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El tiempo se pilló los dedos. Veinte años de Pablo Moro.
En el concierto en el que había que estar era en éste, no me hablen de Rosalías ni Budbunnys.
22 de abril 2026
En el concierto en el que había que estar era en éste, no me hablen de Rosalías ni Budbunnys.
Luce bigote, atisbos de melena con alguna cana, es fortachón y no puede negar su bondad, porque le viene de familia. Fue, y es, la banda sonora de una generación que vivió un Oviedo que recogía la espuma de esa noche que él y otros descorcharon. Esas chustas que nos dejaron antes de que se desmoronara el mundo, pero resistimos.
Hace veinte años, Pablo Moro sacó ‘EMEPETRESES’, su primer disco, y la noche del último viernes volvimos a Tribeca para celebrar aquello que fuimos y en lo que nos hemos convertido. Ya no recuerdo nada de ese púber incipiente que escuchó por primera vez ‘Entre vodka y caramelos’ en un vestuario del Centro Asturiano y al que alguien le dijo que era el hermano de nuestro delegado de fútbol. Me acuerdo del momento, o puede que esa gran fabuladora que es la memoria me esté jugando una mala pasada. Luego llegó el CD al coche de mi padre, y aquellos viajes en los que no importaba el tiempo y era feliz, sin saberlo, porque éramos tres.
Vuelvo a estar en Tribeca, a esa hora en la que a los quince años éramos reyes, escuchando a un amigo, con la sonrisa en la cara y flanqueado por gente a la que quiero mucho. Conocer a tus ídolos no siempre es lo idóneo, porque suele acabar en decepción: es muy difícil mantener la atención y el interés en la embestida corta. No ha sido así con Pablo y los suyos: chicos listos. Nunca es así con los Moro.
En el concierto en el que había que estar era en éste, no me hablen de Rosalías ni Budbunnys. Los que crecimos con esta banda sonora, con un tipo que sabe hacer las noches eternas y con olor a verano, no pudimos más que emocionarnos con alguna de esas canciones que sólo él sabe en quién piensa cuando canta, y cada uno de nosotros sabemos quién se nos viene a la mente cuando le escuchamos.
Con clase, voz y fuerza PM mantuvo el concierto en lo alto, muy cerca del cielo. ‘Álbumes de fotos’ abrió la noche, para luego pasar por ‘María’, sin olvidar ‘Vodka y caramelos’, a la que volvió dos veces para rematar el espectáculo. Se notó que Pablo, Alejandro, Antón, Álvaro y Sam disfrutaron bajo el calor de los focos y de las casi 500 personas que no dejamos de corear en ningún momento.
Dijo Pablo Moro que este concierto, celebración de su primer disco en la calle, era una excusa más para reunir a la banda, ensayar, ser felices y hacérnoslo pasar bien. Entre nervioso y entusiasmado, levitó en el escenario, y el tiempo al pasar se pilló los dedos. Ya no iremos a ningún sitio, porque nos quedaremos en esta sala por mucho que pasen los días.
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