Costumbres

Mi diario no es como el de F. A. Pizarnik. Acto II

Consciente de mi constante repetición, soy una náufraga que se aferra a una imagen del pasado ingenuo.

1 de septiembre 2026


Mantengo mi nuevo diario con puntualidad criminal.

Mantengo un ritmo de telegrama.

Escribir como un telegrama.

Enhebrar el exceso con un color crudo.

Siempre empiezo por una palabra.

Enhebrar constituye el inicio.

He sido una barroca del aferre.

Una barroca del entramado.

Así que, así se mantendrá el tono de este texto.

Corto y crudo.

Veamos. A ver si funciona.

Si el ritmo se mantiene.

Un tictictictic. Cambio.


Diario II 1en agosto.


Sigo en encierro. El hechizo se rompe. Cuando me arrastro a sociedad. Ante los huecos. Relleno con imaginación. O parálisis. ¿Qué nos cuentan del futuro? Han matado a un chico homosexual. Por ligar con un hetero. El hetero le asestó una patada en la cabeza. ¿Y si hubiéramos matado nosotras a cada baboso que nos acosó? Dejo ahí la pregunta. El pensamiento generalista. Que se nos viene a todas. Yo hubiese enterrado a muchos. Tengo un cuerpo cargado de violencia. Nan Goldin en su documental. 2Apunta. ‘Es fácil convertir tu vida en historias. Pero es duro sostener recuerdos reales. La diferencia entre la historia y el verdadero recuerdo. La experiencia real guarda olor y es sucia. Y no concluye en finales sencillos’. Nan Goldin es una fotógrafa cuya precisión del recuerdo, siempre he tratado de emular. Ella recoge el instante con la mierda que acarrea. Rostros sucios, queer, yonkis, la baba, el excremento, las bragas rotas, el travestismo, la fiesta, la post fiesta, los malos tratos, la peluca, el entramado. Cuando el cerebro se te enreda en un ocho. O como dice Moria Casán3, la importancia de vivirlo todo. Yo no lo logro. Domo el recuerdo, amanso y digiero. Acaba siendo un gatito casero que araña. Y no la constancia intacta del puñetazo.


El furor de mi deseo.

Rompe el ritmo establecido.

Volvemos al tacatacataca.

Punto. Hachazo. Punto.



Prometí contar una historia. Punto. Algo que sucedió el último viernes de julio. Desmalezar los conceptos turbios4. Un salto para evitar el boquete. Un viernes de julio. Antes de estos diarios, antes de Flora Alejandra. Pero rodeada de argentinxs. Recorrí dos horas y media en una ciudad dormida. Hasta las cejas de MDMA. Un poco por error. Un poco por la anécdota. Un tantito por el encabrite. Me recuerdo como un gnomo en un bosque psicodélico. Tocando un ukelele. Envío audios de amor de siete minutos. Me oculto y regreso en la penumbra. Mejor lo desarrollo en el Acto III.

Ahora no me viene al caso.

Ahora me falta reposo.


En un sepulcro se atienden fantasmas. Cambio. Todo se corrompe. Punto.


Prendarte de alguien que te desprecia. Una experiencia de remate. Y te desea. Pero te desprecia. Así que el trato se reduce a obstáculos. Palabras de doble-filo. Una espera que ahoga y ahorca. Una zorrita del cariño. No precisamente de la misma manera que el objeto de deseo hace cuando se encuentra de buenas y te dice que te adora después de lamerle el ojete o pedirte que le escupas en la boca. Necesario una frase larga. Una floritura puntual. Que cuesta arriba. Los cuchicheos vertebrales. Me la paso mareada. De las once de la mañana hasta las nueve de la noche. Ya no me ampara la nocturnidad. Ahora me duermo a las 22.30. O el día del mañana se tacha. Un bostezo representa la muerte del testimonio. Ya no cocino de forma elaborada para agasajarme. Mi yo del pasado. Siempre más lista. Se me preparó grandes hornadas de tupper. Creía que por estas fechas mi devoción culinaria habría rizado su propio rizo. Soufflés de moras y queso cottagge para el desayuno. Una lubina preñada de hinojo con shitaake. Tofu emplatado con esferificaciones cítricas. Ahora me descongelo lentejas. Han matado a una mujer trans en Andalucía. Una proteína correspondiente al airfryer. Dos guindillas enteras a la cazuela. Fin.


Llorar me deja agotada. Abotargada. Buenos días, tristeza. Buenos días, Madrid. Buenos días, sistema corrupto. Buenos días, mi burgesita Françoise Sagan.

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Foto de elena.pronto

Escribo en mi diario: He abierto ojo a las 6.30 am. He arrancado a las 9.00 am. Desayuno mediocre. Mensaje de mi madre. Silencio. Apago el móvil. Limpio la terraza. Debería escribir el cuento de esta semana. No puedo. Me falta ánimo. Sagacidad. Atorada. Me he masturbado pensando en la lesbiana de Sailor Moon. Mi cuerpo se resiente. Por la falta de contacto humano. Resisto en el hechizo. Temo que vuelven los tiempos de la masturbación (y el lloro). El viento y el llanto. Me deformaré entera. Comeré más verdura. Nutro fantasías de destreza. Farmear aura. AMORE. Otro saqueo heterosexual. Culturízate. Paris is Burning. Revisa los 80/90 del colectivo. Si quieres algo masticado: Pose. Mi amiga Gor acaba de dar a luz. Investigo sobre el mito de Endimión. Pienso que la luna lo durmió. Porque no le aguantaba.

Fin del día 10 de agosto.


Me cuesta continuar con el tucutucutucu. Al exponer un texto escrito, que difícil resolver un tema de voz. Si no leo en voz alta (y leo de puta madre5, se lo dijeron dos ancianas a mi padre en la misa por la muerte de mi abuelo). Ceci n’est pas une spoken word 6espectáculo. Vuélvete a tu cunita, Baby. 7Que te avisaría Kae Tempest. Gordi, deja de hacer el ridículo. Que me diría cualquier amic.


A la mierda, una puede estirar y mecerse por los códigos orales. Aunque sea fascismo verbal. Pedro Lemebel. ‘Tan pensante nuestra afiebrada cabeza occidental.’ Se trató de investigar un leve formato, a ver qué onda. E intuitivamente puede acabar en una arqueología cutre de lo formal. Ya dije que no soy académica, solo una simple exploradora que trata de no tomar asiento en un círculo.


Vi en el cine ‘Diarios de una Motocicleta’. Una tiritona de ojo estadounidense, pero efectivo. Ensanchamos la comisura del engranaje pues. Se acabó el entrecorte. Me quise visualizar galopando desde la punta final de Argentina para alcanzar México. No subida en una moto, con Artemisa (una yegua sin domar por utilizarla como yegua de cría). Se acabó la cría, se acabó maternar. A recorrer la verdadera América. De ahí, un trote limpio y consciente hasta Yucatán. Soñando en la integridad del animal y la mía. Otro delirio. Después, otro deseo. Partir desde San Petesburgo hasta alcanzar puerto en Hangzhou. Luego Jeju, Corea del Sur. Cruzar en barco a Tsushima, bajar a la isla Yakushima. Finalmente, atravesar todo el país nipón hasta Sapporo y en frontera rusa, mi aita. Mi aita en un barco reflotado por manatíes, creado para regresar a Dénia con la yegua a salvo. La yegua que no ha parido en cinco años. Enumerar las paradas, el trazado perfecto para mantenernos enteras o con pérdidas por las circunstancias medioambientales. Habré perdido dedos del pie izquierdo, alguna uña de la mano derecha. Seis dientes y media sordera a causa de una tormenta en la estepa mongola. Ahora sí que luzco canas, tras años de travesía, mi aita se sorprende al comprobar que mi pelo ya luce mucho más semejante al suyo. Y resulta mucho más realista planear en la manera de moverme con una yegua por dos diferentes continentes sopesando su salud, higiene y descanso que mi permanencia en este mundo. A las dos semanas cualquier hombre me agarraría, me violaría y me desecharía a un río. Altas posibilidades de que jamás se resuelva el crimen, alta gama y justicia. Atavismo ilustrado. Así que, adiós a Jeju. Agur Jujuy antes de Chile. Adiós Montes de María. Chau estrecho de Panamá y Mérida. Todo el continente asiático. Mi yegua huyendo libre hasta toparse con el barco reflotado por manatíes, enjuagada de una falsa promesa de liberación con el morro embutido en un bocado clásico y brida8. Sin mi aita esperando. Tengo un cuerpo cargado de violencia. Pippa Bacca tenía mi edad cuando depositó fe en la humanidad. Europeíta de la aristocracia. Admitámoslo, una mujer en una autopista merece ser violada. Una estrategia. Rezamos la plegaria del maricón, también. Por Pedro Lemebel. 9Una mujer y un maricón, casi el mismo sarpullido. Una mujer trans y una lesbiana, casi la misma fisura. Un hombre trans, casi el verdadero traidor a la patria. Una fachada que se deshace, el asesino tenía 22 años. Ya no solo nos ataca lo podrido de la democracia más viejuna, nos aniquilan las juventudes del postureo ultraderechista. Un nuevo espectro recorre Europa y se paladea fuera de nuestras narices. Un caldo fétido con promesas de guillotina invertida y del terror. Una utopía del decoro, al parecer. Chicas, que el microecosistema de esmegma, ya no es tan micro. ¿Y a que achacamos estas redadas en petit comité? Espabilad a vuestrxs vecinxs que nos arremolinamos en la misma cuesta, todxs a 14 de agosto del 2026. Y nos están rapiñando vivas.


‘Soy la gran pitonisa, tengo los oídos llenos de whisky y el corazón colmado de salamandras’


Si lo traduzco como me empeño en esta serie de textos: ‘Soy una gran prostituta mundana, tengo los oídos llenos de mezcal y el corazón colmado de mariquitas.’


El manifiesto de lo perdido.


Me dio un barrunte por una chorrada. Confesé a la Petisa, esto me sobreviene de la neurosis. Sí, me contestó ella. Mi neurosis proviene del terror, del aturdimiento paralizante que me provoca la posibilidad de acabar herida de manera física o emocional. Nunca me he visto tan rebosante de neurosis como en este último año (atestiguado ha quedado en Sustrato. Esta, nuestra comunidad). Como un campanilleo de bisutería constante en mi oído, un escalofrío por la calle y hasta enterrada bajo el edredón paladeo la amenaza, escucho una pólvora silenciosa.


Recuerdo en 2016, en casa de la Javi y la Paca, todo el akelarre reunidas en los inicios de ‘La Dalia’10. Peinábamos pelucas de plástico entre cuatro, mientras escuchábamos a Ana Guerra berrear ‘La Bikina’ y bromeábamos sobre refugiarnos en mi casa de Chamartín11 si volvía Madriz a manos de la derecha 12o si se daba la ocasión de volver a las cazas/denigración del colectivo. Gritábamos que todo se resolvía a golpe de tacón mientras nos dibujábamos más punkis que nunca, más libres que nunca. En general, más travestis que nunca. Trasnochábamos hechas unas circas con maquillaje prestado y faldas pegadas con silicona líquida, nos autofinanciábamos obras underground sobre vedettes posmodernas vendiendo marihuana (presuntamente, Verduras Benítez) y curtíamos nuestra piel en referencias que nos precedieron, en mantequilla para el latex y las carcajadas.


Conjurar a las fotografías de Nan Goldin, me recuerda a que tipo de antecesoras nos empecinábamos en emular. Me causa ternura, nostalgia. Tan inocentes, éramos unas verdaderas niñatas que intentaban derramarse en disicencia y folklore propio. Esto contiene un ensayo completo y por ello, me detengo. Por el momento. En una promesa de futuro, se necesita más espacio para desplegar la complejidad y el color que llameaba por esos años. Y me tiembla tantito el corazón...


Unos tiempos desenfrenados y, bastante, felices. Algún que otro batalleo al regreso de nuestros refugios, sí. ¿Hubo agresiones verbales? También. Acriminaciones. Sin embargo, esa amenaza en cadencia o esa ira sin reborde, no nos salpicaba tan caliente. No se nos exigía una doma, si no, un descalabro carpe diem que pujase por hacer efervescente un progreso moral. Por alcanzar eso que rezabamos cada día entre nosotras: ‘Una es más auténtica cuanto más se parezca a lo que se ha soñado de sí misma’13.


Mi amiga Javi y yo nos preguntábamos cómo se había invertido nuestro temor, al mismo tiempo que ganamos sabiduría y de qué manera las circunstancias que nos rodean han ido mutando muy diferentes a las posibilidades que vislumbrábamos.


Consciente de mi constante repetición, soy una náufraga que se aferra a una imagen del pasado ingenuo, nuestro trote y mi lengua no cesan en acusar al heteropatriarcado blanco (en general) de las nuevas masacres. Y lo digo, yo antes no alcanzaba a temblar tanto. Veo hordas de adolescentes con un retroceso preocupante, un peligro directo a nuestra integridad. Masas que antes indiferentes nos acusan, de nuevo, a dedo sonámbulo casi por incercia. La acreción del estrato sidosx se ha sepultado (de manera parcial) por una defensa acérrima y violenta de los valores ‘tradicionales’. No conozco el nuevo caldo de cultivo de nuestras descendientes, me siento desvinculada, desfasada (más allá de mi akelarre y la lucha colectiva) de cómo se yerguen las nuevas generaciones queer y como se defienden ante el hostigamiento de streamers homófobos ultraderechistas que azuzan a una brutalidad impune y cuyos resultados apenas alcanzamos a atisbar. Mea culpa, os digo. Hay que ponerse con los deberes de una y sin quedarse en el estrado teórico.


El año pasado mi casa fue atacada con huevos, botellines y piedras. Repetidas veces. Luzco desde hace tiempo una orgullosa bandera inclusiva en un barrio poblada de banderas de España apropiadas como símbolo de una unidad nacional excluyente. Una diana para un barrio ardiendo en deseos por expulsarme a mí, a mis amigas y a mi felino. Nuestro búnker, ahora se ha transformado en un blanco de tiro. Pero ya no peinamos pelucas ni dejamos hendiduras de tacones stiletto por el parqué de los años cincuenta.


Parto de la consciencia de haber mencionado sueño con yeguas y así se me desenvuelve el chisme de protesta. Igual. Algún día me despertaran arrojándome un ladrillazo con un post-it que ponga: ‘Fuera esquizofrénicas queer de nuestros barrios de bien’. No me sorprenderá. Muy Bakunin por su parte.


Dice la Flora un 30 de agosto en 1958: ‘Lo esencial es hallar un sitio en que estar sin que cueste nada’.


Venga, ante un estancado de la locomotora. No sé aún la respuesta a mis preguntas, un criadero de angustias. Una urgencia de obscenidades en términos de dicción, o de un regreso de habitar sin tembleque. El chisme vence la crónica, pero no la sepulta. Una no puede hacer ruido por demasiado tiempo ni actuar como un transeúnte sin consecuencias. Incluso, sin abanderarse en un trajecito que levante sospecha de insurrección.

Se aprende y desaprende por repetición. He sido víctima de violencia sexual sin ser consciente de ello. He sido víctima de violencia sexual siendo consciente de ello. Mimetización de la mordaza. Me encuentro en un pasillo verbal. ¿Cómo zafo? Siempre duermo con una navaja en la mesilla.


Sensación de ternura ilimitada que cae a golpes en mi pecho.


Interpelo al mausoleo. Que no rime. So lechuguina. Consulta con contundencia. ‘Poco hombre’ de 14Lemebel. Acuñar una nueva vinagreta de la conciencia, me desoriento. Este acto debía representar una rotonda para evitar un comportamiento incívico. Retomo la travesía intuitiva. Iba de rara, pero acabo más básica que un huevo frito ¿De qué va aquesta elucubración? De la metamorfosis. ¡Quiero vencer la apatía! De un proceso de desfiguración a través de una alegoría del sin sentido. De retomar, quizás y ojalá, viejas formas para batallar. De la emancipación de la neurosis porque un abrazo a tres en la verbena de la paloma sirve para domar la recalcitrante habilidad letal del desamparo (que, de manera interna, nos obligamos a acariciar para someternos al vacío y quedarnos tiesas, sinseso). Una frase muy enrevesada que quiere decir: ‘Joder, abraza a tu amiga. Cuida tus redes de apoyo, persevera y no te dejes arrastrar por la sensación de desamparo. En la indefensión se pretende fundirnos y resquebrajar nuestro sentido de comunidad. NO. Aguanten, las nuevas/reformuladas formas de las lenguas desinhibidas o karatekas. Aguante Moira. The one. Las relaciones comunitarias, lo crudo no ramifica en lo simplista. El atestiguamiento sin estratificación amorosa ni migajerismo político. Afila tu navaja, pero esfuérzate para no empuñarla contra tu identidad en tus quehaceres diarios. No tengo ni pinche idea de cómo recuperar mis ideales o rebajar mi cinismo, pero algo debe suceder por nuestra parte correspondiente. Una metamorfosis de nácar, dije. Sin rajar yugular. Sin último estertor. No todo genera catarsis, ese mi aprendizaje de 32 días de encierro. Pero la nostalgia por tu persona y quién fuiste con tus amigas, resguárdala. Canturrea, poco a poco, las palabras que envolvían tu esencia. Romantiza lo sórdido o el café, lo tuyo no dinamita la poesía ni engendra un nuevo movimiento. Es una cosa muy seria, el nacimiento del ángel vaginal. Pero que se inicie una sublevación para salir de la mera supervivencia, a mover el coño y las vísceras, mozuelxs.


Río divertida, ¡anoche vomité sangre!


Claro que sí, Alejandra. Mientras lo limpiemos y cerremos la úlcera.

Todo puede mantenerse divertido.


Nos vemos en el Acto III o en un trance mientras suena The Dull Flame of Desire. Cuídate, hermana Björk, cuidaos todxs.




1 Os invito a revisar el acto I.

2 Documental de la fotógrafa disponible en Filmin. ‘El dolor y la belleza’.

3 Moria Casán. El obelisco con tetas. ÍCONO ARGENTINO.

4 Las palabras en cursiva pertenecen a Alejandra Pizarnik.

5 Mi padre no se cortó una barba al asegurar que su dinero les había costado. Cinco años de formación en Arte Dramático.

6 Tipo de performance poética que utiliza además elementos musicales y teatrales.

7 Dirty Dancing. La uno.

8 La parte de la brida que se introduce en la boca del animal para dirigirlo. El filete es más suave, pero acostumbrada al bocado de doble rienda, se deja pasar la opresión. ¿no?

9 Berraca chilena.

10 [ l a d a l i a n e g r a ]

11 Bunker queer en medio de un barrio Ayusista.

12 Vivimos la era dorada de Carmena al frente del Ayuntamiento.

13 Todo sobre mi madre. Almodóvar.

14 Editorial ‘Las afueras’. Corran antes de perder los ejemplares restantes. Los derechos se han vendido a Seix Barral. Por eso compañero pregunto/ ¿Existe aún el tren siberiano de la propaganda reaccionaria? / Ese tren que pasa por sus pupilas /Cuando mi voz se pone demasiado dulce/ ¿Y usted?

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