¿Por qué es importante leer a Javier Cercas?

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Para Paula

Porque sé que buena parte de los lectores que normalmente visitáis esta santa casa (que por fin se está volviendo mainstream, la IPO cada vez está más cerca) lo consideráis un escritor tirando a rancio, que le mola a vuestro tío el que se compra siempre el último Premio Planeta, y que no tiene excesivo valor literario. Vamos, lo que os pasaba con el bueno de Arturito hasta que vine a suplicaros que le dieseis una oportunidad en este texto tan cojonudo (Artículo buenísimo). Así que vamos allá.

Porque empezó su carrera de manera gris y mediocre y estuvo trece (que se dice pronto) años en el dique seco, sin tener apenas éxito y publicando tres libros que pasaron sin pena ni gloria (El móvil, El inquilino y El vientre de la ballena) hasta que, de repente, escribe Soldados de Salamina, que es un puto monumento de la literatura española y me parece que en muchas ocasiones no se considera como tal. Actualizando este artículo, la lista de Babelia de Los 50 mejores libros españoles del último medio siglo, lo pone en el sexto puesto, así que tal vez sí se considere como tal, lo cual me produce una profunda alegría. Es una novela fascinante, que mezcla muchos estilos y, en la cual sale él mismo como personaje, un autor que escribe un libro sobre la historia de Rafael Sánchez Mazas, fundador de la Falange y ministro franquista, que escapa de la cárcel de Barcelona durante la Guerra Civil y al cual un anónimo soldado republicano le perdona la vida. Javier se obsesiona con la búsqueda de este republicano, especialmente después de que el escritor chileno Roberto Bolaño (el cual coincide conmigo con que esta novela es una barbaridad) le ponga sobre la pista de Miralles, un antiguo combatiente que podría ser el hombre que dejase vivir a Sánchez Mazas. De verdad, leeos este libro, por favor. Además, es el pistoletazo de salida de la carrera de Javier, ya que le llueven los premios y las buenas críticas, incluidas de ciertas personas que tienen una idea o dos de los que es un buen libro, como el bueno de Vargas Llosa, que le dedica una columna entera y dice de la novela: "…el libro es magnífico, en efecto, uno de los mejores que he leído en mucho tiempo y merecería tener innumerables lectores, en esta época en que se ha puesto de moda la literatura ligera, llamada de entretenimiento, porque así aquellos comprobarían que la literatura seria, la que se atreve a encarar los grandes temas y rehúye la facilidad, no tiene nada de aburrida, y, al contrario, es capaz también de encandilar a sus lectores….". Además, después de publicar esta barbaridad, edita La velocidad de la luz, su segundo mejor libro y otro puto monumento de la lengua castellana. En esta novela aborda, de manera muy personal y también a través de un personaje en el cual se refleja el propio autor, un tema que no resulta excesivamente cercano para la literatura española como es la guerra de Vietnam y sus consecuencias y efectos en la psique norteamericana.

Porque, aunque sigue su carrera de manera fantástica (como aclararé más adelante), nunca más vuelve a alcanzar las alturas y méritos literarios a los que llega con estas dos novelas. Sin querer entrar en digresiones, Cercas escribe a lo largo de su carrera un montón de libros buenísimos pero Calíope le es más favorable entre el 2001 y el 2005. Eso es, sin duda, el rasgo que me parece más interesante de Javier, ya que yo entiendo la literatura como una carrera casi profesional, en la cual la experiencia cuenta mucho y los años van añadiendo capas de profundidad, reforzando el talento y concediendo recursos al que escribe. Sin embargo, si me pongo a analizar buena parte de los autores que me gustan, me doy cuenta de que  muchos de ellos escribieron su mejor obra al tercer o cuarto asalto (prácticamente nunca al primero), siendo este el argumento principal que hace que se pueda entender la literatura como un oficio, aunque esta idea la aleja de su verdadera esencia, que no es otra que la de un arte, tal vez el más antiguo, perfecto y complejo de todos cuales existen. 

Porque ha escrito novelas de no ficción de una calidad descomunal: Anatomía de un instante, El impostor y El loco de Dios en el fin del mundo (también iría en esta línea El monarca de las sombras, aunque la verdad es que me gustó mucho menos y no puedo recomendarla con honradez). Sé que puede parecer un oxímoron lo de novela de no ficción, pero es que no existe otra forma de referirse a estos dos pedazo de libros. Anatomía de un instante (de la cual se ha hecho ahora una serie) es una novela extraordinaria, con un planteamiento fascinante. En las primeras páginas, Cercas explica que su intención inicial era escribir una novela sobre el 23-F pero que, una vez comenzó a indagar, a realizar entrevistas y a documentarse, se dio cuenta de que ninguna ficción podría superar a la realidad y se dedica a contar lo que sucedió, con un nivel de profundidad y rigor ¿periodístico? insuperables. Además, se mete a fondo en todas las conspiraciones (la de la CIA, la del emérito, tanto su implicación real como el supuesto discurso doble que grabó- uno condenando el golpe y otro apoyándolo- la de la identidad real del Elefante Blanco…) y nos aproxima a personajes interesantísimos y fundamentales como la historia de España, como los muy conocidos González (que tenía bastante claro que algo se fraguaba) o Carrillo, pero también hombres menos públicos como Gutiérrez-Mellado (es uno de los tres que no se tira al suelo cuando entran los militares y que incluso forcejea con ellos), que vivió toda su vida repudiado por sus compañeros de armas por su acto de defensa de la democracia.

Además, da pistas de cómo los periódicos siempre han tenido un papel fundamental en la formación opinión pública, (con portadas de El Alcázar que eran para echarse a temblar), transmite la imagen de un país aunque queda ya muy lejos olía bastante a cerrado y explica muy bien cómo el tiempo va poniendo a todo el mundo en su lugar, siendo Suárez el perfecto ejemplo, que en ese momento era el hombre más odiado y despreciado de España y ha pasado a la historia como un hombre que hizo lo más bonito que puede hacer uno por la democracia (o por cualquier cosa): se jugó la vida por ella. 

En cuanto a la historia que cuenta en El impostor, es la misma de la cual se hizo una película estupenda este año: Marco. Es 100% real, lo que refuerza otra vez el argumento de Cercas de que la realidad es infinitamente superior a la ficción, ya que resulta muy complejo concebir una historia en la cual un hombre (Enric Marco) finja durante unos años que es un superviviente de los campos de concentración nazis. De todas maneras, y pese a la bajeza moral del personaje, no puedo evitar sentir una enorme fascinación por él y su empeño de continuar viviendo en un mundo (el suyo) que ya era pasto de las llamas y que, cubierto de insultos y desprecios, proclamase hasta el fin de los días que su historia era verdadera, dándole un toque fascinante e inventándose un concepto españolísimo, el de la “verdad moral”: la idea de que su impostura servía para mantener viva la memoria de las víctimas reales. En fin, leed el libro o ved la peli, ambos son fantásticos. 

Finalmente, El loco de Dios en el fin del mundo es la narración en la que alguien que confiesa:"Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz, un impío riguroso." se embarca en un viaje a Mongolia con el difunto Papa Francisco con el objetivo de hacerle una pregunta, que en realidad se la plantea su madre "¿Veré a mi marido una vez muera?". En este libro se aprecia además que tiene un nivel de acceso extraordinaria al siempre críptico Vaticano, que le abre las puertas de par en par y que él entra en ellas con la cautela de un ateo pero con unas ganas casi infantiles de querer preguntar, conocer y descubrir.

Porque ha escrito también novelas accesibles. Seamos claros, ni Soldados de Salamina ni A la velocidad de la luz (incluso, por temática, ni Anatomía de un instante ni El impostor, son para todo el mundo) pero sí que lo son otras novelas que ha escrito. Por ejemplo, Las leyes de la frontera es un libro cojonudo, facilísimo de leer y que no deja de tener un poso fundamental de calidad (a modo de ejemplo, tiene múltiples puntos de vista de la narración) además de contar una historia mil veces repetida: la del niño de familia bien que se hace amigos complicados y que, por merced de su condición social, acaba salvando la papeleta mientras que la vida se ceba con los de siempre. Además, hay una chica. Al fin y al cabo siempre hay una chica. Cherchez la femme, o como sea, pero todos hemos hecho tonterías (y las seguimos haciendo) por intentar que nos quieran. Ojo además a estas dos frases, teniendo por favor en cuenta de que no es en absoluto un proyecto tan ambicioso desde el punto de vista literario y aún así suelta golpazos como éstos: "Si enamorarse de alguien no consiste en idealizarlo, ya me dirá en qué consiste." y "Conocer antes que los demás el mal absoluto no te hace mejor que los demás; te hace peor. Y no sirve absolutamente para nada."

Porque fue Premio Planeta y no da vergüenza decirlo. Dentro de su línea de novelas más "sencillas", en el 2019 ganó el Planeta (recordemos, premio mejor dotado de la literatura española, además de publicación a bombo y platillo y un lugar preferente en los escaparates) por Terra Alta, una novela policíaca la verdad que estupenda. Es parte de la trilogía con el mismo nombre y narra los casos que resuelve Melchor Marín, un policía catalán que ha de resolver el asesinato de unos importantísimos empresarios catalanes, además de lidiar con sus demonios y con el asesinato de su madre. En esta trilogía se encuentran varias de sus obsesiones, como el procés, la configuración de la burguesía catalana y su concepción de ellos mismos como adalides de Dios en la tierra (siendo además una persona que ha pasado tiempo con este tipo de catalanes, no puedo estar más de acuerdo) el pasado, la pérdida y la importancia de la literatura como tabla de salvación.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar su labor como articulista. A mí la verdad es que no me encanta, por lo que no puedo de buena fe recomendároslo, aunque no puedo dejar de mencionar que lleva casi treinta años publicando columnas de manera casi semanal y que no puede negársele su valentía a la hora de encarar muchos temas (aunque mucha gente solamente lea sus engañosos titulares y dé el artículo por finalizado), su complejidad intelectual y que sin duda alguna, es un tío inteligente y que dedica buena parte de su tiempo a intentar pensar de manera honesta. No dejéis que el hecho de que sea un autor que lleva veinte años pisando moqueta os aleje de sus libros, de su innegable talento y de su indiscutible calidad literaria y leed a Javier Cercas.

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Porque sé que buena parte de los lectores que normalmente visitáis esta santa casa (que por fin se está volviendo mainstream, la IPO cada vez está más cerca) lo consideráis un escritor tirando a rancio, que le mola a vuestro tío el que se compra siempre el último Premio Planeta, y que no tiene excesivo valor literario. Vamos, lo que os pasaba con el bueno de Arturito hasta que vine a suplicaros que le dieseis una oportunidad en este texto tan cojonudo (Artículo buenísimo). Así que vamos allá.

Porque empezó su carrera de manera gris y mediocre y estuvo trece (que se dice pronto) años en el dique seco, sin tener apenas éxito y publicando tres libros que pasaron sin pena ni gloria (El móvil, El inquilino y El vientre de la ballena) hasta que, de repente, escribe Soldados de Salamina, que es un puto monumento de la literatura española y me parece que en muchas ocasiones no se considera como tal. Actualizando este artículo, la lista de Babelia de Los 50 mejores libros españoles del último medio siglo, lo pone en el sexto puesto, así que tal vez sí se considere como tal, lo cual me produce una profunda alegría. Es una novela fascinante, que mezcla muchos estilos y, en la cual sale él mismo como personaje, un autor que escribe un libro sobre la historia de Rafael Sánchez Mazas, fundador de la Falange y ministro franquista, que escapa de la cárcel de Barcelona durante la Guerra Civil y al cual un anónimo soldado republicano le perdona la vida. Javier se obsesiona con la búsqueda de este republicano, especialmente después de que el escritor chileno Roberto Bolaño (el cual coincide conmigo con que esta novela es una barbaridad) le ponga sobre la pista de Miralles, un antiguo combatiente que podría ser el hombre que dejase vivir a Sánchez Mazas. De verdad, leeos este libro, por favor. Además, es el pistoletazo de salida de la carrera de Javier, ya que le llueven los premios y las buenas críticas, incluidas de ciertas personas que tienen una idea o dos de los que es un buen libro, como el bueno de Vargas Llosa, que le dedica una columna entera y dice de la novela: "…el libro es magnífico, en efecto, uno de los mejores que he leído en mucho tiempo y merecería tener innumerables lectores, en esta época en que se ha puesto de moda la literatura ligera, llamada de entretenimiento, porque así aquellos comprobarían que la literatura seria, la que se atreve a encarar los grandes temas y rehúye la facilidad, no tiene nada de aburrida, y, al contrario, es capaz también de encandilar a sus lectores….". Además, después de publicar esta barbaridad, edita La velocidad de la luz, su segundo mejor libro y otro puto monumento de la lengua castellana. En esta novela aborda, de manera muy personal y también a través de un personaje en el cual se refleja el propio autor, un tema que no resulta excesivamente cercano para la literatura española como es la guerra de Vietnam y sus consecuencias y efectos en la psique norteamericana.

Porque, aunque sigue su carrera de manera fantástica (como aclararé más adelante), nunca más vuelve a alcanzar las alturas y méritos literarios a los que llega con estas dos novelas. Sin querer entrar en digresiones, Cercas escribe a lo largo de su carrera un montón de libros buenísimos pero Calíope le es más favorable entre el 2001 y el 2005. Eso es, sin duda, el rasgo que me parece más interesante de Javier, ya que yo entiendo la literatura como una carrera casi profesional, en la cual la experiencia cuenta mucho y los años van añadiendo capas de profundidad, reforzando el talento y concediendo recursos al que escribe. Sin embargo, si me pongo a analizar buena parte de los autores que me gustan, me doy cuenta de que  muchos de ellos escribieron su mejor obra al tercer o cuarto asalto (prácticamente nunca al primero), siendo este el argumento principal que hace que se pueda entender la literatura como un oficio, aunque esta idea la aleja de su verdadera esencia, que no es otra que la de un arte, tal vez el más antiguo, perfecto y complejo de todos cuales existen. 

Porque ha escrito novelas de no ficción de una calidad descomunal: Anatomía de un instante, El impostor y El loco de Dios en el fin del mundo (también iría en esta línea El monarca de las sombras, aunque la verdad es que me gustó mucho menos y no puedo recomendarla con honradez). Sé que puede parecer un oxímoron lo de novela de no ficción, pero es que no existe otra forma de referirse a estos dos pedazo de libros. Anatomía de un instante (de la cual se ha hecho ahora una serie) es una novela extraordinaria, con un planteamiento fascinante. En las primeras páginas, Cercas explica que su intención inicial era escribir una novela sobre el 23-F pero que, una vez comenzó a indagar, a realizar entrevistas y a documentarse, se dio cuenta de que ninguna ficción podría superar a la realidad y se dedica a contar lo que sucedió, con un nivel de profundidad y rigor ¿periodístico? insuperables. Además, se mete a fondo en todas las conspiraciones (la de la CIA, la del emérito, tanto su implicación real como el supuesto discurso doble que grabó- uno condenando el golpe y otro apoyándolo- la de la identidad real del Elefante Blanco…) y nos aproxima a personajes interesantísimos y fundamentales como la historia de España, como los muy conocidos González (que tenía bastante claro que algo se fraguaba) o Carrillo, pero también hombres menos públicos como Gutiérrez-Mellado (es uno de los tres que no se tira al suelo cuando entran los militares y que incluso forcejea con ellos), que vivió toda su vida repudiado por sus compañeros de armas por su acto de defensa de la democracia.

Además, da pistas de cómo los periódicos siempre han tenido un papel fundamental en la formación opinión pública, (con portadas de El Alcázar que eran para echarse a temblar), transmite la imagen de un país aunque queda ya muy lejos olía bastante a cerrado y explica muy bien cómo el tiempo va poniendo a todo el mundo en su lugar, siendo Suárez el perfecto ejemplo, que en ese momento era el hombre más odiado y despreciado de España y ha pasado a la historia como un hombre que hizo lo más bonito que puede hacer uno por la democracia (o por cualquier cosa): se jugó la vida por ella. 

En cuanto a la historia que cuenta en El impostor, es la misma de la cual se hizo una película estupenda este año: Marco. Es 100% real, lo que refuerza otra vez el argumento de Cercas de que la realidad es infinitamente superior a la ficción, ya que resulta muy complejo concebir una historia en la cual un hombre (Enric Marco) finja durante unos años que es un superviviente de los campos de concentración nazis. De todas maneras, y pese a la bajeza moral del personaje, no puedo evitar sentir una enorme fascinación por él y su empeño de continuar viviendo en un mundo (el suyo) que ya era pasto de las llamas y que, cubierto de insultos y desprecios, proclamase hasta el fin de los días que su historia era verdadera, dándole un toque fascinante e inventándose un concepto españolísimo, el de la “verdad moral”: la idea de que su impostura servía para mantener viva la memoria de las víctimas reales. En fin, leed el libro o ved la peli, ambos son fantásticos. 

Finalmente, El loco de Dios en el fin del mundo es la narración en la que alguien que confiesa:"Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz, un impío riguroso." se embarca en un viaje a Mongolia con el difunto Papa Francisco con el objetivo de hacerle una pregunta, que en realidad se la plantea su madre "¿Veré a mi marido una vez muera?". En este libro se aprecia además que tiene un nivel de acceso extraordinaria al siempre críptico Vaticano, que le abre las puertas de par en par y que él entra en ellas con la cautela de un ateo pero con unas ganas casi infantiles de querer preguntar, conocer y descubrir.

Porque ha escrito también novelas accesibles. Seamos claros, ni Soldados de Salamina ni A la velocidad de la luz (incluso, por temática, ni Anatomía de un instante ni El impostor, son para todo el mundo) pero sí que lo son otras novelas que ha escrito. Por ejemplo, Las leyes de la frontera es un libro cojonudo, facilísimo de leer y que no deja de tener un poso fundamental de calidad (a modo de ejemplo, tiene múltiples puntos de vista de la narración) además de contar una historia mil veces repetida: la del niño de familia bien que se hace amigos complicados y que, por merced de su condición social, acaba salvando la papeleta mientras que la vida se ceba con los de siempre. Además, hay una chica. Al fin y al cabo siempre hay una chica. Cherchez la femme, o como sea, pero todos hemos hecho tonterías (y las seguimos haciendo) por intentar que nos quieran. Ojo además a estas dos frases, teniendo por favor en cuenta de que no es en absoluto un proyecto tan ambicioso desde el punto de vista literario y aún así suelta golpazos como éstos: "Si enamorarse de alguien no consiste en idealizarlo, ya me dirá en qué consiste." y "Conocer antes que los demás el mal absoluto no te hace mejor que los demás; te hace peor. Y no sirve absolutamente para nada."

Porque fue Premio Planeta y no da vergüenza decirlo. Dentro de su línea de novelas más "sencillas", en el 2019 ganó el Planeta (recordemos, premio mejor dotado de la literatura española, además de publicación a bombo y platillo y un lugar preferente en los escaparates) por Terra Alta, una novela policíaca la verdad que estupenda. Es parte de la trilogía con el mismo nombre y narra los casos que resuelve Melchor Marín, un policía catalán que ha de resolver el asesinato de unos importantísimos empresarios catalanes, además de lidiar con sus demonios y con el asesinato de su madre. En esta trilogía se encuentran varias de sus obsesiones, como el procés, la configuración de la burguesía catalana y su concepción de ellos mismos como adalides de Dios en la tierra (siendo además una persona que ha pasado tiempo con este tipo de catalanes, no puedo estar más de acuerdo) el pasado, la pérdida y la importancia de la literatura como tabla de salvación.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar su labor como articulista. A mí la verdad es que no me encanta, por lo que no puedo de buena fe recomendároslo, aunque no puedo dejar de mencionar que lleva casi treinta años publicando columnas de manera casi semanal y que no puede negársele su valentía a la hora de encarar muchos temas (aunque mucha gente solamente lea sus engañosos titulares y dé el artículo por finalizado), su complejidad intelectual y que sin duda alguna, es un tío inteligente y que dedica buena parte de su tiempo a intentar pensar de manera honesta. No dejéis que el hecho de que sea un autor que lleva veinte años pisando moqueta os aleje de sus libros, de su innegable talento y de su indiscutible calidad literaria y leed a Javier Cercas.

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