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Un lugar en el que pasó de verdad
Como si hubiese un universo paralelo en el que esas cosas suceden, donde llegamos a escribir ese mensaje y, sin darnos cuenta, cambia nuestra vida por completo.
17 de enero 2024
Como si hubiese un universo paralelo en el que esas cosas suceden, donde llegamos a escribir ese mensaje y, sin darnos cuenta, cambia nuestra vida por completo.
Hace unos días hablaba con un amigo de sus cosas. Cuando uno habla de la vida en general, puede crear el Big Five de las cosas importantes. Como si estuvieses de safari en el Serengueti. El nuestro se compone de amor, trabajo, familia, fútbol y amor una vez más. Mi amigo me decía que quería quedar con la chica que le gusta para hablar. Decirle que sigue pillado por ella, que no la ha olvidado. Por supuesto que le insistí en que tenía que decírselo, que no se lo pensara ni un minuto más. “Es más complicado de lo que parece” me dijo. Cuánta razón tenía el cabrón. Es cierto, las cosas no siempre son como las vemos desde fuera, pero si no lo hacemos ahora, ¿cuándo va a ser?
Hay una columna de Jabois titulada “Un mundo en el que casi vivimos” que habla del limbo en el que se quedan los mensajes de WhatsApp que alguna vez escribimos y nunca llegamos a enviar. Como si hubiese un universo paralelo en el que esas cosas suceden, donde llegamos a escribir ese mensaje y, sin darnos cuenta, cambia nuestra vida por completo. Algo así me imagino con todo lo que me pasa. Por ejemplo, recuerdo una revisión de un examen de Teoría del Derecho en el que fui a rogarle a la profesora que me cambiase ese cuatro por un cinco. Si no conseguía esos seis créditos, no podría irme el año siguiente de SICUE a Madrid, donde vivía mi novia de aquella época y con la que soñaba pasear de la mano viviendo los dos en la misma ciudad. No aprobé, no me fui de SICUE y al tiempo aquella chica me dejó. Qué cosas tiene la vida. Puede que exista un universo paralelo en el que apruebo esa asignatura, me voy a Madrid y me convierto en un abogado de prestigio casado con su novia de toda la vida. Algo parecido al epílogo de La La Land. No sabemos qué habría sido de nosotros si hubiésemos hecho las cosas de otra manera, y tampoco debería haber mucho hueco en nuestras cabezas para ese “¿Y si?”
Joder, me tiraría el día comiéndome el tarro de una manera enfermiza. ¿Y si Carlos Calvo no marca ese golazo de falta ante el Hércules que le da medio ascenso al Cádiz? ¿Seguiríamos en Segunda B? ¿Y si en verdad esa chica no me responde porque se le han borrado todos los mensajes y yo me estoy creyendo que ha pasado de mí? ¿Cómo coño se lo digo? “Oye, llevas unos días sin contestarme, quiero irme contigo a pasar un fin de semana por ahí, pero no sé si me estás haciendo ghosting, se te ha ido el WhatsApp al garete, se ha muerto tu abuela o simplemente no te ha dado tiempo a contestarme” (Todo era mejor antes de que existiera WhatsApp, pero ese es otro tema). Puede que exista ese mundo donde todo pasó de verdad, no lo sé. Tal vez hay un lugar en el que le escribí a aquella chica, le hice caso a mi nutricionista, corrí la media maratón a la que me apunté, saqué ese podcast que tanta ilusión me hacía y envié mi curriculum a esa gran empresa que me parecía imposible de alcanzar.
Sinceramente, no me disgusta la realidad en la que vivo. Todo lo que nos pasa es como el historial del navegador que te dice lo que has buscado anteriormente. Está bien saberlo, recordarlo e intentar que no vuelva a pasar algo de lo que no te quieras arrepentir nunca más. Y si vuelve a pasar, pues pasó y ya está. Equivocarse es humano, reincidir más todavía.
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