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SM 26: Club San Mateo
Me fui a esa hora que es ya tarde pero no tanto como para ser temprano.
19 de septiembre 2026
El viernes, milagro. O eso es lo que me pareció a mí al poner el primer pie en la calle. ¿Quién es toda esta gente y dónde se han metido los días anteriores? Estuve a punto de preocuparme, por si se tratase de reptilianos que han llegado durante la semana y hasta hoy no hubiesen podido completar la transformación en seres normales y corrientes. Todo lo normales y corrientes que podemos ser los ovetenses de fiesta.
Hago desde aquí un llamamiento a todos los camareros para que limpien sus barras, porque estoy harto de quedarme pegado y con la manga manchada cada vez que pido. Acercarse a pedir ayer no fue tarea fácil. Como si fueran Tassotti, hay una serie de personajes que tienen la fea costumbre de elevar el codo y golpear en el mismo instante en el que deciden acercarse a una caseta y pedir. «Libertá para los que toman algo» y cadalso para los del codo arriba y los malos modos.
Lo de El Aserradero by Monoloco en el parking del Tartiere no sé muy bien qué es, algo de música electrónica me comentaron, pero a varios con los que me crucé, que venían de ahí, se les notaba la locura en los ojos.
Me fui a esa hora que es ya tarde pero no tanto como para ser temprano. Cuando estás con alguien a quien quieres, la mejor compañía siempre es la soledad mutua. De camino a casa vi con estupor la iluminación de la calle Fontán, donde una supuesta campanilla se asemeja al luminoso de uno de esos clubs que pueblan las afueras de las ciudades, lo que antes llamaban «güisquerías». Al principio pensé que igual todo era culpa de la ingesta de alcohol, pero no, Luchi me confirmó que lo que veía era cierto. ¡Menuda aparición!
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