Perfumes de invierno
Propósitos asequibles, propósitos low cost. La precariedad contamina hasta los sueños
12 de enero 2026
Propósitos asequibles, propósitos low cost. La precariedad contamina hasta los sueños
Qué se supone que tenemos que hacer un sábado tres de enero. A dónde van los cuatros de enero de cada año. En qué limbo flotan los períodos entre Nochevieja y Reyes. Vas diciendo por ahí feliz año pero ya no es año nuevo y tampoco es la rutina de la vuelta de enero. Son días marcianos. Días tontos. Añotonto. Lo único que te atornilla a una realidad medianamente reconocible es el aroma de los perfumes de invierno. En un mundo podrido sin ética ni estética sólo nos quedan los perfumes de invierno. La Navidad no acaba de morir y enero tampoco acaba de nacer, todavía es pronto para los propósitos, les concedemos, imbuidos en el generoso espíritu de las fechas, una amnistía hasta después de Reyes. Hasta el primer lunes después de Reyes, concretamente. Propósitos asequibles, propósitos low cost. La precariedad contamina hasta los sueños. Beber más vino y menos cerveza. Perfumarse todos los días, incluso los que no sales de casa. Leer el Quijote. Irse de las fiestas cuando mejor te lo estás pasando. Borrarse Instagram y Twitter. No sentir vergüenza por escuchar lo que escuchas. Leer a los rusos. Vestir como un adulto y no como un adolescente. Mentir sólo cuando sea imprescindible. Ver más a tus padres. Propósitos de posguerra. Enero de repente y ni te has enterado. Te escribe uno un whatsapp genérico diciendo feliz navidad! o feliz año! y le respondes con la réplica protocolaria que toca. A ver. No le vas a salir ahora con una disertación sobre la fragilidad de los vínculos afectivos. No toca. Lo que toca es la burocracia de ser adulto. Y pasado el peloteo del bien y tú?, del qué me dices y de los jajaj ya te digo, pasado el lugar común por bandera y el interés forzadísimo, te das cuenta de que ya no tenéis nada más que deciros. Hasta el año que viene. O hasta que sea el cumpleaños de alguno de los dos y el otro tenga la decencia de felicitar. ¡Muchas felicidades, Luis! ¡Muchas gracias, amigo! y volvamos a activar los mecanismos de idéntico diálogo besuguil. Algún día, alguna noche más bien, os encontraréis. Os saludaréis con sorpresa, os tocaréis un poco la espalda, los hombros, y os diréis bueno, a ver si nos vemos otro día. Qué otro día. No hay mejor otro día para vernos que hoy, ahora mismito, que nos tenemos a medio palmo, viéndonos, haciendo exactamente lo que nos estamos prometiendo que haremos algún día incierto. Tenemos que vernos más, pero hoy no, que no me pilla del todo bien. Pero añotonto acaba, y otra vez es lunes y otra vez enero de repente y otra vez la rutina que pensabas odiar te ordena y hasta la agradeces, y otra vez te sientes un farsante en el trabajo, y otra vez será la distancia entre lo sucedido y lo contado lo único que nos quede.
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