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Demasiadas burbujas
Un spa es una forma de democracia. Un lugar en el que la vergüenza iguala a todos por igual.
22 de julio 2026
Los romanos y los griegos nos han dejado en herencia infinidad de cosas como el yogur, los calamares, las localizaciones de Mamma Mía, las pizzerías, Totti o Antetokuonmpo. Pero si por algo me acuerdo últimamente de ellos es por los spas.
Un spa es una forma de democracia. Un lugar en el que la vergüenza iguala a todos por igual. Da igual si tienes un título nobiliario o un estanco, todos estamos incómodos compartiendo espacio. El pasillo de las taquilla a la piscina se convierte en una especie de matadero. El cloro lo inunda todo con su olor nada agradable y los señores con bañador turbo se multiplican.
Uno llega a un spa un poco como la primera vez que entra en una de esas clases de gimnasio dirigidas en las que el profesor tiene una energía desbordante. No sabe muy bien qué hacer o de qué va la película, pero lo piensa probar todo. Total, ya está pagado. Una especie de buffet de pompas. Una borrachera de hidromasajes. El único sitio en el que permanecer sudado y semidesnudo junto a un holandés jubilado que luce como una gamba roja de Denia no te parece un mal plan.
El problema viene en el momento en el que los dedos se te empiezan a arrugar y todo deja de ser tan divertido. La música ambiente tampoco mejora la experiencia. Es más, te lleva a un nivel de exigencia que más quisieran las pruebas físicas de los GEO. Porque sí, la banda sonora de barra de sushi cara y el agua caliente te obligan a decirle a tu cuerpo que tiene que relajarse, por lo que acaba tensándose más. ¿Vengo a relajarme o a exigirme que me relaje? ¿Por qué me sonríe tanto el señor que lleva tapones? ¿Debería conocerlo? ¿Cuánto tiempo es suficiente para sentir amortizada la experiencia? ¿Me perseguirá hasta el vestuario el señor de los tapones o el holandés achicharrado?
Nunca he tenido una resaca de champán, pero entiendo que el resumen de una noche loca de descorches a lo Marcos Llorente en la celebración del mundial debe ser parecido a una hora y media metido en una piscina cubierta con chorros que golpean zonas de tu cuerpo que ni sabías que existían: demasiadas burbujas.
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