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SM 26: Ya nadie trasnocha
Hay que revisar lo que dan de comer las casetas, el precio y prohibir para siempre la cerveza El Águila.
18 de septiembre 2026
El jueves fue un día un poco triste y azaroso. Todas las expectativas puestas en el que se supone que iba a ser el día grande mateíno –sin contar los fines de semana– se esfumaron pasadas las diez de la noche. Está claro que la gente sale a tomar algo, pero se retiran antes que la Cenicienta: falta pasta, sobran años, no gusta la noche o las casetas y sus terrazas no atraen al alterne nocturno. No sé cuál es la razón, así que no puedo explicarlo –ni explicármelo– y me cuesta comprenderlo. A las once de la noche el Bombé empezó a desinflarse y, para cuando llegué a Porlier, diez minutos más tarde, estaba aquello bastante desolado. Pequeños grupos aquí y allá, dependiendo del sitio, pero me encuentro a más peña en la cola del Mercadona del Fontán cada mañana.
A Taburete fueron muchos, pero irían más si, en lugar de en La Ería, los conciertos se pudieran dar en un espacio un poco más cercano y en el cogollo de San Mateo, que es el Antiguo. Son un grupo que lleva siempre el estigma del apellido Bárcenas y los prejuicios –por eso de que los ignorantes y zopencos no son capaces de darse cuenta de que cada uno es responsable de sus actos, no de los de sus familiares. Y que se puede ser un auténtico ladrón y un cabrón, y a la vez un gran padre y bueno para los tuyos–, pero se han hecho un hueco, triunfan y congregan a una diversidad que solo quiere pasárselo bien.
Hay que revisar lo que dan de comer las casetas, el precio –demasiada fritanga y quinta gama muy cara– y prohibir para siempre la cerveza El Águila. Al menos si queremos conservar la cuenta corriente, el estómago y no morir en las fiestas de Oviedo.
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