__MESSAGE__
Y si existe el diablo
Yo vivía mucho mejor pensando que Zapatero no era más que un tipo blando en todo los sentidos.
18 de diciembre 2025
Yo vivía mucho mejor pensando que Zapatero no era más que un tipo blando en todo los sentidos.
Considerar al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero una figura maléfica es una postura que se suele ver como una alucinación producto de una fiebre ultra reaccionaria. Nadie que se tome a sí mismo en serio puede darle media onza de peso a las acusaciones que cierta derecha un poco tontorrona ha vertido desde hace décadas sobre el expresidente.
A lo sumo, sus críticos más cabales lo han tachado de incompetente sin malas intenciones: un iluminado que tuvo la suerte de cabalgar la ola de bonanza económica de la España Feliz y no supo frenar el desastre que precipitó su salida antes de que pudiese terminar su segunda legislatura. Tras su mandato, se fue al rincón de pensar y, mal que bien, intentó ejercer una influencia pacificadora como mediador en conflictos que le venían grandes. Un irresponsable con buen fondo. Un tipo limitado, pero con la voluntad de hacer el bien.
Sin embargo, en los últimos meses se ha venido perfilando la figura del Zapatero actual como un animal muy distinto. Los que se ubican de su lado del espectro político —por decirlo de alguna manera— no van a dedicar un solo segundo a artículos como el que Jesús Cacho publicó el pasado verano en Vozpópuli o la reciente pieza de Ketty Garat y Teresa Gómez para The Objective. El Gobierno actual ha dicho que son medios basura, y hay que creer al Gobierno, sobre todo cuando señala a alguien que habla mal de él. Estos artículos caerían del lado de la conspiranoia alucinada de principios de siglo, cuando autores como Pío Moa o César Vidal vomitaban todo tipo de acusaciones sobre zETApé con un odio africano que muchos atribuyeron al resentimiento del fundamentalista que no puede soportar a un presidente que puso encima de la mesa el matrimonio igualitario y la reparación a las víctimas del franquismo.
Y sin embargo puede que haya algo más. Los años nos han ido dejando un rastro de migas de pan: el tan formidable como injustificado esplendor económico de Zapatero y otros compañeros suyos (José Bono); la oscura consultoría Acento, capitaneada por José Blanco y otras figuras políticas del Partido Popular —demostrando que para las cosas importantes sí pueden entenderse—; los turbios movimientos empresariales atribuidos a las hijas del expresidente; el rescate de Plus Ultra; Delcy Rodríguez y los maletines. Es difícil ver todas estas cosas y no pensar que tal vez haya un patrón, y ese patrón, tal y como apuntan algunas piezas clave de las tramas de corrupción atribuibles al gobierno actual, podría ser Zapatero. Sin embargo, todo está tan suelto por ahora que tal vez no sea más que una gran teoría de la conspiración, una avalancha de bulos de extremaderecha. El resto lo haría nuestra necesidad de buscar la conexión, la gran narrativa, el deseo inevitablemente humano de que los sucesos estén relacionados entre sí.
Yo vivía mucho mejor pensando que Zapatero no era más que un tipo blando en todo los sentidos. Un señor que llegó al poder de casualidad —terrible casualidad, pero casualidad al fin y al cabo— y del que se pintaba una caricatura grotesca, homologable a la que la izquierda pintó de Aznar: la de un muñequito un poco bobo al que achacar todos los males del país. No estoy preparado para esta nueva realidad en la que Zapatero es el malo final de una película de James Bond, el hombre poderoso que se esconde tras la máscara de Eyes Wide Shut. Puede que sean conjeturas absurdas, pero la narrativa es muy poderosa, muy superior a las teorías de la conspiración que armaba la derecha dura —teorías de titadine y capas de calzoncillos— durante su presidencia. Zapatero como la mano que mueve los hilos en la portada de El padrino. Zapatero como diablo védico con una sonrisa que hiela la sangre. Que sea verosímil no quiere decir que sea cierto, por mucha potencia literaria que tenga —y tiene— este reverso tenebroso del que no pocos consideran el mejor presidente de la democracia reciente. Pero ya conocemos la famosa frase de Baudelaire sobre la más bonita astucia del diablo.
¿Qué opinas?
Sin comentariosVender la moto
Por Adrián Grant
El avión, un pequeño ATR72 que nos ha llevado desde Helsinki, ha cruzado en veinte minutos el golfo de Finlandia —un charco constelado de pequeñas islas como sarpullidos en la mar— y me he preguntado cuántos barcos rusos lo surcarán, si habrá una base militar en las inmediaciones de San Petersburgo monitorizando mi vuelo y todo el tráfico de la región.
Las dos Españas: bañador o traje de baño
Por Adrián Grant
Si uno estudia —es un decir— ciencias políticas aprenderá sobre la teoría de los clivajes (cleavages en inglés), que consiste en algo tan sencillo como que la población de cualquier territorio tiende a dividirse entre dos alternativas, y que esta dicotomía sirve para explicar multitud de fricciones políticas: la división izquierda-derecha, la tensión campo-ciudad, la lucha entre obreros y capitalistas…
La IA como muñeca hinchable
Por Adrián Grant
Quién sabe si los tiranos de oficina estarán más tranquilos ahora que pueden colmar sus fantasías dictatoriales con un esclavo digital.
Tu nombre es una puerta por cerrar
Por Paula Melchor
Paula: Pere, creo que debo empezar esto diciendo tu nombre, para traerte hasta aquí. Eres el primer Pere que conozco, el único que conozco en realidad. Creo que eso le da cierta magia a tu nombre, ¿no?
Ganas de trabajar
Por Miguel Gómez Garrido
El presidente, Pedro Sánchez, declaró “estar del lado de quienes madrugan, trabajan y merecen protección cuando la salud les falla”. Fijaos en la formulación, porque no hay nada gratuito en ella. Para defender el derecho a acogerse a la baja, Sánchez tiene que empezar reivindicando el madrugón y el trabajo. Después, convocar a su primo de zumosol, el concepto mágico: el mérito, el merecimiento. Y, finalmente, condicionar la baja a que la salud falle. Con defensas así no se necesitan delanteros. Alguien dirá: bueno, ya sabes, you have been psoed.
Tragarse el librito
Por Paula Amo
Mecidas por la resaca atenuada tras la visita papal que colapsó una ciudad que ya de por sí invita a la sobreestimulación sensorial, parece que aún hay cosas que decir. En sustrato nos leímos la Magnifica Humanitas en su momento y ahora, a toro pasado, queremos volver a ella. Sin pretender decir nada nada nada nada nuevo al respecto, sí que me gustaría hacer una invitación a pensar una cosa por un momento.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Adrián Grant
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES