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El futuro del pasado traumático
Me cuesta mucho imaginar un Hollywood capaz de producir un Magneto palestino, aunque no se me ocurre nada que tenga más sentido para este personaje.
3 de noviembre 2026 · 1 comentario
Nuestra manera de localizar a los héroes y villanos contemporáneos dentro o fuera de los límites de lo razonable, lo justo o lo comprensible es mediante sus orígenes trágicos. A menudo es la única parte esencial de un personaje.
Hay muchas cosas que pueden cambiar en la historia de Batman, empezando por la pinta que tiene el propio Batman, pero una constante debe permanecer: sus padres tienen que estar muertos. Si no, ya no sería Batman.
El problema es que, como se hace cada vez más evidente, el reclamo nostálgico de la industria, así como la necesidad de apostar por productos consolidados, impide la renovación narrativa. Las historias se agotan. Si quieren hablarnos doce veces del mismo desgraciado con superpoderes se ven obligados a cambiar de estilo y de reparto, pero el pasado traumático no puede desaparecer.
Sabemos que Spider-man, por ejemplo, es Spider-man porque su tío Ben, antes de morir, le grabó a fuego que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Así sucedió en los cómics y así volvió a suceder en la adaptación protagonizada por Tobey Maguire y de nuevo en la protagonizada por Andrew Garfield.
Por poner un contexto cronológico: en los últimos veinticuatro años se han estrenado nada menos que once películas de Spider-man en solitario. La primera de Maguire fue en 2002 y la última en 2007. Luego, tan sólo cinco años después, se estrenó la primera de Garfield. La última de Garfield tuvo lugar en 2014. Tres años después, el Spider-man actual, interpretado por Tom Holland, tuvo su primera película en solitario tras haber aparecido ya un año antes como secundario en otra cinta de Marvel.
De lo que estamos hablando aquí es de que el tío Ben estaba muriendo demasiado a menudo para que a nadie le siguiese afectando. Se estaba convirtiendo en un requisito narrativo que había que sacarse de encima cuanto antes. ¿Solución? Presentar al Spider-man ya sin tío, dejando que las cinco películas pasadas hagan el trabajo explicativo y esperar a la tercera película de Holland para, esta vez, asesinar a su tía May. Aquí es Marisa Tomei la que suelta la archiconocida sentencia sobre el poder y la responsabilidad. Misma fórmula, distinto orden. Spider-man conserva su origen traumático y puede seguir siendo comprendido como Spider-man.
Sea noble o cuestionable, la identidad de héroes y villanos debe cristalizarse mediante un shock irrevocable. Y es esencial que el público vea el trauma en las acciones de unos y de otros, no sólo las propias acciones. No importa que Mister Frío, interpretado por Arnold Schwarzenegger, robe diamantes. Lo importante es que los robe para salvar con tecnología criogénica a su esposa Nora, que tiene una enfermedad terminal. El público comprende que no es sólo una caricatura robando joyerías a diestro y siniestro, sino un individuo sobreponiéndose a una tragedia como bien puede.
Con el paso de los años, algunos traumas pierden efecto. En la situación que acabo de exponer, el propio Mister Frío puede leerse menos como un tarado y más como una consecuencia del sistema sanitario estadounidense. El John Q del universo DC.
Del mismo modo, es cada vez más complicado sentir empatía por Batman, que en su calidad de justiciero no deja de ser un representante de los billonarios del mundo, un caballo de Troya propagandístico que intenta convencernos de que en realidad la riqueza está bien distribuida. La existencia de Elon Musk o Donald Trump hace que ser un superhéroe con mayordomo deje de parecer cool. El Joker, por otro lado, ha dejado de ser el loco mafioso que nos mostró Jack Nicholson para terminar representando la pulsión anárquica de una sociedad reprimida.
¿Cómo consiguió Nolan que empatizásemos con Batman? Exiliando a Bruce Wayne, separándolo de su entorno y de su mayordomo para curtirlo en la vida y desligarlo de la comodidad. ¿Cómo consiguió Todd Phillips que empatizásemos con el Joker? Codificándolo como un lobo solitario neurodivergente ajeno a cualquier tipo de comunidad criminal y haciendo que le pegase un tiro a un presentador de televisión. Es decir, Nolan nos da la satisfacción de ver a un rico atormentado y Phillips la satisfacción de un individuo aislado que actúa de forma contundente (desde Sustrato queremos mandarle un saludito a Luigi Mangione).
Algunos pasados traumáticos tienen fecha de caducidad. El tío Ben funciona como disparador identitario de Peter Parker en cualquier época. El público siempre puede empatizar con la pérdida de un familiar como método de cristalización. Dado que el tío Ben y la tía May mueren a manos de criminales genéricos en condición de representantes del "ciudadano honrado", la herencia de Spider-man es clara.
Pero vayamos al polo opuesto del espectro, donde los criminales no son genéricos ni las tragedias aleatorias. Pensemos en Magneto.
Para quien no esté familiarizado con el personaje, Magneto es el sobrenombre de Erik Lehnsherr, un mutante capaz de generar y controlar campos magnéticos. El origen traumático de Lehnsherr es el holocausto. Lo arrancan a él y a toda su familia de la Polonia de principios de siglo y los envían a un campo de concentración nazi. Sólo sobrevive Erik.
Si bien a menudo es presentado como un villano, como público no nos cuesta comprender por qué su mayor miedo es el exterminio de la raza mutante. Su calidad de supervillano carece de frivolidad gracias a su calidad de superviviente.
Bien, entre 2000 y 2019 se produjeron ocho largometrajes en los que aparecía Magneto. A veces como antagonista principal, a veces como aliado de moral gris con repentinas tendencias homicidas, a veces como individuo que ha alcanzado la serenidad tras haber expulsado la rabia.
La primera aparición de Magneto como superviviente del holocausto fue a principios de los 80, en los cómics. Entonces el personaje tenía entre 40 y 50 años. Luego, en su paso al cine, fue interpretado por Ian McKellen. En aquel momento, el actor tenía 60 años y la correspondencia histórica, aunque plausible, empezaba a parecer forzada. ¿Con cuántos años había estado Magneto en el campo de concentración? McKellen formó parte de una trilogía que concluyó en 2006, con X-men: La decisión final. Después, en 2011, a diferencia de la mayoría de películas de superhéroes que se ambientan en la misma época en que son rodadas, X-men retrocedió en el tiempo con La primera generación. Esta nueva entrega transcurría en 1962 y Magneto estaba interpretado por Michael Fassbender. Las tres películas que vinieron después de esa transcurrieron en 1973, 1983 y 1992. En todas ellas resultaba realista proponer el mismo origen para el personaje.
La próxima aparición de Magneto será en Vengadores: Doomsday. Ian McKellen ha retomado el personaje a los 86 años, me arriesgo a decir que por última vez. La industria ha alcanzado un límite con Magneto. El futuro de su pasado traumático no puede seguir siendo el holocausto.
Marvel ha anunciado un reboot de los X-men, que contará con un nuevo casting y, según parece, estará ambientado en el presente.
Pregunto: si respetamos el hecho de que, a diferencia de Spider-man, la identidad de Erik Lehnsherr debe cristalizar en un genocidio y no en una tragedia familiar privada, como la de Spider-man, ¿tiene sentido que, hoy por hoy, siga siendo judío?
Me cuesta mucho imaginar un Hollywood capaz de producir un Magneto palestino, aunque no se me ocurre nada que tenga más sentido para este personaje.
En La primera generación, Michael Fassbender aparecía localizando y apuñalando ex-nazis ocultos en Sudamérica. ¿Será la industria lo bastante consecuente para dibujar a un Magneto asesinando a criminales de guerra israelíes? ¿O la venganza histórica no se puede aplicar sobre los sionistas? ¿Es todavía demasiado pronto? ¿Tarantino puede hacerlo con los esclavistas sólo porque Django está ambientada en 1858? ¿Es tan descabellado utilizar el extermino de Gaza como método de empatía?
Tristemente, me figuro que el próximo Magneto estará codificado en términos norteamericanos. Puede que se saquen de la manga una barbaridad ficticia para no tener que recurrir a las barbaridades que tenemos delante. Un universo paralelo lleno de nazis tardíos, por ejemplo (quiero decir, nazis alemanes tardíos, no los nazis israelíes tardíos de nuestro universo), o una masacre dirigida expresamente a los mutantes para que cualquier analogía con la sociedad contemporánea sea un asunto de debate en reddit y no una proclama política.
No sé.
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