Ideas

El 15M sí valió la pena

Toda acción revolucionaria no es un dogma, sino una praxis que evoluciona.

7 de octubre 2026


En 2021, con motivo del décimo aniversario del 15M, RTVE juntó en un debate a varios filósofos, activistas, políticos y creadores de contenido progresista nacidos después de 1990. La pregunta latente detrás de todo el debate era simple: ¿Sirvió el 15M para algo?

Para sorpresa de nadie, la opinión general era negativa. Ni uno solo de los intervinientes en la mesa expresó una opinión positiva sobre las manifestaciones en Sol de aquel entonces. En la mejor de las críticas, el 15M había supuesto una oportunidad perdida por un exceso de pureza autoimpuesta que hizo que el movimiento no avanzara tan rápido como la sociedad exigía. En la peor de ellas, el primer hito político de la década de los 2010 había sido simple y llanamente una farsa televisada.

El desafecto hacia nuestro pasado político, ese del que nos sentimos protagonistas y hemos forjado en primera persona, es síntoma de mi generación y una de las experiencias de época más significativas del tiempo en que vivimos. Mientras que los hitos fundacionales de los 70 y los 80 permanecen en la vitrina dorada de la Historia, los 2000 y los 2010 son décadas tiradas a la basura.

Romantizamos un pasado que no vivimos y somos extremadamente duros con aquel del que fuimos parte porque no vemos un resultado político en el presente. Ni una vía por la que poder seguir construyendo hacia el futuro. Y ante ese fracaso creemos que la única solución posible es una enmienda a la totalidad. Volver a empezar de cero.

Una de las tesis más repetidas sobre la izquierda contemporánea hoy es que ha perdido su imaginación. La capacidad de pensar escenarios políticos nuevos, nacidos no de contradicciones pasadas, sino de las desigualdades y los sistemas de poder y control contemporáneos.

Esta tesis, por supuesto, resumía la acampada de Sol de 2011 a una anécdota. Una nota embarazosa al pie de página, que había que correr rápidamente.

No quiero hablar de herencia ahora mismo, ni de quién hizo mejor o peor qué. O de quién está haciendo mejor y peor qué. Eso sería pegarnos un tiro en la pierna en medio de este nuevo ciclo que empieza.

De lo que sí quiero hablar es de lo imaginado por primera vez, de lo que vuelve a servir y de lo que puede volver a utilizarse. De las hojas de ruta que no se desechan por completo, sino que son capaces de parar en el camino para replantearse su acción y retomar la marcha, como la del Sindicato de Inquilinas de Madrid.

Toda acción revolucionaria no es un dogma, sino una praxis que evoluciona.

Volver a acampar en Sol hace que el 15M no fuera un error del que huir, sino una oportunidad a la que volver a aferrarse bajo la coyuntura y las condiciones adecuadas. Como seguro que será la próxima huelga general que tiene que suceder para ampliar aún más este nuevo impulso que se nos ha otorgado. La responsabilidad histórica es enorme. La huelga general debe volver a ser una herramienta política en manos de las generaciones que están llegando y llegarán.

Y esto puede servir también para tantos y tantos momentos ocurridos en los últimos 15 años, desdeñados y cerrados en momentos de frustración, cansancio y decepción como eventos pasados, destinados a olvidarse para siempre.

Después del 28S queda claro que la izquierda sí que tiene un manual y una imaginación política desbordante, capaz de generar una revolución de mil tiendas en medio del lugar y la situación más inesperada.

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Marcos del Mazo/LightRocket via Getty Images

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