Del verano
Me acuerdo de lo mucho que me esforzaba jugando al fútbol en las praderas para impresionarle.
22 de abril 2024
Por Irene Esteban
22 de abril 2024Me acuerdo de lo mucho que me esforzaba jugando al fútbol en las praderas para impresionarle.
Me acuerdo de las cabañas que hacíamos cada agosto. La nuestra decidimos levantarla entre el muro de piedra del tío Juan y los cuatro árboles de alrededor. Con ramas y cuerdas hacíamos un cerco lo suficientemente grande como para caber los siete, con puerta y todo. Colocábamos unas ruedas de neumático a modo de sillones y bebíamos fanta de naranja de una cantimplora. Era la única chica y eso me gustaba. Todos me trataban bien. Cuando llovía, la cabaña se inundaba por la parte de atrás y se llenaba de barro. Carlos y Diego levantaron un muro de piedra como de medio metro, pero el agua entraba igualmente. Lo que más me gustaba cuando llovía era el tener que reconstruirlo todo una y otra vez.
Me acuerdo de las Converse rosas que me regaló la tía Nuria y que todavía me pongo. Me acuerdo de la madre de Coral diciéndole a la mía que de mayor sería una estupenda G.E.O por eso de que siempre estaba trepando a los árboles. Me acuerdo del día que se perdió Serranillo y la abuela lloraba. Dijo que los perros de Santiago lo mataron en una pelea, pero siempre pensé que algún día aparecería por la puerta de atrás.
Me acuerdo del abuelo subiendo del huerto con un sombrero de paja y un cubo de patatas.
Me acuerdo del día que Jaime se cayó con la bici y nos quedamos sin vacaciones en la playa. Me acuerdo de sus zapatillas manchadas de sangre en el baño y de no entender nada. La abuela me dijo que estaban todos en Aranda. Cuando volvieron, Jaime solo preguntaba por su bici rota y por ver el mar.
Me acuerdo de lo mucho que me esforzaba jugando al fútbol en las praderas para impresionarle. Nos gustábamos; siempre me pedía en su equipo. Por las noches nos tumbábamos en la carretera - por la que nunca pasaban coches - a mirar las estrellas. El asfalto estaba caliente del día, así que no pasábamos frío. Poníamos música que nos gustaba en el móvil, (posiblemente el primer móvil) y ahí nos quedábamos tumbados hasta las tres de la mañana. Una vez me dormí, media hora no más, y cuando me desperté, él me miraba muy cerca.
Me acuerdo de los bocadillos de queso con tomate.
Me acuerdo del abuelo viendo los Simpson en el salón con las persianas bajadas.
¿Qué opinas?
Sin comentariosLa casa de los todos y de las todas
Por Irene Esteban
Resulta que vengo de un pueblo pequeño de Segovia, que son dos pueblos en realidad, uno enfrente del otro, uno espejo del otro, uno de mamá y otro de papá. Pero esta es la historia de la familia de MAMÁ, de las hermanas, las tías, las primas, las hijas y las demás. La ABUELA me roba una magdalena y se sirve un café.
Haber estado ahí
Por Irene Esteban
Carolina Durante tocaba en Madrid gratis por las fiestas del Dos de Mayo y Diego Ibáñez, famoso en tres calles por cantar en mayúsculas, anunciaba el concierto una semana antes en su cuenta de Instagram diciendo: “si no vienes, dentro de unos años tendrás que mentir y decir que sí que estuviste”. Y es que tanto millennials como generación Z estamos un poco obsesionados con formar parte de eventos históricos
Aviones a punto de salir
Por Irene Esteban
Escribo desde el 31E antepenúltima fila -asiento del medio- porque no soy lo suficientemente valiente.
No sex #56: A mi yo veinteañera
Por Carla Mouriño
Los meses previos a cumplir 30 años entré en pánico
Groenlandia
Por Luis Alonso Agúndez
Coincidimos en el ascensor de la oficina. Será de mi edad, si acaso algo mayor que yo. No trabajamos juntos, nunca hemos intercambiado correos, no nos seguimos en Instagram.
Bienvenida, primavera
Por Álvaro González
El agua de colonia. Pasear más de la cuenta.
Suscríbete a sustrato.
Apoya el trabajo de Irene Esteban
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES