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Una hoguera sonora
Y fue entonces cuando me di cuenta de que ese amor no dormía. Que viajar era gratis y que aquellas voces metálicas eran una muy buena compañía.
8 de octubre 2025
Y fue entonces cuando me di cuenta de que ese amor no dormía. Que viajar era gratis y que aquellas voces metálicas eran una muy buena compañía.
Yo esta afición, como casi todas, la conocí gracias a mi padre. En casa hay un baño pegado a la cocina, y uno de los recuerdos que tengo de niño es un trasto Sony negro con una antena plateada extensible muy larga sonando a todo trapo ahí dentro. Aquel cuarto de baño se componía de vaho, restos de espuma de afeitar y unas voces que decían muchas cosas las cuales sonaban muy convincentes. Yo no sabía qué era aquello que se oía incluso con la puerta cerrada mientras ahogaba una magdalena en el primer colacao del día, pero sonaba a cosas de mayores. Y por eso siempre pensé que ser mayor debía de ser chulísimo, pero ser como mi padre más todavía.
El tiempo pasaba, y aquella afición, aquel amor primerizo no se iba de mi cabeza ni de mis oídos. Estaba presente a todas horas, como de guardia. Y fue entonces cuando me di cuenta de que ese amor no dormía. Que viajar era gratis y que aquellas voces metálicas eran una muy buena compañía. El trasto sonaba de día en el baño de mi padre, pero gracias a él, mi cuarto se llenaba de música desde un radio casette que le regalaron a mi hermano por su primera comunión por las tardes mientras hacía la tarea.
En casa seguíamos creciendo, y la oscuridad de la noche la iluminaban unos señores que hacían que no durmiéramos porque, gracias a ellos, como si de una hoguera sonora se tratara, mi hermano y yo soñábamos despiertos. Durante aquellos años el cacharro no fue el mismo, nosotros tampoco, pero la sintonía sí. 101.4 FM, OndaCero, Al Primer Toque con Héctor Fernández y, de madrugada, con nocturnidad y alevosía, nos tapábamos la boca mientras llorábamos de la risa con La Parroquia del Monaguillo para no despertar a los demás.
Me hice mayor y me regalaron por Navidad una radio para mí solito, y fue ahí cuando se nos terminó de joder el Perú. Ese aparato Panasonic no se ha separado de mí todavía. En él han sonado casi todos: Alsina, Francino, Herrera, Expósito, Latorre… Y ahora que vivo fuera de casa, el sonido que hace la brocha cuando al enjuago se complementa con el de las ondas que me brinda el móvil. Aquello suena como mi padre pero más yeyé. Como quien quería ser al fin y al cabo.
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