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La historia de quien cuida la historia
Una conversación con el Archivo de la Memoria Trans Argentina.
10 de agosto 2026
La belleza, el goce, la risa y la lágrima. La amistad, la comunidad, el erotismo, el dolor, la carencia, la potencia y el brillo. Estos son los afectos que habitan las paredes del Club Atlético Lxs Amores en una exposición comisariada por la artista argentina Lali que recorre catorce años de trabajo del Archivo de la Memoria Trans Argentina.
A quienes estamos aquí nos han traído la memoria y el afecto. Tenemos algo en común incluso antes de conocernos y lo sabemos cuando las paredes pintadas de rosa de la sala nos devuelven los nombres. La Bolaso. La Conde. La Vogue. La cuchillera. La Rudy. Sus rostros, fotografiados y recuperados a lo largo de los años, ondean en la sala como banderas de una lucha todavía en disputa. Hoy estamos todxs aquí. También lxs que se fueron.
Dos semanas antes de que el azar nos reuniera en esta sala, una videollamada que cruzaba Argentina, Croacia y España me reunía con María Belén Correa y Cecilia Estalles, dos de las impulsoras del Archivo de la Memoria Trans Argentina.¹
¿Cómo empezó todo?
Belén Correa : El archivo no nació con la pretensión de ser un archivo. La primera voluntad fue encontrarnos. Con Pia (Claudia Pia Baudracco¹) quisimos reunir a las compañeras sobrevivientes porque durante más de treinta años nadie sabía dónde estaba el resto, fue como un desparramo. La Argentina es enorme y cada una había escapado hacia una provincia distinta, al sur, a países limítrofes. Muchas nos fuimos a Europa o a Estados Unidos. Nadie sabía quién seguía viva y quién no. Por eso la primera etapa del archivo fue sabernos vivas.
En 2012 falleció Pia, pocos meses antes de la aprobación de la Ley de Identidad de Género. Fue así, desde el exilio, como nació el Archivo de la Memoria Trans. Las compañeras que vivíamos repartidas por el mundo empezamos a reunirnos en un espacio virtual donde compartíamos fotografías, cartas, crónicas y anécdotas de nuestra comunidad. Era un lugar íntimo, casi secreto, una conversación entre nosotras. Así permaneció durante varios años, hasta que en 2015 apareció Cecilia.
Cecilia Estalles : Yo estaba en Canadá investigando sobre transfemicidios cuando me hablaron del trabajo que estaban haciendo. El archivo todavía no existía de cara al exterior. Me enviaron un listado de compañeras asesinadas y empecé a investigar uno de esos casos. Durante esa investigación visité distintos archivos físicos y archivos LGTBIQ, entonces entendí la dimensión de lo que ellas estaban construyendo. Aquellas fotografías nunca se habían visto. Las historias de la comunidad se habían contado muchas veces, pero no desde dentro. Ese material tenía que salir a la luz.
Entiendo que sacar esas fotografías de la intimidad también suponía un riesgo. Durante años habían sido recuerdos familiares, no patrimonio público. ¿Cómo fue ese cambio de mirada?
B : Me costó casi un año entenderlo. Para mí eran fotografías familiares y tenían que quedarse en ese ámbito. Acostumbradas a tanta violencia, pensábamos que esas fotografías iban a generar más violencia. Hasta que llegamos al 2017, donde aplicamos para poder exponer en la ex ESMA. Empezamos así, trabajando en la distancia muy caseramente.
C : Seguimos recolectando archivo, escaneando, digitalizando y organizando pequeñas exposiciones, hasta que llegó un momento en que el archivo dejó de caber en los armarios de nuestras casas. Queríamos construir un lugar de memoria donde trabajaran más compañeras trans sobrevivientes y también otras fotógrafas y artistas. Después obtuvimos un premio Ibermemoria, que nos permitió equiparnos y aprender de referentes como Fernando Osorio Alarcón.
B : Nuestra primera exposición fue en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, dentro de la ex ESMA. Que aquellas imágenes ocuparan un espacio atravesado por la memoria de la represión tuvo un enorme peso simbólico. Crecimos así, con muy pocos recursos, pero acompañadas. Hoy el Archivo también es una editorial y somos dieciocho personas trabajando, la mitad de ellas mujeres trans mayores de cincuenta años.
Toda fotografía íntima puede convertirse con el tiempo en un documento histórico. ¿En qué momento comprendisteis que esas imágenes no solo hablaban de vidas privadas, sino también de la historia política de una comunidad?
C : Ahí entra en juego la mirada fotográfica. Yo tenía la convicción de que aquellas imágenes debían hacerse públicas porque nunca se habían visto. Lo importante era que, por primera vez, la comunidad pudiera contar su historia desde dentro.
B : Había un miedo muy grande. Sacar el archivo de la comunidad significaba correr el riesgo de que el relato dejara de pertenecernos. Tuvimos la oportunidad de que el archivo pasara a formar parte del Estado y decidimos que no. Fue una decisión política. El Estado había omitido nuestra historia durante décadas. Entregarle el archivo al mismo sistema que nos había borrado era renunciar a nuestra propia verdad.
Preferimos construirlo entre nosotras, con autonomía, y abrirlo después a toda la sociedad. La respuesta fue enorme.
¿Puede la memoria construirse si no es en común? Este, de hecho, es vuestro lema: La memoria es una tarea colectiva.
B : Absolutamente. Nosotras sobrevivimos de forma colectiva y el archivo también se construyó así. Nuestro mecanismo de defensa siempre fue vivir en comunidad.
Estando acá me preguntaron por qué hacía esto, y le digo, porque si le preguntás a algún familiar, siempre vas a encontrar una tía o una abuela que se dedica a recopilar el material de su familia, ¿no?. Nosotras somos esa tía, somos esa abuela. Y vos sabes que no es solo por vos. La diferencia es que nuestra historia podía haberse quedado encerrada para siempre en una caja. El día que decidimos abrir esa primera caja aparecieron otras compañeras diciendo: «Yo también tengo fotos». Después llegó otra con otro álbum. Y otra más. Lo que hacemos es una tarea colectiva de rescate, preservación y herencia.
Cuando pensamos en una herencia solemos imaginar una casa, un coche o una propiedad. En vuestra comunidad, durante mucho tiempo, la herencia fueron los recuerdos, las historias.
B : Sí. Esa es una característica muy propia de la comunidad trans.
Cuando una amiga moría, no heredábamos una heladera, una cama o un televisor. Eso solía quedarse en manos de la familia biológica. Nosotras heredábamos la mejor peluca, el vestido que más quería, un par de zapatos... y, sobre todo, las fotografías. Porque muchas veces la familia hacía exactamente lo contrario, destruirlas. Había familias que rompían las fotografías para borrar cualquier rastro de esa persona. Destruir la imagen era borrar el testimonio. Por eso rescatar una fotografía siempre fue mucho más que conservar un papel.
La herencia dentro de nuestra comunidad está llena de álbumes que fueron pasando de una amiga a otra. Hay compañeras que llegan con fotografías de cuatro o cinco amigas distintas porque todas se las fueron dejando antes de morir. Esa también es nuestra genealogía.
De todas estas herencias. ¿Hay alguna que guardéis con especial cariño?
C : Hay una fotografía que siempre tengo cerca. Es la de Carla, una de las primeras compañeras que trabajó en el Archivo. Antes de fallecer, durante la pandemia, me dijo: «Quiero dejarte todo mi archivo». Evidentemente, ese material lo doné al AMT, pero yo conservo esa imagen impresa en la pared porque también habla de un vínculo.
Al final es imposible que este trabajo no sea profundamente afectivo. Trabajamos con la memoria de la gente. No se puede separar el afecto del trabajo cuando el material con el que trabajás son las vidas de las personas.
B : Yo podría elegir una fotografía de casi cada fondo porque todas son de las compañeras. Pero hay dos que son especiales. Una es una imagen con Pia, bastante emblemática. Durante años esa fotografía estuvo colgada en el Departamento Central de Policía para que supieran quiénes éramos las cabecillas de la organización.
La otra es una fotografía de Brigitte sonriendo mientras sostiene un gato, con una sonrisa que se te queda clavada. Brigitte era mi mamá trans. Un día me regaló todo su álbum. Yo le dije que debía dejárselo a su familia y ella me respondió: «No. Esto es para vos. Vos vas a saber qué hacer con él». Hoy ese álbum forma parte del Archivo.
¿De qué hablamos cuando hablamos de familia?. ¿Qué lugar ocupa la familia elegida dentro de la historia política y afectiva de la comunidad trans?
C : Es principal, es primordial. Es parte del mecanismo de defensa que utilizamos. Sobrevivir en familia para muchas es el primer sostén, porque si a vos te echan de tu casa con 13, 14 años, que es el primer grupo social, ya no tenés acceso al segundo grupo social, que es el colegio, y mucho menos al tercero, que es el trabajo. Desde ese punto siempre va a haber una más grande que te va a ayudar a sobrevivir y a decirte, venite a mi casa. Ahí aparece otra familia. La familia que aparece en nuestros archivos no siempre es la biológica. Es la familia que hizo posible que muchas de nosotras siguiéramos vivas.
Me habéis contado que al principio las compañeras llegaban con unas pocas fotografías, casi siempre las más bonitas, las que querían conservar de sí mismas. Con el tiempo, sin embargo, el Archivo empezó a recibir vidas enteras. ¿Qué cambió?
C : Al principio había mucha vergüenza. Hasta el 2012 acá no hubo una ley de identidad de género. La sociedad quiso que las compañeras tuvieran esa vergüenza, ¿no?. Para mí hay algo de todo eso que se pone en valor con el archivo. Era difícil porque nacía la duda, ¿por qué te voy a dar mis recuerdos?
Hoy en día esa pregunta no está. A medida que fueron viendo el respeto con el que tratábamos ese material y que otras también se animaban a compartir sus recuerdos, la vergüenza empezó a desaparecer.
B : Claro, las primeras veces que te traían, te traían cinco o seis fotografías donde se veían hermosas. Con el tiempo empezabas a descubrir que tenían fotos más cotidianas, que terminan siendo las fotos que forman parte de las exposiciones, porque son vidas diarias, estar sentadas a montones en una cama, comiendo, festejando un cumpleaños. Son fotos totalmente desprevenidas, son prueba y testimonio. Había chicas que nos traían valijas, bolsos, y había otras que venían con un paquetito en la mano como diciendo, hago una selección de las mejores, donde me veo mejor. Con el tiempo fue pasando que apareció la historia al completo.
Lo que pasa en esto de colectivizar el archivo es que empiezan a decir, ah, claro, yo pasé por lo mismo, y a entender que la situación en la Argentina fue casi igual para todas. Salvo algunas que tuvieron más suerte, que pudieron irse. Cuando empiezan a colectivizarse las vivencias, ahí se empieza a armar otra cosa.
C : Las fotografías tienen esas características de reunión y celebración porque básicamente son álbumes fotográficos que se sacan entre ellas. Hay algo de que como toda la vida era amargura, los pocos momentos de felicidad eran los que vos retratabas. Dentro de esa cotidianidad está la voz propia, está la verdad. Cualquier álbum de fotos que cualquier persona tiene en su casa, generalmente no va a tener fotografías horribles o de momentos feos.
B : Hay algo que me gustaría destacar, que eso es algo característico también de Argentina, porque a mí me pareció algo muy raro, chocante, muy cultural, que en Centroamérica sacan fotos a los velorios, cosas que nosotras nunca hicimos. Como la migración estaba tan marcada, sobre todo en las islas o lo que es Centroamérica, y había exilios larguísimos, un funeral era el único momento para poder ver esa ceremonia, por fotos, para quien era el familiar lejano. Ahí lo entendí, por más que estaban fotografiando un mal momento. En nuestro caso las fotografías que hay de velorios fueron sacadas por la prensa, para que saliera nuestra fotografía en la prensa en los diarios amarillistas de los años 80. Nosotras solamente nos retratábamos en momentos felices.
Y otra cosa a recalcar, que es importante. Las fotografías que ves no corresponden a vacaciones, sino a exilios. Nosotras nunca tuvimos vacaciones, porque para tener vacaciones tenías que tener trabajo y plata. Si ves las fotos en Argentina son todas dentro de un cuarto, son fotos de encierro. Felices, pero dentro de un lugar. Todas las imágenes que vos ves en la calle, al aire libre, como fotos turísticas, son imágenes del exilio.
Hemos hablado mucho de fotografía, pero no es el único material con el que trabajáis, ¿Qué otros elementos conserváis en el proyecto?
B : La fotografía representa alrededor del sesenta por ciento de nuestra colección, pero también conservamos documentos de identidad, negativos, recortes periodísticos, cintas VHS y muchos otros materiales. Además, desde hace dos años estamos construyendo nuestro propio archivo audiovisual entrevistando a compañeras. No es lo mismo que se vea en un papel a que tenga un movimiento y una voz.
Desde ese punto también avanzamos en eso de cómo queremos ser archivadas o cómo queremos ser guardadas o protegidas. Documentamos absolutamente todo, protegemos absolutamente todo lo que pueda documentar a la comunidad.
¿Qué ocurre con el material que llega a vosotras?, ¿Lo restauráis?
C : Tenemos tres formatos, donación, préstamo y concesión³. Donación, donas el papel o el material, pero no tu imagen, tu imagen sigue siendo tuya y necesitamos autorización tuya cada vez que la necesitemos usar. Préstamo, nos prestas el material, lo escaneamos, lo devolvemos acondicionado y te enseñamos cómo mantenerlo, ya que ese material es importante y lo vas a tener en tu casa. Y concesión, que es cuando una persona cede el uso de su fondo documental al Archivo.
B : Nosotras no restauramos. Detenemos el proceso de descomposición. Es una política que decidimos de no reparación, porque sería ocultar todo el camino que atravesço ese material antes de llegar a nosotras. Si una imagen tiene manchas de humedad, está coartada, está quebrada, es porque su estado nos cuenta todo el proceso que tuvo de estar escondida, de allanamiento, de inundaciones y del mal vivir de la compañera que hacía que su fotografía se arruinara por las condiciones del espacio en el que vivía.
Por eso, sí detenemos el proceso de descomposición, pero no reparamos. El formato en el que llega una imagen también es parte de su historia. Restaurarla sería escribir encima de lo ya escrito.
Os habéis convertido en una referencia para muchos otros proyectos en Latinoamérica, pero también en Europa. En un momento en el que los derechos conquistados están en riesgo, ¿qué os gustaría decirle a quienes os leen desde España?
C : Que sean consecuentes y no voten a la derecha.
B : Muchas veces se nos reconoce como pioneras y eso es cierto, pero nunca quisimos ser las únicas. Desde el principio compartimos nuestra experiencia con otros colectivos y acompañamos la creación de archivos trans y queer en distintos países de Latinoamérica. De ese trabajo común nació también el primer Congreso de Archivos Trans. El archivo nunca fue un proyecto para mirarnos únicamente a nosotras. Siempre pensamos que la memoria debía multiplicarse.
También me parece importante nombrar a quienes hacen posible este trabajo. Hoy podemos tener una sede y pagar el salario del equipo gracias al apoyo de International Trans Fund y del Fondo Nebula. En un contexto mundial en el que es difícil conseguir financiación para proyectos de la comunidad trans, ese respaldo es fundamental.
Y que la memoria siga siendo una tarea colectiva.
¹ Nota: A lo largo de la entrevista se emplea el femenino genérico al dirigirse a las dos entrevistadas (Belén y Cecilia). No obstante, las reflexiones hacen referencia al Archivo Trans Argentina en su conjunto y, por tanto, al conjunto de identidades que integran el colectivo.
² Claudia Pía Baudracco y María Belén Correa, cofundadoras de ATA (Asociación de Travestis Argentinas, primera organización trans del país.
³ Más información y fuentes en : https://archivotrans.ar
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