, allí abajo en los arrabales, es el imperio de la violencia. Como condena, como moneda de cambio, y como símbolo para la salvación.
En la segunda parte de este trabajo, desgranaremos y aplicaremos los conceptos y categorizaciones que hace Benjamin acerca de este concepto en su “Crítica de la violencia”35, haciendo un rápido repaso primero de su diferenciación entre violencia fundadora de derecho y violencia conservadora de derecho36 como formas en que el derecho hace uso de la violencia como medio para la adquisición y apropiación del poder, y cómo así está aplastando a los oprimidos abocándoles, explícitamente, a la locura; para después centrarnos más específicamente en la distinción violencia mítica37 y violencia divina38, y desde ahí poder entender cómo los locos, bestias salvajes animalizadas por la propia estética arltiana, se expresan por medio de estas violencias, y cuándo y cómo encontramos manifestaciones de violencia pura o divina (emancipadoras y expresivas) y en otros violencia mítica (fundadora de derecho y por lo tanto opresora), porque “si la violencia mítica funda derecho, la divina lo destruye; si aquella establece límites y confines, esta destruye límites”39. Para terminar dilucidando si esta categorización nos es útil y definitiva para el análisis de la violencia en la gran novela arltiana, o si, quizá, algo queda fuera, un resto de un carácter tan expresivo como la violencia pura, pero que no es emancipatoria; y tan opresiva como la mítica, pero sin fundar derecho, pero tampoco lo destruya. Encontrando, entonces, en los locos, algo así como una violencia impura.
Desde estas categorías nos adentraremos y analizaremos escenas y tramas concretas que sirvan de ejemplo revelador y unidad de análisis para la concepción y categorización benjaminiana de violencia. Entraremos a desgranar el proyecto revolucionario del Astrólogo, que identifica al derecho como creador y titular único del poder que les oprime a través del monopolio de la violencia, pero que en el desarrollo y explicación de su proyecto propone una maquinaria de igual o mayor brutalidad, a la que solo le ha alterado el fin mezquino por otro, según él, extraordinario40, invalidándolo evidentemente para Benjamin por su concepción iusnaturalista, que juzga la validez moral de la violencia en función de sus fines41.
Exploraremos la necesidad inevitable de Erdosain de cometer el crimen, de robar y asesinar, por culpa de la angustia, en sus propias palabras: “Uno roba, hace macanas porque está angustiado”42, pero siendo una necesidad que al mismo tiempo desearía evitar43, y su emoción con el proyecto del Astrólogo, que es su última esperanza, pero que en momentos de lucidez vislumbra como una escapada a la desesperada que solo puede estar abocada al fracaso y un horror aún mayor, pues todo su fundamento es la mentira moral, por lo que cualquier criterio de validez o justificación del proyecto está abocado a la posibilidad de ser falso, una mentira más44.
Estudiaremos el placer de Barsut humillando a los humillados tras haber sido él humillado45, la justificación del Rufián Melancólico de toda forma de maltrato y vejación en función del deseo46, o la locura iluminada del farmacéutico Ergueta, que en su voz profética anuncia la segunda llegada de Cristo y la necesidad de profundizar en el caos y la barbarie, tiempos de sangre y de venganza, para provocar esta venida47, en un discurso mesiánico tan benjaminiano, que nos permitirá finalmente pensar si todo el proyecto revolucionario y brutal del Astrólogo igual sí tiene algún valor liberador y no es otro que pavimentar el camino hacia un Apocalipsis emancipatorio, donde la llegada del fin, del horror, supone la fundación de un nuevo comienzo. “Porque el Mesías no viene únicamente como redentor; viene como vencedor del Anticristo”48. Leyendo así Astrólogo por Anticristo en la traducción de Benjamin a Arlt.
De esta posibilidad, Erdosain, como el propio Arlt en otros textos49, está dudando todo el rato. ¿Será el mundo de las fieras un Edén donde el buen salvaje vuelva a su estado de libertad, desencadenado por fin de la ley y el derecho? ¿O no hay Dios que venga a redimirnos, pues hemos pecado demasiado y después del pecado ya no hay posible salvación, se rompe el débil hilo que nos unía a Dios50, por lo que nos abocamos definitiva e irremediablemente a una eternidad de violencia mítica irresoluble, eternamente fundadora de derecho, una y otra vez, de la que jamás saldremos y que solo se agrava en su crueldad?
No es nuestra tarea resolver la duda esencial de la obra de este inmenso y visionario escritor argentino, siendo precisamente esa duda la que hace de sus textos un material de salvaje actualidad y presente, pero sí al menos aventurar las claves que nos permitan seguir pensando qué forma tendrá el fin de los tiempos que anuncia el farmacéutico, cuál será su clave: ¿emancipación o barbarie?
Madrid, 2021
1 BENJAMIN, Walter, “Tesis sobre el concepto de historia” en Iluminaciones, Madrid, Taurus, 2018, p. 307.
2 BENJAMIN, Walter, “Tesis sobre el concepto de historia” en Iluminaciones, Madrid, Taurus, 2018, p. 311.
3 ARLT, Roberto, Los siete locos en Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, p. 159.
4 ARLT, Roberto, Los lanzallamas en Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, p. 383.
5 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 312.
6 R. Arlt, Obras, Tomo III. Cuentos completos, Buenos Aires, Losada, 2002, pág. 101.
7 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 312.
8 R. Arlt, Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1998.
9 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 312.
10 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 309.
11 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 315.
12 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 316.
13 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 311.
14 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 225.
15 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 226.
16 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 227.
17 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 252.
18 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 229.
19 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 250.
20 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 228.
21 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 229.
22 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 235.
23 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 236.
24 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 236.
25 W. Benjamin, Iluminaciones. “El narrador”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 243.
26 W. Benjamin, Iluminaciones. “Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los humanos”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 25.
27 W. Benjamin, Iluminaciones. “Sobre el lenguaje...”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 24.
28 W. Benjamin, Iluminaciones. “Sobre el lenguaje...”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 25.
29 W. Benjamin, Iluminaciones. “Sobre el lenguaje...”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 23.
30 W. Benjamin, Iluminaciones. “Sobre el lenguaje...”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 24.
31 A. Enrique Rodríguez, “Historia del Lunfardo, con reseñas en periódicos del siglo XIX”, 2016.
32 M. Egido Teruggi, 1974, pág. 26
33 R. Arlt, Obras, Tomo II. Aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 199, pág. 33.
34 W. Benjamin, Ensayos escogidos. “La labor del traductor”, Buenos Aires, Cuenco de Plata, 2010, pág. 109.
35 W. Benjamin, Crítica de la violencia, Barcelona, Biblioteca Nueva, 2020.
36 W. Benjamin, Crítica de la violencia, Barcelona, Biblioteca Nueva, 2020, pág. 100.
37 W. Benjamin, Crítica de la violencia, Barcelona, Biblioteca Nueva, 2020, pág. 110.
38 W. Benjamin, Crítica de la violencia, Barcelona, Biblioteca Nueva, 2020, pág. 114.
39 W. Benjamin, Crítica de la violencia, Barcelona, Biblioteca Nueva, 2020, pág. 114.
40 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 299.
41 W. Benjamin, Crítica de la violencia, Barcelona, Biblioteca Nueva, 2020, pág. 88.
42 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 187.
43 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 252.
44 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 269-282.
45 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 217.
46 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 193.
47 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 320.
48 W. Benjamin, Iluminaciones. “Tesis sobre el concepto de historia”, Madrid, Taurus, 2018, pág. 310.
49 R. Arlt, Obras, Tomo III. Cuentos completos, “La luna roja”, Buenos Aires, Losada, 2002, pág. 83.
50 R. Arlt, Obras, Tomo I. Novelas, Buenos Aires, Losada, 1997, pág. 348.
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