Gastronomía

Contra los influencers que no saben leer

Dame un tipo que coma 320 días al año en casa, que haya leído a Camba, Pla, Luján o Vázquez Montalbán.

1 de junio 2026


Me quedo atónito tras las contestaciones de cocituber y cenandoconpablo al artículo que escribí sobre no viralizar los bares que te gustan. Partiendo de una particularidad -el vídeo de cocituber en el bar Antonio de San Sebastián-, reflexionaba sobre el daño que hace -nos hace- que un sitio se vuelve mainstream y turístico. Está claro que un local de hostelería tiene que dar dinero, nadie con dos dedos de frente está en contra del parné, lo que quería expresar -lo intentaba, al menos- es que la pérdida de identidad de ciertos locales altera la idiosincrasia de los lugares, modificando para siempre la vida de los vecinos. No voy a dar mis explicaciones, porque creo que queda bastante claro en lo que he escrito.

Sí me llama la atención cómo han saltado estos influencers ante unas frases descontextualizadas en Instagram, cómo han entrado al cebo sin freno. Cuando escribo, lo hago para unos lectores que pienso informados y mucho más inteligentes que yo, por eso no era de creerme que la gente se queda con un titular y la negrita. Una vez más, me equivocaba. Sólo hace falta ver los comentarios de varios energúmenos incapaces de leer y comprender cuatrocientas y pico palabras, analfabetos funcionales con cámara y altavoz mascando a mandíbula descerrajada mientras tratan de descifrar un mísero artículo de un pelele como yo.

Estoy con ellos en lo de que el periodismo va muy mal, pero tanta culpa o más tienen los lectores como los que escribimos. Sobre todo, porque no sabemos ponderar lo bueno y lo malo, porque damos audiencia e importancia a gente que sin saber opina, y lo peor de todo es que lo cuenta mal. Dame a Umbral inventándose las noches y las historias, que sea genial y que le jodan a todo lo demás.

En esto de la gastronomía estamos dando tribuna a gente que se enorgullece de comer 365 días al año fuera de casa, sin saber que lo importante reside en el origen. Dame un tipo que coma 320 días al año en casa, de la mejor forma que pueda y con la mayor calidad que se pueda permitir, que haya leído a Camba, Pla, Luján o Vázquez Montalbán. La comida, como todo, también se lee. Se trabaja desde unas páginas, la huerta y la cocina para acabar en una mesa celebrando el producto y siempre la compañía. Comer es a la vez subsistencia y placer, una necesidad que convertimos en felicidad si se dan las circunstancias.

Espero su respuesta, aunque lo dudo, porque para ello hay que leer antes todo el artículo, y todas las referencias, dada su forma de actuar, hacen presagiar que no será así.


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