__MESSAGE__
El arte de escribir a pluma
Nuestra caligrafía es la única bala personal e intransferible que nos queda.
10 de diciembre 2025
Nuestra caligrafía es la única bala personal e intransferible que nos queda.
El pasado 4 de septiembre el mundo de la moda y el buen gusto se paralizó con la muerte de Giorgio Armani. Aquel día también se cumplían dos meses de la primera vez que escribía a pluma. Es más, aquel aniversario también hacía honor a mi primera estilográfica en propiedad.
Los inicios fueron torpes, ya que la herencia del niño que apretaba en demasía el lápiz en el colegio se vio reflejada en mis primeras líneas. No quise ser dramático, pues las primeras veces nunca son bonitas o, en su defecto, cómodas. Pero Roma no se hizo en un día ni una caligrafía digna en tres frases.
La estilográfica es un cliente sofisticado, casi tanto como aquellas varitas mágicas de Harry Potter que elegían dueño. Estas no son tan caprichosas, pero también ponen a prueba a sus dueños. La pluma no requiere de caligrafías pomposas e impostadas, pero sí de sutileza, técnica y desparpajo. El juego de muñeca desliza la punta del elegante artilugio, haciendo así una emulsión junto al papel que se hará perenne. A la coordinación mano-ojo se le suma la calidad del papel en el que uno posará el exigente instrumento. Entiendo que no sacarían a pasear un deportivo por el monte, ¿no?
Cada intento de escritura con la pluma debe ser lento como los bailes de antaño y los toreros buenos, y paciente como los guisos de nuestras abuelas. Llegará el día en el que uno habrá escrito las líneas suficientes como para poder permitirse el lujo de hacerle una foto a lo escrito, dedicar cartas de amor o escribir recetas que solo algunos farmacéuticos entenderán.
Han pasado ya tres meses de la muerte de Giorgio Armani y no sé qué me da más miedo, si lo rápido que han pasado estos o lo mal que escribo a pluma todavía.
Sigo entrenando y cuidando mi letra por si acaso algún día es merecedora de una foto, aunque sea hecha por mis hijos o mis nietos fruto de la nostalgia. Porque nuestra caligrafía es la única bala personal e intransferible que nos queda.
¿Qué opinas?
Sin comentariosLa muerte vive en mi calle
Por Álvaro González
La muerte vive en mi calle y pasea un bichón maltés. La veo mínimo un par de veces por semanas. No miento. Camina más que John Travolta en Saturday Night Fever, pero a su ritmo. Despacio. La muerte cojea levemente.
Demasiadas burbujas
Por Álvaro González
Uno llega a un spa un poco como la primera vez que entra en una de esas clases de gimnasio dirigidas en las que el profesor tiene una energía desbordante. No sabe muy bien qué hacer o de qué va la película, pero lo piensa probar todo.
Bienvenida, Carmencita
Por Álvaro González
Qué caprichosa es la vida, Carmencita. Llegaste un 7 de julio, el mismo día que muchísima gente espera con la mayor de las ilusiones por allí arriba. Mientras, por aquí abajo, estábamos deseosos de tenerte con nosotros desde hace ya nueve meses.
No entender
Por María del Mar Ramón
Estoy en una charla con amigas nuevas. Son todas de acá y, además, todas se conocen.
No Sex #65: Apología de las rupturas veraniegas
Por Carla Mouriño
Espero de corazón que te dejen en verano. No es que esté deseando que nadie te deje, sólo digo que si alguien tuviese que dejarte ojalá tuviese la consideración de hacerlo en verano.
La muerte vive en mi calle
Por Álvaro González
La muerte vive en mi calle y pasea un bichón maltés. La veo mínimo un par de veces por semanas. No miento. Camina más que John Travolta en Saturday Night Fever, pero a su ritmo. Despacio. La muerte cojea levemente.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro González
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES