Vuelve la balada-rock
Cameron Winter se atreve a decir cosas más sinceras que Julian Casablancas.
21 de abril 2026 · 2 comentarios
Cameron Winter se atreve a decir cosas más sinceras que Julian Casablancas.
En julio de 1998 se estrenó en España Armageddon, de Michael Bay. Se trata de una cinta de proporciones épicas y factura impresionante. Para los que no la hayáis visto: un meteorito «del tamaño de Texas» va a impactar contra la Tierra y a fulminar todo rastro de vida1. Lo que se le ocurre a la NASA es que la única manera de reventar el pedrusco es cavar profundo para colocar cabezas nucleares dentro del meteorito, en lugar de en su superficie. Pero para ello necesitan al mejor perforador de la Tierra, quien resulta ser, para nuestra infinita suerte, el experto extractor de petróleo Harry S. Stamper (Bruce Willis). Así pues, tras una instrucción exprés como astronautas, Harry y su equipo de misfits se dirigen al pedrusco con la firme intención de reventarlo en trozos pequeños.
Lo más interesante de la película es que, por sorprendente que parezcan sus ambiciones, no tiene ni pizca de ironía. Amor, camaradería, salvar el mundo, Billy Bob Thornton como jefe de la NASA: la peli es lo que es.
Sirviendo de colofón máximo y absolutamente insuperable, la película incluye cuatro canciones de Aerosmith, siendo I don’t want to miss a thing el mayor clímax en forma de balada-rock jamás alcanzado en ningún film que yo haya visto, potenciado además por la preciosa coincidencia de que Liv Tyler, hija de Steve, cantante de la banda, es la protagonista del nudo romántico-apocalíptico-estelar, del que no daré mayores detalles, dado que imagino que a estas alturas ya habéis bajado al videoclub más cercano para alquilar la película.
(Este vídeo basta para escuchar la canción, no os pongáis una de esas compilaciones de youtube si no queréis que is destripen la peli por completo)
La película (y la canción) son uno de los últimos testimonios —finisecular, arrebatado, definitivo— de la corriente optimista, efervescente y grandilocuente de la cultura pop de los 90. Tras esta película cayeron las Torres Gemelas y nuestra cultura cambió para siempre. Aunque series pioneras como Seinfeld ya la practicaban en los 90, después del atentado empezó a campar sus anchas la postironía, esto es, el miedo de los artistas vanguardistas a resultar cursis, afectados, melodramáticos o evidentes, y su consecuente parapeto sistemático bajo bromas autorreferenciales, juegos de significado y demás cobardes baratijas. Series insoportables como Rick&Morty y Padre de Familia, cine antecesor de lo basado como El club de la lucha o El caballero Oscuro, o, en lo indie, las peores cosas de Charlie Kauffman o Wes Anderson (esto es, cuando se ponen en modo oler sus propias flatulencias) son algunos monstruos producidos por la tendencia, resultante de malinterpretar y estirar como un chicle algo que pudo tener sentido en las novelas de Pynchon, pero que necesita de ingredientes humanos para no envejecer fatal2.
Mientras, en Nueva York, dos antiguos compis de un internado suizo para niños ricos con tendencias fumetas, Albert Hammond Jr. y Julian Casablancas, se reencuentran por casualidad y por la calle y se ponen a hablar de música y al poco ya viven y tocan juntos. El padre del primero (homónimo pero sin el Jr.) era un cantante de éxito masivo con una de las canciones más pegadizas jamás compuestas, y el segundo era hijo de John Casablancas, fundador de la agencia de modelos Elite, y de Jeanette Christiansen, modelo danesa3. Este grupo se llamará The Strokes, y publicarán Is this it, su álbum debut, 44 días antes del atentado contra las Torres Gemelas.
The Strokes recuperaban el punk y el garaje de los 70, es decir, la Velvet, New York Dolls, bases rítmicas ramonianas, con una producción impecable y la guinda en el pastel de carisma arrollador de Julian como vocalista. Sin embargo, y he aquí mi tesis, tanto en estética como en letras fueron siempre irónicos, extremadamente cool por el lado de que no parezca que te importe nada; sus letras sobre estar confuso en el apartamento de una chica (o mientras una chica se va de tu apartamento) marcaron todo el revival de las guitarras durante casi los siguientes veinte años, y establecieron una premisa: lo guay es ser irónico, ambiguo, que se note que alguna bajona hay pero no decirlo claramente. Un poco la estrategia indirecta-de-subnick del messenger, ya os acordáis.
Durante estas dos décadas, la sombra postirónica de los Strokes ha sido alargadísima en el indie de guitarras masculino4, y uno de sus mayores efectos ha sido la desaparición de la balada-rock como algo aceptable en la música independiente. Por balada-rock entiendo dos condiciones necesarias y suficientes:
- Canción tempo lento, de las de toda la vida, susceptible de ser bailada agarrados, normalmente escrita e interpretada con piano (aunque puede haber excepciones)
- Canción escrita de manera sincera y transparente sobre emociones importantes, es decir, que no dice “en mi apartamento ya nadie guarda las salsas de soja cuando pedimos comida china”, sino que dice directamente “te echo de menos”
La balada-rock, entonces y durante dos décadas, quedó relegada a radio fórmula (Adele - Someone like you), concursos de talento (Bisbal y Chenoa - Escondidos), galanes filoitalianos (Sergio Dalma - Bailar pegados) y demás territorios no tan pejigueros con el qué dirán.
Pero entonces, el 6 de diciembre de 20245, Cameron Winter publica Heavy Metal. Winter es el letrista y vocalista de Geese, banda que ya llevaba 2 discos a sus espaldas, discos curiosos pero más bien revivalistas, producto de músicos que no llegaban a los 20 años. Pero lo que hace en Heavy Metal es desatar un auténtico vendaval. 10 baladas-rock como 10 soles, performadas por el niño bonito de Nueva York, el sucesor de Julian Casablancas en cuanto a greñas, magnética voz y panache general, elegía, a sus 22 años, agarrar el piano y ser sincero.
En Love takes miles, escribe:
Love6 will call
When you've got enough under your arms
Oh oh, mama
Love will call
Love will make you fit it all in the car
Oh oh, mama
Something will take you
By your pants, and
Swing you over his head and kick you back and forth
Watching the bells, watching the lights
What I want is far away
En Drinking age:
Today, I met who I'm gonna be from now on
And he's a piece of shit, yeah
Y en $0 ya lo grita, dejándonos claro que esta idea de la batalla contra la ironía es parte esencial de su escritura:God is real, God is real
I’m not kidding, God is actually real
I'm not kidding this time
I think God is actually for real
God is real, God is actually real
God is real, I wouldn’t joke about this
I'm not kidding this time
Cameron se trajo esta manera de escribir a Geese, su banda principal, al parir Getting Killed, obra maestra instantánea en la que juegan con la confusión, la tensión entre lo sublime y lo patético, lo épico y lo cobarde y levantando todo tipo de suspicacias, más que nada debidas a la unanimidad de la crítica, y de cierto público que yo creo que intuye esto que estoy diciendo aquí: que son, 24 años después, un cambio de paradigma y una ventana abierta por donde se vuelve a colar el frescor de lo sincero y del atreverse a sentir algo.
Os pongo un último ejemplo —sin ánimo de comparar7 aunque creo que ya no hay más remedio—. Is this it, canción que abre el debut homónimo se los Strokes, tiene un verso que dice así:
If I was like him, all pissed in this bar
He changes his mind, says I went too far, eh
Y el apunte de Genius dice que sin duda se refiere a su padre (el agente de modelos que os conté antes) y al divorcio de sus padres, ante lo cual Julian declaraba más bien lacónico, como siempre: Basically, when my parents got divorced… I don’t know… everything was, I don’t know… I’m not trying to say that’s like why… it’s just, they got divorced. My mum was fucking miserable and I just lived with her crying every day and that was my life, so I fucking didn’t hate my dad but – I don’t want to say that now because I get along with him now fine, but I did, I did.
La madre de Cameron Winter es escritora, y en 2025 publicó un libro superventas contando con todo detalle cómo abrió su matrimonio. Desde que supe esto, no puedo evitar leer Au pays du cocaine, la más gloriosa balada-rock incluida en Getting Killed, como un ejercicio de Cameron poniéndose en los zapatos de su padre de manera sincera y descarnada y genial:
Like a sailor in a big green boat
Like a sailor in a big green coat
You can be free
You can be free and still come home
It's alright
I'm alright
Puede que esto sea un punto de inflexión: Cameron Winter se atreve a decir cosas más sinceras que Julian Casablancas, y por eso su música hoy nos hace sentir mucho más. Ha restituido el honor de la balada-rock y conseguido que, mientras lees esto, cientos de adolescentes practican con su piano mientras se atreven a cantarle al amor, a la pérdida y a todo lo vergonzoso.
24 años después, parece que hay relevo en vanguardia mitómana del rock de guitarras, seguramente el nicho que más resistente era a quitarse de la postironía. O incluso a ponerle banda sonora a una película sobre salvar el mundo mediante el poder del amor, quién sabe.
… Don't wanna close my eyes
I don't wanna fall asleep
'Cause I'd miss you baby
And I don't wanna miss a thing
— Aerosmith
1Por cierto, nadie en la peli se pregunta cómo va a afectar aquello a la economía.
2De hecho, Una Batalla tras otra (Paul Thomas Anderson, 2025), como adaptación de Pynchon, tiene tendencias irónicas y autoconscientes/listillas un poco mosqueantes, que PTA suaviza y moderniza subrayando la sincera relación padre-hija en la que desemboca la peli.
3Esto es importante para algo que cuento luego.
4Me gustaría decir que esta óptica y todo lo que digo tiene sentido pensando en los estandartes fagocitantes masculinos de la industria porque, por suerte, en los márgenes casi todo lo que voy a decir ahora no aplica.
5¿El día de la re-constitución de la balada-rock?
6 Le pregunté a Claude pero no fue capaz; a mano he visto que apenas dos veces en todo Is this it se pronuncia la palabra love, y en ambas es intrascendente y se refiere a que algo le encanta, etc
7 Ya que estamos; los Strokes son una banda importantísima en mi vida, pero creo que desde First impressions of Earth van con el piloto automático, tanto en lo musical como por supuesto en lo lírico como digo aquí. The new abnormal me pareció un disco completamente inane, tonaditas más bien tiktokeras, algunas plagios claros. Going shopping, el adelanto de Reality awaits, más de lo mismo. No creo que se pueda siquiera comparar con el riesgo y la categoría de lo último de Geese/Winter y como veis en general opino que, bueno, abran paso al heredero.
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