__MESSAGE__
Ojalá salgas mal en las fotos
Posamos en esquinas, en mesas, con el perfil bueno, sin sonreír mucho no-sea-cosa-que.
8 de mayo 2024
Posamos en esquinas, en mesas, con el perfil bueno, sin sonreír mucho no-sea-cosa-que.
El otro día me crucé con una foto increíble de un grupo de amigos en los 90 en un hotel de San Francisco. Ni conozco a esa gente ni tampoco el hotel. El tuit (era en Twitter, dónde todo pasa) decía que era un recuerdo de un viaje que habían hecho para asistir a un concierto. Miré la foto y era realmente buena: todos salían riendo, algo mal, unos tirados, otros medio sentados. La imagen reflejaba exactamente lo que estaba ocurriendo, era un recuerdo vivo. Era divertida, era preciosa porque rezumaba verdad, no por otra cosa. Pero es que en lo genuino hay una belleza incontenible.
Inmediatamente recurrí a mi propia memoria, a las fotos de Tuenti, a mis fotos de pequeña, en movimiento o posando con una sonrisa amplísima, las capturas delante de los monumentos de las ciudades, a los brazos de mis padres, corriendo detrás de palomas, con mi hermano acostados en el sofá, con mis amigas delante de un carrito de la compra para una barbacoa en las fiestas o tomando cerveza los primeros días de universidad. Sacábamos 50 malas fotos y las subíamos todas porque lo importante era que contáramos lo que había ocurrido.
¿Dónde quedaron?
Llegó Instagram y el mundo de las imágenes evolucionó tanto que hemos pasado de capturar para recordar, a posar únicamente para salir bien. Dejamos de contar historias bonitas, ahora las fingimos. Posamos en esquinas, en mesas, con el perfil bueno, sin sonreír mucho no-sea-cosa-que. ¿Cómo me acordaré de lo que sentía en ese momento si siempre salgo igual en todas las fotos? Quizás perdimos la diversión y la sustituimos por la estética: hemos pasado a vivir bajo su dictadura casi sin darnos cuenta, ahora todos debemos lucir como celebrities sin, por supuesto, los beneficios de la fama. Quizás dentro de 10 años no tengamos una foto con nuestros amigos de aquel día pero sí 10 fotos nuestras posando con caras similares y ligeros movimientos en aquella puerta bonita, solos. Y quizás no sean recuerdos, no nos sirvan para repasarlas un día en el que nos agarre la nostalgia y nos sacuda entre recuerdos de lo que fue y ya no será nunca.
Las fotos tan orquestadas, perdonadme, pero no son lo mismo. No reflejan lo orgánico de lo que está pasando, no crean álbumes para la posteridad, sólo son un escaparate de lo que queremos mostrar al mundo. Con tanto posado estamos perdiendo el erotismo que da la frescura y si algo he aprendido este tiempo es que no hay nada más atractivo que alguien que se muestra como es y eso incluye sonrisas sobrepasadas, pelos caóticos, una pose rara y una pasadita de entusiasmo. Verse haciendo el tonto y fuera de lugar es un placer casi obligatorio porque nos obliga a reírnos de lo que fuimos y nos recuerda que aquí estamos con todas nuestras magulladoras. Quién se quede, que se quiera quedar por lo que somos.
Y qué difícil es cuando todo te lleva hacia el otro lado.
Ojalá volvamos a capturarnos un poquito más así, con el sexy y poderoso brillo de la naturalidad, algo imparable en este mundo de plástico. Creedme.
¿Qué opinas?
Sin comentariosNo sex #63: El romance
Por Carla Mouriño
El sábado salí de cenar con mis amigas. Madrid estaba repleta de citas, ¿cuántas parejas había? ¿Dónde se habían escondido hasta ahora? Parejas de todas las edades se besaban en las esquinas
No sex #62: 'Lost in translation'
Por Carla Mouriño
Debía de tener unos 20 años cuando vi por primera vez ‘Lost in translation'
No sex #61: La regla y el amor
Por Carla Mouriño
[pre-menstruación] Querido cualquier hombre a mi alrededor: cuando tengo el síndrome pre-menstrual a veces me vuelvo completamente loca. No sigue una lógica exacta: unos días me da por llorar y otros mi susceptibilidad está disparada.
Poética del impresionismo
Por Álvaro Martínez
Hace unos días los españoles nos levantamos con una fotografía que pasará a la historia de nuestro país, precisamente por caracterizarse bajo parámetros de una Imagen Española: sin composición, doméstica, desobediente, con luz de reportaje de sobremesa, ni solemnidad, sin gravedad alguna. Me gusta especialmente porque en ella cabe medio país.
Vender la moto
Por Adrián Grant
El avión, un pequeño ATR72 que nos ha llevado desde Helsinki, ha cruzado en veinte minutos el golfo de Finlandia —un charco constelado de pequeñas islas como sarpullidos en la mar— y me he preguntado cuántos barcos rusos lo surcarán, si habrá una base militar en las inmediaciones de San Petersburgo monitorizando mi vuelo y todo el tráfico de la región.
Borracho seco II: La Mala Leche
Por Natxo Medina
En una nueva entrega de Borracho seco: ¿Se puede mantener el espíritu crítico y los ojos abiertos al mundo sin acabar pudriéndote por el camino?
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Carla Mouriño
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES