Costumbres

No Sex #65: Apología de las rupturas veraniegas

Asusta, pero tenías que superarlo.

5 de agosto 2026 · 2 comentarios


Espero de corazón que te dejen en verano. No es que esté deseando que nadie te deje, sólo digo que si alguien tuviese que dejarte ojalá tuviese la consideración de hacerlo en verano. Si es posible, cuando apenas se asoman las noches largas, cuando justo habías tú pedido el deseo de amor eterno en San Juan. La recuperación será como completar el cuadernillo de vacaciones del colegio: al principio un horror y después un ‘resulta que no era tan difícil’. 


Que te dejen en verano es adecuado y puede llegar a ser placentero, te lo prometo. Delante de ti, una serie de escenarios que aceleran la reparación de un corazón roto, como cuando te hacías heridas en las rodillas y te decían tus padres que si el agua del mar escocía, es que estaba curando. Tú a nadar mientras te pica un poquito, que al cabo del rato de estar en el agua se te empieza a olvidar. A nadar, a nadar, que si un brazo, que si saltas, que si viene una ola y la pasas por debajo. Que si te pones a flotar mirando al cielo y no escuchas nada.


Es el verdadero Campamento de la Reconstrucción ™: sueles cambiar de espacio, aunque sea los findes, aunque sea a tu pueblo, al pueblo de tu amiga, a la ciudad de al lado que tiene una verbena. Da igual el espacio. No se supera mejor una ruptura en Ibiza que en Cuenca, no necesitas un vip, necesitas amigos, bocadillos, aire. Eso, lo importante es el aire y el cambio geográfico, no vas a recrearte en el barro de tu pena pasando por delante de los bares dónde os besabais con alegría e inconsciencia del final en la primavera. Por delante tardes de nada, de mirar al vacío, en las que el llanto se contempla pero también el hueco para encontrar la serenidad y el empuje. Se genera una orilla de zozobra para darle a la imaginación con todo lo que podría ser. Soñar con lo futurible y posible como antídoto. Ensoñar como remedio. Dormitar como medicina.


Las parejas son maravillosas siempre que funcionen y ambas personas deseen estar dónde están, pero si ya no funcionaba, romper en verano es un alivio, un soplidito de brisa cuando estás sudada, un trago de agua después de la playa. Ojalá leer sobre más rupturas veraniegas icónicas. Me encantaría descubrir cómo la protagonista es alcanzada por el olor de las flores de al lado de su casa porque de tanto llorar se le abre de nuevo la nariz y vuelve a ser feliz oliendo galán de noche con los ojos rojos y remojados. A veces de risa y a veces de llanto.


Tendrás el corazón roto pero también tendrás más tiempo, querida. Por fin vas a ir a aquellas fiestas que prometiste hace tres años. Una noche, en plena borrachera, cantarás ‘Clavado en un bar’ de Maná y ahí te empezarás a curar. Encontrarás en tus amigas el amor de verano, dándote también cuenta de que existen esos otros tipos de romances correspondidos, esos que te sacan a bailar cuando estás triste o que están dispuestos a escuchar por duodécima vez cómo te despediste de tu ex.


Que te dejen en verano te sube el guapo, te deja dormir más por las mañanas, no tienes que fingir ser simpática en el trabajo porque habrá semanas en las que estés de vacaciones. Ser dejado en verano asegura chapuzones y siestas, destellos minúsculos de felicidad a los que agarrarse y en los descubrir que quizás, quizás, quizás sí, ha sido doloroso pero tampoco era toda tu vida. Como el cuadernillo del colegio. Asusta, pero tenías que superarlo.

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