__MESSAGE__
Una comida pendiente
sentados a una mesa todo es mejor, que la comida no es un mero trámite para subsistir y que brindando, los temas banales adquieren importancia supina y transcendental.
5 de junio 2026
Cuando esto salga publicado en Sustrato, yo estaré acabando de trabajar y encaminándome para tomar el vermú antes de una comida con amigos. Estaré viviendo ese momento extraordinario que siempre es imaginar lo bueno que va a llegar. Esos instantes que preceden a la acción, son la verdadera alegría y felicidad. Uno es capaz de imaginar y creer tantas cosas que el disfrute se apodera de uno.
Alguien tan sabio como Manuel Vicent, defiende que lo mejor del gintonic no es bebérselo, sino el tiempo de espera entre que lo pedimos y el barman nos lo sirve bien frío y damos el primer sorbo. Ninguna combinación podrá superar a la que crea nuestra cabeza. De ahí que la noche de Reyes sea siempre mágica, como la víspera de una boda, las horas antes del Chupinazo en Sanfermines o la cita con la mujer que te gusta, todas.
Esta comida, debería haberse organizado un viernes de cada mes, pero por una razón u otra, en todo 2026 no hemos hecho ninguna. Así que imaginen las ganas y cómo estamos, las expectativas en todo lo alto y el placer de ver cómo la lista de comparecientes iba aumentando. Somos un grupo ecléctico, de edades y ocupaciones muy diversas, que tiene muy claro que sentados a una mesa todo es mejor, que la comida no es un mero trámite para subsistir y que brindando, los temas banales adquieren importancia supina y transcendental.
Llegué a este grupo por mis amigos Iván y Charlie, que me invitaron a participar en estas comidas surgidas de Casa Pachu. Me pescaron sobre la marcha, quiero creer que como una especie de nuevo fichaje, de savia nueva frente a un plato, con algo que contar y mucho por aprender. Aquí estamos tiempo después.
Hoy nos ventilaremos un salpicón de marisco y un rabo de toro estofado, todo bien regado y seguro que cae postre y copa. En esta peregrinación gastronómica por diferentes establecimientos de Oviedo, Gijón y el resto de Asturias; a lo que de verdad se le rinde pleitesía es al “kit de Antonio”, que en la sobremesa siempre se trajina un copazo de coñac, café y helado. Si no hay kit, se busca donde sea, porque es requisito indispensable para que todo fluya a la perfección. Esta mezcla entre bebida y cacharro, con un peligro exponencial a cada trago, es la esencia de todas las tertulias que alargamos hasta que aguantamos o las circunstancias y la familia nos reclaman.
Un grupo de amigos que comen, beben y tratan de exprimir los momentos. No hay más, tan sencillo y tan complicado. Este año, por fin nos juntamos. Ya era hora
¿Qué opinas?
Sin comentariosMónica Pérez Sobrino: «El rencor puede darte tres párrafos maravillosos, pero no una obra»
Por Álvaro Boro
Una de las cosas más extrañas de la memoria es que puede desaparecer sin hacerlo del todo. Un recuerdo puede quedar enterrado durante años y, sin embargo, seguir respirando debajo de nuestra vida, apareciendo en un miedo, en una ansiedad, en una forma de querer. De esa grieta nace ‘Juegos infames’ (Espasa)
Guerra y paz con los higos
Por Álvaro Boro
Tengo una batalla diaria contra las avispas y los pájaros que se abalanzan por los higos maduros y sabrosos antes que nadie y con una voracidad infinita.
El arte de ser Morante
Por Álvaro Boro
Escribir sobre Morante de la Puebla es una empresa temeraria. Hay cosas que, cuando suceden, conviene contemplarlas antes que explicarlas, porque la palabra se queda pequeña cuando delante aparece aquello que no sabemos nombrar.
Guerra y paz con los higos
Por Álvaro Boro
Tengo una batalla diaria contra las avispas y los pájaros que se abalanzan por los higos maduros y sabrosos antes que nadie y con una voracidad infinita.
Apoteosis en el Café Central
Por Álvaro Boro
Esa puerta giratoria que recibe en el café y que hace a uno sentirse como si fuese un ciudadano del Imperio Austrohúngaro y dota de cierta nobleza y buen gusto.
Abrir la cocina es abrir el corazón
Por Álvaro Boro
Cocinar para los demás, invitar y recibir en casa a familiares y amigos es uno de los actos de amor más sublimes. Una forma primitiva y mundana de tratar de satisfacer las necesidades de quienes nos rodean mostrando todo el afecto que les profesamos y la importancia de su existencia en la nuestra. Se enciende el fuego desde la entrega absoluta para sellar una alianza fraternal y reforzarla.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Boro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES