__MESSAGE__
¿Qué beben y comen en First Dates?
Empezar, la inmensa mayoría, empieza muy mal. Piden unas bebidas ridículas con las que nada puede fluir.
7 de noviembre 2025
La televisión que tiene cada país es la que merece, el reflejo de sus ciudadanos y sus gustos. Algo similar ocurre con la política, que aunque muchos crean que es mentira, es la imagen perfeccionada y aseada de esa masa de gente que somos los españoles. Sin ningún rubor ni placer culpable, muchos días a la semana pongo la Cuatro a esa hora incierta en la que lo que mejor puede hacer uno es estar fuera de casa, y yo me quedo pegado a First Dates. Me fascina esa fauna salvaje en busca del amor o de ese deporte que es el sexo sin quererse. Quizá el mejor tratado sociológico hecho en España en los últimos años, y una realización perfecta que consigue que se consuma como la droga más adictiva. Se conocen, toman algo, cenan y, si sale bien, encuentran el amor. Algo tan difícil jamás fue tan sencillo, o no.
Empezar, la inmensa mayoría, empieza muy mal. Piden unas bebidas ridículas con las que nada puede fluir: mojitos aguados y saturados de azúcar, refrescos sin gas y menos gracia que Zapatero o zumos absurdos para adultos; ya no digo nada de los que se tiran al agua, mal rollo los abstemios. Llegan a un local con una decoración dudosa, rara, de bar que quiere modernizarse para petarlo en Instagram pero se queda con el público jubileta que no sabe cómo funcionan bien las stories.
Hablemos ahora de lo que comen, porque menudo percal. La comida es más o menos siempre la misma: igual de mala. Mucho espagueti que pone en jaque a los tortolitos, porque no saben comer con un mínimo decoro o asesinan con tenedor y cuchillo al plato. Pescados con salsas densas y empalagosa, revueltos de todo con colores radioactivos, mucho tartar y apenas guisos. Puede que me equivoque, porque una imagen no vale más que unos mordiscos, pero creo estar en lo cierto.
Bien es cierto que no se puede pedir mucho, cuando apoquinan por el ágape veinte euros cabeza. Que ya haces poco aquí en Asturias, ni les cuento en Madrid. Salir en la tele nunca fue tan barato, los quince minutos de fama de los que hablaba el unicornio de Warhol.
No me extraña que los que conectan, que se caigan bien y encajen: están deseando coger la puerta e irse a la noche eterna madrileña, tomarse unas copas y experimentar de verdad lo que la magia de enamorarse, la magia de hacer surgir al amor.
¿Qué opinas?
Sin comentariosHay fines de semana que caben enteros en una barra
Por Álvaro Boro
Un sábado cualquiera puede empezar saliendo a mediodía y que poco a poco, aquello se convierta en un vermut torero y termine bastante después de lo previsto.
Eduardo Jordá: «Dylan es equivalente a Mozart»
Por Álvaro Boro
Bob Dylan se ha comido a Bobby Zimmerman. Existe como un fantasma, oculto dentro de las múltiples máscaras e identidades que Dylan ha ido adoptando por su temor a ser escrutado por el público. Dylan ha construido muchas identidades para protegerse de esa mirada ajena que tanto le aterroriza.
SM 26: Hasta el año que viene, San Mateo
Por Álvaro Boro
Se acaban las fiestas de San Mateo y con ello el final de estas crónicas.
Hay fines de semana que caben enteros en una barra
Por Álvaro Boro
Un sábado cualquiera puede empezar saliendo a mediodía y que poco a poco, aquello se convierta en un vermut torero y termine bastante después de lo previsto.
La cuestión nacional de la tortilla de patata
Por Álvaro Boro
La fábrica que hace las de Mercadona produce ochenta millones de tortillas al año. Manda huevos que, en la comida que más define al país, nos dejemos embaucar y la vagancia, el conformismo y la desidia nos hagan contentarnos con sucedáneos.
O Loxe Mareiro, entre el mar y el cielo
Por Carmen Badía
Una crónica altamente degustable del restaurante del verano, O Loxe Mareiro, un rincón irreplicable de Carril que pone en valor la riqueza de la ría de Arousa.
Suscríbete a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Boro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES