__MESSAGE__
La elegancia de perder el metro
Hay algo esencialmente bochornoso en la maniobra mal ejecutada, un residuo de fealdad cinética, moral, como la modelo que tropieza en la pasarela o el centro-chut que acaba en el anfiteatro.
20 de diciembre 2023
Los que volvemos a Instagram una y otra vez los hemos visto. Soy de los que desinstala la diabólica aplicación por rachas; a veces pienso que voy a aguantar y dejar el pulgar tranquilo una o dos semanas, tres, pero no hay manera: de golpe un meme desestabilizador nos hace la Lambretta de Djalminha y ya está, hemos caído: instalamos.
A mí me ha pasado con @metros.perder. Hace unas semanas –justo las que yo aprovechaba de asueto– comenzaron a circular en redes vídeos de, rigurosamente, gente perdiendo el metro. El formato es sencillo: un fino camarógrafo apostado tras las puertas de plexiglás, en las regiones nobles, captura la carrera de algún pobre hombre o mujer apresurado que, por centésimas de segundo, no accede al vagón. Se queda fuera triste, humillado, para regocijo de los de dentro que hoy llegarán dos (2) minutos antes a la oficina.
La conmoción fue total. La cuestión es que yo ya había reparado en eso. Nada más humillante, en efecto, que cabalgar hacia el vagón y ser tajantemente rechazado en el umbral. Y nada más absurdo, pues en dos o tres minutos otro vendrá a sustituir al previo y perdido metro. En La Coruña o Albacete o en el pueblo de mi novia el sprint quizá tenga sentido, pues la frecuencia puede saltar hasta los intolerables cinco, diez minutos Dios no lo quiera. Pero en Madrid no, no lo tiene.
El éxito de @metros.perder radica, precisamente, en que ha sabido catalizar ese elemento puro, carbónico de ridículo. Vaya por delante, he asistido en el metro de Madrid a aceleradas –yo mismo me precio de haber protagonizado algunas– dignas de plusmarca olímpica, que ven al atleta deslizarse como un Indiana Jones o un Neo de Matrix entre las compuertas automáticas justo en el momento en que empiezan a cerrarse. En tales casos la gloria es dulce, y uno puede hasta sentir la discreta admiración de los demás pasajeros. Pero también es excepcional; la norma es la derrota, el despilfarro de energía y el espantoso ridículo, pues hay algo esencialmente bochornoso en la maniobra mal ejecutada, un residuo de fealdad cinética, moral, como la modelo que tropieza en la pasarela o el centro-chut que acaba en el anfiteatro. Es, por tanto, mucho más prudente y razonable, por no decir refinado y de buena educación, caminar serenamente por el andén, como si se hubiese llegado ahí por casualidad o el metro lo fuese a esperar a uno en todo caso.
Ya lo advirtió Schopenhauer: lo único que nos separa de los animales es nuestra capacidad de resistir el estímulo. Tengámoslo presente la próxima vez que nos pinche el aguijón de la urgencia ante el vagón traicionero.
¿Qué opinas?
Sin comentariosEl ser querido
Por Ángel Insua
Sorogoyen es nuestro Salieri : hay en él una pugna por llegar, por vencer, por demostrar. Laxe cae mal sin quererlo; Sorogoyen cae bien a propósito. Y es ése, creo, el punto débil de su Ser Querido: se empeña en gustarnos, asentirnos, confirmarnos.
El misterio calculado
Por Ángel Insua
Mi reacción en la totalidad fue, tristemente, la decepción. Una decepción ligera, que trepó mi espalda y se enroscó en la nuca; me susurró al oído: no es suficiente.
Backrooms
Por Ángel Insua
Mi última obsesión: Backrooms. No sé si sabré articularla, si es que acaso este internet, este mundo fragmentario permiten articular en realidad nada
¿En qué plataforma está?
Por Elena Carmona
El problema radica, creo yo, en pagar directamente a una empresa para que programe por ti la forma en la que te relacionas con el arte y el conocimiento.
Dejad que los chavales farmeen
Por Pierre LL
Observo en mi generación un alarmante ataque de dignidad. En los boomers no me extraña tanto, al fin y al cabo, más de la mitad se creerían un vídeo de Pedro Sánchez saltando la frontera de Ceuta a caballo. Pero en los millennials me choca un poco. Primero, por una cuestión de legitimidad: cuesta creer que la generación que hace 15 años se compró la Power Balance se crea con la autoridad para hablar de las batallas de aura.
En cada mesa no hay nadie
Por Miguel Gómez Garrido
Noticia, reportaje, crónica, columna. No contenido, no piezas. Hablar de “piezas” o de contenido es igualar la panga del DÍA a la merluza de Burela, los episodios nacionales a montículos improvisados para el Scalextric.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Ángel Insua
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES