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José Mourinho, el dedo que señaló el camino de la ultraderecha
4. La identidad punki y victimista. Mou, como Vox y muchas ultraderechas, han entendido muy bien la fuerza de la irreverencia y el agravio.
8 de junio 2026
4. La identidad punki y victimista. Mou, como Vox y muchas ultraderechas, han entendido muy bien la fuerza de la irreverencia y el agravio.
Cuando José Mário dos Santos Mourinho Félix llegó al Madrid por primera vez los madridistas ya le querían. Eran años oscuros para la hinchada. Florentino Pérez había regresado con su aura de ser superior, pero en su primera temporada, pese a contar con Cristiano Ronaldo, Kaká o Benzema, el equipo se fue de vacío. Quedaba, sin embargo, esperanza: el Barça de Guardiola que enamoraba al mundo y amenazaba con volver a ganarlo todo (incluída una potencial Champions en el Bernabéu) había encontrado su kriptonita en el Inter de Mou. El portugués, el “puto amo” ante los micros, había calentado el ambiente previo al cruce entre neroazurris y culés como si ya ocupara el banquillo de Chamartín. En rueda de prensa declaró que para el Barcelona llegar a la final no era un sueño, sino una “obsesión”. Y que esa obsesión se llamaba “Madrid” y “Santiago Bernabéu”. Bobby Robson, ex entrenador del FC Barcelona, declaró una vez que entrenar a los culers era como ser el general del ejército de Catalunya. Y no se equivocaba. Evidentemente hay más razones, pero los hechos son que el sentimiento independentista creció considerablemente durante los años 2010, 2011 y 2012, es decir, las temporadas en las que Jose ocupó el banquillo de la Castellana. “Él enardecía deliberadamente esa rivalidad”, opina el periodista John Carlin en el documental Dos Cataluñas.
Vale. Pero una cosa es que Mou pudiera encender el secesionismo y actuara como un ariete formidable contra un adversario poderosísimo (en lo ético, en lo estético, en lo político y en lo balompédico) y otra muy distinta que se le llame pionero de la ultraderecha. ¿De dónde sale esta hipótesis? En este artículo iré muy al grano. Estas son las siete razones por las que José Mário dos Santos Mourinho Félix fue, es y será un icono, un modelo y un maestro para los neocons, ultraderechistas y fascistoides de toda condición y pelaje.
- Anti buenismo conspiranoico. En la famosísima rueda de prensa en la que el entrenador lanza una hilera de por qués tras leer la lista de árbitros y agravios varios contra rivales del Barça… ¿contra qué ironiza el portugués? En efecto. Contra la publicidad de Unicef. Es decir, contra el buenismo. Esto es, contra la caricatura que la derecha neoconservadora (la de las guerras culturales, la de la agitación la propaganda, la que no pide ni perdón ni permiso) hace de la tolerancia, de la diversidad, del multilateralismo y de los buenos propósitos institucionales. Antes de que Vox, Milei o Trump atacaran al globalismo, a la ONU o a la agenda 2030, Mou disparó contra Unicef.
- Al fútbol se juega sucio y al contraataque. Esto admite mil matices, pero en la lectura ultra mourinhista y simplificada las patadas y el galope servían para contraponer el tiki taka colectivo y manierista de Guardiola. La idea de defenderse cual pitbull y salir como el séptimo de caballería (la eficacia contra la belleza, la superioridad física brutal frente a la artesanía inclusiva de la táctica, la masculinidad del choque frente a la finura de la técnica) simboliza para algunos mucho más que una decisión de pizarra. El mensaje se podría resumir así: en la vida y en el verde solo se trata de ganar, da igual cómo. Y puestos a elegir el cómo, elegimos la manera de los Hombres, del sudor, de la testosterona. Destruir a construir.
- La ruptura de todos los puentes y consensos con las instituciones y actores preexistentes. Mou no dejó títere con cabeza ni tierra sin quemar. Cuando salió del club le odiaba media plantilla, la mitad de la prensa deportiva y una buena parte de su afición. Sin embargo, como vemos, otra buena parte lo terminó idolatrando porque lo recordó como aquel héroe barra mártir que se atrevió a poner en su sitio a quienes lo merecían, a señalar las injusticias, a defenderles sin complejos, a luchar por ellos caiga quien caiga. ¿A quién quería contratar Florentino para ganar el relato mediático de la Superliga? Efectivamente, a Miguel Ángel Rodríguez, la sombra de Ayuso. El barro antes que la cortesía, la navaja antes que el señorío.
- La identidad punki y victimista. Mou, como Vox y muchas ultraderechas, han entendido muy bien la fuerza de la irreverencia y el agravio. Como explicaba Jorge Dioni, la derecha ha pasado de ser un señor respetable con corbata a ser el que aparca en la plaza de minusválido.
- La voluntad de poder. Luchar sin complejos es luchar sin complejos. Lo de seguir las normas mínimas de buena conducta es de tibios. Hay que golpear antes de que te golpeen. Se acabó el poner la otra mejilla. ¿Aplauden los mourinhistas convencidos que su entrenador metiera el dedo en el ojo a un rival? Oficialmente no. Pero no niegan que es una señal inequívoca de su carácter y su determinación. De su liderazgo, valentía, de coraje, de autenticidad y de bravura. La crueldad, la tiranía y el autoritarismo son peajes a pagar para recuperar y mantener el orden.
- La nostalgia. Este tipo de personajes desgasta, revoluciona y pone todo tan patas arriba que, incluso pasados los años, cuesta ordenar y colocar los restos del huracán. Y de ese shock y de esa desmemoria se aprovechan los que añoran regímenes añejos. Ante la imposibilidad y el pesimismo con el futuro, siempre podemos soñar con que el pasado fue de otra manera. La eterna fantasía de disciplinar el caos para que todo vuelva a tener sentido.
- La post ironía trol. A Mou siempre se le perdonaba un poco. Sobre todo a posteriori. Se alegaba que en el fondo era un show, que solo era fútbol y que interpretaba un personaje para ser escudo de su plantilla. La post ironía trol, tan importante para la ultraderecha, funciona igual. Entre broma bestia y bravuconada inocua, se acaba normalizando la entrada de discursos y de personajes que no tienen un pelo de graciosos. Mira cómo grita Milei, vaya loco, jaja.
Concluyo con una coda futurista. Cuando Mourinho se fue del Madrid, en junio de 2013, Vox no se había fundado y Ayuso no era nadie. Vaticino que no tardarán, ni la una ni los otros, en mimetizarse con él, en referenciarse en sus consignas y sumarse a sus éxitos. Veremos. Como dijo una vez The Special One, citando a Hegel, “la verdad es el todo”.
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