__MESSAGE__
Tu nueva novia me la suda
El amor no ennoblece, sino que humilla.
22 de junio 2026
Todo lo que no aceptas con una pareja acabarás aceptándolo con la siguiente. Te atropellará sin importar la forma. Lo que no le pudiste dar a una, se lo darás a otra y al revés.
Con una no querrás tener hijos. Odiarás dormir abrazado. No aceptarás que tenga gatos. No tolerarás la soberbia de su madre.
Es curioso cómo siempre, después, el ser humano se adapta para que lo quieran.
Tendrás tres hijos y los llamarás como ella quiera. De hecho, llamarás a tu primer varón como a su padre. Tendrás un hijo que se llama Francisco y te dará igual. Dormirás sudando, abrazado, en verano, a 40 grados. Te llenará la casa de gatos. De gatos feos que ni te van ni te vienen. Darás un discurso precioso sobre tu suegra en tu boda.
Y eso que un día prometiste que no harías nada de eso. Todos nos adaptamos para una chica guapa. El ser humano es así de dócil.
He visto a mis exs convertidos en ratas harapientas. Aburridos, esto es lo peor. Doblegados ante la novia. Haciendo justo aquello que no querían hacer conmigo.
Se sacan el carnet de coche. Lo de mejorar sus vidas les gusta mucho. Ser mejores personas. Más funcionales.
Es algo que no tiene que ver con una misma —esto me ha costado mucho entenderlo—. Solo es que funciona así y ya está.
El amor no ennoblece, sino que humilla. Es deprimente vernos hacer tantas tonterías por encajar. Tan tiesos. Tan asustaditos. Haciendo el ridículo. Fingiendo que te interesa estar viva. Fingiendo que no te duermes con el corazón aplastándote.
Hay un momento en La peor persona del mundo donde ella le dice algo así como que merece una mujer más asentada, que no explotase cada seis meses. Entonces él le responde:
A mí me gusta que explotes.
Yo, si algo soy, es experta en rupturas. He tenido muchas y todas muy trágicas. Es algo que me obsesiona: el momento de destrozar un corazón. Follar como bestias. Llorar como un bebé. Discutir como una zorra.
Eso siempre me ha atraído porque es una catarsis: nadie sale igual de una noche de ruptura. Hay quienes tardan varios días. Yo me recuerdo bañándome con uno de ellos, mientras lo veía llorar, y sus lágrimas eran más densas que las que caían del mango de la ducha. Con él me hice experta en trámites burocráticos relacionales. Lo dejamos como cinco veces y todas ellas igual de extrañas, como un sueño febril que te hace caer enferma, pero donde los destellos de luz son bellos y tenebrosos a la vez.
Pasábamos días en casa, encerrados en la que era mi habitación. Aquella bonita habitación por la que pagaba 180€. Nos alimentábamos medio mal, pidiendo comida a domicilio. Debatiéndonos entre la risa o la muerte.
Perdí mucha vida aquellos días. Aquellos años. Hay palabras que no deberían existir. Es tan erótico como sádico.
Con el tiempo he aprendido a regularme. Un fogonazo de ira se me atraviesa de vez en cuando y exploto en miles de colores. De vuelta a la niña problemática. Mido mejor mis actos. Ya no lanzo objetos punzantes, ni desprecio al que tengo frente a mí.
Siempre hay algo profundamente humillante en descubrir que las personas cambian. No porque cambien para ti —qué vulgaridad—, sino porque cambian para otra.
Soy capaz de imaginarme a mi ex paseando un carro de bebé por el paseo marítimo. Soy capaz de verlo. Puedo imaginar que es feliz. Que folla los miércoles si la noche se presta. Puedo hasta ver la cara de su hijo. Un hijo normal. No demasiado guapo. Un hijo normalito. Normalito como él ahora.
Lo veo buscar en Google si treinta y ocho de fiebre es mucho para un niño.
Ha dejado atrás la destrucción. Ya no fuma, pero a veces desea echarse un cigarrito en la terraza. Frente a los fogones de la cocina, alguna vez pensó en quemarse una mano. Sentir algo escalofriante.
Me alegro de que tenga esa vida.
Cuando pienso en aquella frase de La peor persona del mundo me enfado un poco. Es una de esas frases que dices para que la otra persona se quede. Es una frase falsa. Es una ilusión momentánea. Casi siempre, al acabar de follar, vuelven los fantasmas. Él odiará que explote cuando pasen seis meses; seguirá odiando todo lo que odia de ella. Cada día con más intensidad, incluso. Hace rato que él tampoco quiere estar con ella. Le gusta que alguien camine por la casa y tener con quien dormir abrazado. Pero cuando ella rompe un vaso, él debe enfurecerse como un toro bravo. Porque el amor se acabó. Porque el amor se acaba. Y quedan otras cosas: una vida normal, un hijo normal, un sexo normal, un día tras otro normal.
Hay quienes lo aceptan. Hay quienes se resignan. Quizá por eso resulta tan humillante encontrarte años después con alguien a quien amaste y descubrir que ya no necesita nada de lo que tú le dabas.
Ayer un argentino casado me dijo que, con casi 50 años, sigue sintiendo la capacidad de enamorarse como un niño de 15 años. En sus ojos no había reparo ni miedo. Lo decía con total transparencia, con certeza, con ilusión. Decía que esas cosas te arrastran, tarde o temprano, que la piel es sabia.
He vuelto a fumar más de lo normal. Me he fumado un cigarro mientras escuchaba Meditación para visualizar objetivos cumplidos: RETO LEY DE ATRACCIÓN 21 DÍAS. Me olvido de comer si no me lo recuerdan.
Me olvido de comer si no me lo recuerdan.
Hace días que mi madre no sabe nada de mí.
La vida insiste en mí con una delicadeza que no entiendo.
Tengo las uñas sucias. Paso la noche caminando.
Me olvido de comer si no me lo recuerdan.
Está bien pagado el amor, me dijo un amigo.
Tengo el cuerpo agitado. Compro comida para las mujeres de la calle.
Pero yo me olvido de comer si no me lo recuerdan.
Todo pudo ser magnífico.
Todo pudo ser ridículo.
Qué humillación.
¿Qué opinas?
Sin comentariosMi corazón es un call center
Por Nadia Risueño
me gustaría tener un novio sólo para textearle que viviese muy lejos y que nunca quisiera verme, sólo mantenerme entregada al texting
Querida Andrea: yo soy Cantona y tú Matthew Simmons
Por Nadia Risueño
Sí, Andrea. Esto va para ti. El viernes, a las 15:41, me respondes a una historia donde aparecen banderas palestinas, preguntándome si me preocupa lo que pasa en mi país.
El skincare coreano no basta
Por Nadia Risueño
La producción en auge de TikTok, donde las caras de marfil brillantes te clavan sus puñales a través de la pantalla, me tiene cambiando todos mis hábitos
Un verano te romperán el corazón
Por Claudia Vila
Es verano y eres joven, pero tienes el corazón roto, de modo que no te sirven ni el verano ni ser joven ni todas sus consecuencias (...) Te han dejado en el peor momento (siempre es el peor momento).
Levantar cabeza
Por Patricia Conor
El día que empecé a pensar este texto yo cruzaba los antiguos Callejones de El Perchel, de camino a la manifestación por la vivienda del 9 de noviembre de 2024. Caminaba hacia delante cuando el sonido de una grúa de demolición me sacó de mi ensimismamiento. Alcé la cabeza y observé atónita cómo una bola de derribo impactaba contra el muro de piedra que hasta entonces las vecinas, que miraban conmigo, habían llamado barrio, habían llamado casa.
a cuerpo triste.
Por carlotta cosials
me mudé hace unos años y (estúpida ambiciosa) decidí comprarme una cama gigante porque pensé (me prometí) que nunca volvería a vivir en una habitación tan pequeña como para que mi nueva cama gigante no cupiese.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Nadia Risueño
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES