Música

En1gma Club: «Necesitamos que todos los colectivos culturales encuentren un canal de comunicación, un sindicato»

Vivienda, precariedad y cultura club.

5 de noviembre 2026


Un macrofestival publica el cartel para su próxima edición en el entorno de una gran ciudad y anuncia la fecha de venta de abonos, donde cada fecha ronda los 60.000 asistentes al recinto. En el centro de esta, lo más parecido que existe a unos espacios neutrales son pequeños negocios de libros y vinilos o salas de conciertos con números en caída libre —antes huellas de la gentrificación, ahora carne de cañón de la especulación— y locales dirigidos a la concepción turística de la oferta ‘gastro’ y el ocio nocturno. Aunque en muy diferentes niveles de responsabilidad, la estratificación urbana convierte a la cultura en un rehén de la coparentalidad económica española, basada en la economía turística e inmobiliaria, donde la ciudad es una franquicia de franquicias.

En una concepción interseccional de entender problemas diferentes como causas que se afectan entre sí, el contexto actual obliga a toda expresión cultural a identificar a sus enemigos, invocando el necesario texto del compañero Javier Pomares, no sólo en términos simbólicos, sino también abordando problemáticas materiales como la situación del acceso a la vivienda.

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Los eslóganes pueden explicar mucho con pocas palabras, pero corren el riesgo de frivolizar con causas legítimas

Consciente del contexto actual, la gente de En1gma Club, una fiesta dirigida al objetivo de ser espacio de reunión del colectivo LGTBI+, publicaba recientemente un post en Instagram en el que reafirmaba su voluntad de no dejar las cuestiones materiales fuera de su pista de baile. En la publicación, se denunciaba cómo dentro de la crisis por el acceso a la vivienda, razón de las grandes movilizaciones y acampadas del último mes, el colectivo sufre tasas de precariedad, dificultades para pagar el alquiler y situaciones de sinhogarismo ampliamente superiores a los de la media nacional. Hablando con Vissi y José, miembros del colectivo que hace posible En1gma, cuentan qué motivó a lanzar esa publicación en redes: «Íbamos por la acampada (de Sol)  y no parábamos de encontrarnos con gente de nuestro público, de la escena, mucha gente queer (...) Es imposible no querer hablar del tema, es lo que está pasando. ¿Cómo no vamos a hablar de ello?». 

Del esfuerzo entregado a En1gma y de su implicación en las últimas semanas dentro de la acampada de Sol no solo se extraen aprendizajes de su asentado concepto de la relación del individuo con la fiesta, sino que también se vislumbra una creciente conciencia de la cultura como fuente de energía para otras posibilidades políticas.

En1gma Club, a diferencia de lo que convencionalmente se entiende por ir a una discoteca como relación transaccional de un cliente accediendo a un negocio, propone una idea de asociacionismo que establece un vínculo consciente del público con la misma. Los compromisos compartidos entre organizadores y público provocan una protección que libera a las personas más vulnerables de lidiar con el clima hostil y discriminatorio de todo lo que no se ajusta a la norma de identidades y expresiones heteropatriarcales y blancas. En1gma Club ha pasado por etapas difíciles, en las que han tenido que ajustarse a varios cambios de espacio y situaciones que no les permitieron realizar su fiesta plenamente bajo sus términos. Vissi explicaba sobre el pasado de En1gma: «Estuvimos en un club concebido como ‘normal’ con su dueño, su equipo de seguridad y su manera de actuar. Ahora es bastante distinto, estamos en una asociación cultural en la que cuidamos más el espacio, donde nos dejan ser más libres y tener nuestras ‘no normas’. No hay nada escrito, pero hay un código implícito de respeto donde podemos cuidar más de nuestro público». José remarcaba que «la seguridad del recinto en un club normativo o comercial no significa la seguridad de la comunidad. Ellos tienen un protocolo muy dirigido al recinto, lo que no da garantías a nuestro público».

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La licencia de asociación cultural, diferente de la relación regular entre una promotora con una sala, permite crear una posibilidad excitante de fiesta, pero que también contiene amenazas. «En aquel club convencional, nunca vivimos una redada. Sin embargo, en una asociación cultural como la Fabryka vivimos un cierre a consecuencia de los constantes controles policiales». Recientemente, explicaban en una nueva publicación en redes, cómo las asistentes a sus fiestas han sido objeto de cacheos y controles injustificados dentro de un patrón de comportamiento autoritario  generalizado contra el colectivo LGTBI+:

En1gma Club es un proyecto que se ha desarrollado en los espacios industriales de los entornos de Alcorcón y ahora en Vallecas. La ciudad y su centro ejercen una jerarquización del espacio hacia una oferta cultural hegemónica de negocio. En oposición y al margen de la atención institucional, surge una oportunidad de versión de cultura ‘club’ diferente. Pese a que entienden que el coste del alquiler comercial es una barrera que descarta a las asociaciones culturales del centro, defienden su existencia en el extrarradio como una posición elegida: «Descentralizar es una decisión política. Es la única manera de que personas que no tienen poder adquisitivo puedan realizar y acceder a proyectos culturales». 

Experiencias como las de Berlín, capital europea de la cultura ‘club’, señalan que la protección institucional puede ser un paradójico desarrollo involutivo de la contracultura. Convertir un aspecto de una ciudad en una marca identitaria la vuelve susceptible de ser manipulada como elemento meramente estético para rentabilizar las periferias donde se crearon las redes comunitarias y, tras ello, expulsar a los miembros que participaron de su construcción. Al preguntarles por esta posibilidad, la ven lejana en el corto plazo, considerando que Madrid está en una etapa más primitiva respecto a otras ciudades europeas, tanto en la atención institucional como en el público aludido por la ‘cultura club’: «Las instituciones aquí no dan reconocimiento cultural al club, lo que provoca que el ‘underground’ en esta ciudad se desarrolle de forma diferente a otras ciudades. Siento que mucha gente en Madrid no sabe lo que pasa en la periferia». En un intento de anticiparse a un futuro escenario de gentrificación, aunque desearían ser institucionalmente avalados, son conscientes de que no van a encontrar «protección y garantías de quienes gobiernan». Por ello, intentan desarrollar una «responsabilidad política» en su modo de operar dentro de la escena, en la que si bien reconocen no tener «una vacuna» contra poderes que superen las resistencias de la propuesta, si despliegan una coherencia discursiva que refuerza los nudos relacionales establecidos. Entre sus medidas, destacan el desarrollo del ‘Community Ticket’ el cual sirve para asegurar que personas en situación de discriminación y marginalidad sean acogidas dentro de la fiesta a un precio asequible o el desarrollo de la propuesta ‘Talk to Enigma’, la cual describen como «un espacio de comunicación horizontal» que pretende superar el encuentro ocasional de la participación en la fiesta y que la comunidad sea parte activa en la evolución del proyecto. 

La vocación de avanzar hacia una militancia que tanto En1gma como su público ejerce y reclama, hacía obvia la presencia de sus participantes en los movimientos por la vivienda, tal como se comentaba anteriormente. Vissi y José describen sus semanas en la acampada de Sol como una situación excepcional de autogestión. «Nuestra generación estaba desmoralizada, y ver que si tenemos la fuerza para reclamar lo que es nuestro desde la organización es muy bonito». El germen de autoestima colectiva que nace de las plazas se entiende como una coyuntura que invita a nuevas ambiciones dentro del asociacionismo cultural. En1gma Club lanza la idea a quien la quiera recoger: «Necesitamos que todos los colectivos encuentren un canal de comunicación: un sindicato. Es una idea que tenemos planteada».

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Si quieres enterarte de sus próximas fiestas, puedes seguir a @en1gmaclub en Instagram y la agenda sustrato.

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