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¡Viva Raúl del Pozo!
Ya no veremos más su nombre en el escaparate de la última página, allí donde firman los mejores, tras coger el cetro, relevo natural y merecido del dios Umbral
11 de marzo 2026
Ya no veremos más su nombre en el escaparate de la última página, allí donde firman los mejores, tras coger el cetro, relevo natural y merecido del dios Umbral
Ya no habrá más ‘Ruido de fondo’ en la contraportada de El Mundo. Raúl del Pozo, maestro del periodismo y del vivir, que lo daba todo por su firma en la portada, por abrir el día en la primera página que estructura la vida y la actualidad contando aquello que ya ha pasado, no volverá a hacerlo porque se ha muerto. Condensó como nadie sus mil vidas en las seiscientas páginas de la columna. Fue el más reportero de todos aquellos que se dedican a ese género que es la opinión, periodista total, que supo mirar con ojos de pícaro, con la incansable curiosidad de aquel niño que fue en Cuenca y acabó convertido en césar de la mundanidad, el poder y la información de este país.
Noches eternas entre bullangas, mujeres y timbas; también hubo poderosos, duquesas y artistas. Fue Raúl un personaje tal que sus libros están plagados de verdades que son mentiras, lo mismo que su vida y sus hazañas.
Defendió siempre su libertad y su pluma frente a todo, aseguró escribir siempre lo que le salió del pijo, capaz de burlar a la censura franquista y a los ridículos puritanismos que ahora subyugan. “Para mí, el periodismo es mucho más que un contrapoder, o un servicio público, o una profesión. Es un veneno (…) Siempre pienso en el séptimo cielo de la primera página. He tenido el honor, algunas veces, de empezar mi columna en la portada”, dejó escrito en el epílogo de la gran biografía que le escribieron Jesús Úbeda y Julio Valdeón al alimón.
Los clásicos le saltaban a la boca a la vez que las anécdotas del Gijón: la literatura más pura y perfecta salpicada de cheli, de las ratas de Madrid a estrechar la mano del Rey. Conquistó la capital y a España como una más de esas mujeres, tantas, a las que enamoró; para él, sólo estarlo de Natalia. Canalla letraherido, pillo con sorna, sonrisa afilada, guapo todo el rato.
Ya no veremos más su nombre en el escaparate de la última página, allí donde firman los mejores, donde lo hacía Raúl del Pozo, tras coger el cetro, relevo natural y merecido del dios Umbral. Se van muriendo nuestros referentes, dejando un hueco enorme, torpedeando la infancia y los recuerdos de cuando éramos niños y soñábamos con ser algo parecido a ellos.
Se ha ido un tipo enorme. ¡Viva Raúl del Pozo!
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