Interiores

First We Take Manhattan

Así que te das una ducha fría. Limpias el baño porque esta semana te toca a ti. Cocinas un plato aparentemente saludable. Subes una story medio hot. Te saltan las lágrimas cuando suena Enrique Morente.

11 de agosto 2026


Es imposible abocarte de nuevo al vacío más tremendo cuando tienes amigos inteligentes. Es casi imposible sostener el socavón cuando tienes amigos inteligentes.

Puedes fingir ceguera durante un instante, pero siempre acabarán encontrándote.

Tener amigos inteligentes puede salvarte del dolor.
Y con dolor me refiero al dolor que provoca el mundo.

Todo el mundo vuelve a casa de sus padres en verano. La ciudad se queda vacía. Sobreviven tres o cuatro. Los que no soportan pasar demasiado tiempo en familia. Los que trabajan.

Volver es darte cuenta de que te has convertido en una desertora. Tus primos se han hecho mayores. Tus amigos han cambiado de novio. Ahora trabajan en una cadena de fast food. Intuyes, pero tampoco indagas, que alguno de ellos está cayendo en una profunda depresión. Incluso deseas enamorarte de uno de ellos. Ni siquiera es por amor, es pura geografía. Fantaseas con darle un beso a ese amigo de la infancia en la fiesta del sábado. Que ese amor te obligue a quedarte. Vivir a tres calles de tu madre, casarte y tener un hijo en el pueblo. Comprar embutido. La lotería.

Pero no. No es eso.

Tú ya no eres de aquí. Te lo recuerda el aburrimiento. A las cinco de la mañana sales de Spook. Ligeramente borracha. El aburrimiento funciona, en este caso, como resistencia. En casa sobró un táper de arroz al horno. Está más bueno ahora que hace dos días. Tu madre se levanta a mear y te dice vaya horas. Vaya hija, piensas tú. La miras desde el marco de la puerta, con su camisón de seda negro, y la extrañas. Aun teniéndola delante, la extrañas. Se sube las bragas y te da un beso. Te miras al espejo y estás guapa. La noche te pone guapa. La noche es generosa contigo. Bailas ridículamente mientras te cepillas los dientes.

Dormir no duermes: te desmayas.

A la mañana siguiente te despierta el sol. Qué sofocante el sol. Lo primero que haces es cagar. Anoche te pasaste. El olor a tabaco te repugna. Más le repugna a tu madre. La casa está impoluta. Te preguntas si algún día serás capaz de levantarte pronto y recoger una casa entera. Si tu cuerpo tendrá fuerzas.

El desayuno es un combo mortal: unas pastillas del herbolario que te regulan el ciclo menstrual, la pastillita de la felicidad y un Enantyum, todo mezcladito con café y aguacate sobre pan de centeno. La farmacología de una mujer contemporánea.

En días como estos piensas en hundirte. Entregarte a la fiesta. Dejar la terapia. Hacer ghosting. Probar las drogas. Abandonar los estudios. Ser una maleducada.

Es imposible abocarte de nuevo al vacío más tremendo cuando tienes amigos inteligentes.

Te despejas la carita y recoges tu habitación. Llamas a tu colega. Te recoge en un par de horas. Te pones un look atrevido. La camiseta que transparenta las tetas. Sí. Esa. Te gusta que en el pueblo sepan que vienes de fuera. Pero te molesta que te lo digan tus amigos. Te dicen que te has vuelto una moderna. Respondes que tu corazón es puro todavía. Que amas tu tierra. Que a veces piensas en volver. Se ríen. Qué cabrones.

Te despides de tu madre en la estación. Vuelves a dejar la ciudad. Coges un bus donde roncan en varios idiomas. Llegas a tu casa y estás sola. Te pasas una tarde entera llorando. Piensas en abandonarte de nuevo. Quedarte en esta cama hasta fundirte con ella. Que te encuentren tus compañeros de piso y alerten a tu familia. Pero es imposible abocarte de nuevo al vacío más tremendo cuando tienes amigos inteligentes.

A ti te han educado tus amigos. Te comportas medio-bien porque te han enseñado tus amigos. No te dejarían hacer el ridículo ni hacer daño a nadie. Te tienen bien cogida. Bien adiestrada. Saben de qué pie cojeas. Si un día lo destrozas todo, te ayudarán. Pero al día siguiente te harán recogerlo. Un día te sacarán de la cama. Al día siguiente, habrás aprendido a hacerlo sola. Te habrán enseñado a hacerlo sola.

Así que te das una ducha fría. Limpias el baño porque esta semana te toca a ti. Cocinas un plato aparentemente saludable. Subes una story medio hot. Te saltan las lágrimas cuando suena Enrique Morente. Te vistes con pereza. Quieres innovar pero no funciona. Recurres a lo de siempre. Te calzas un moño alto y deshecho. Estás hinchada de miedo. Tu cara está desfigurada. El aire te azota las pestañas. Hoy pesan. Pero, aun así, sales. Sí. Sales. Porque tus amigos te han hecho inteligente. Porque hay que seguir. Porque los tienes a ellos. Los amigos inteligentes son una forma de vigilancia. Y ahora abocarse al vacío es casi imposible.

Sigue a Nadia Risueño

Recibe un email con todos los nuevos artículos de Nadia Risueño


¿Qué opinas?

Sin comentarios
Deja un comentario...
Cargando comentarios…

Únete a la conversación

Para comentar necesitas una suscripción activa. Accede o abónate para participar.



Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Nadia Risueño

Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.

VER PLANES