Deportes

Ganar entre bostezos

La noche, y España, se debatían entre el sueño y la nada. Y todos apostamos por esa nada que es el fútbol.

27 de junio 2026


Lucía el sol en México cuando aquí todo el mundo estaba de copas o ponía el despertador a unas horas en las que se empieza a no estar. La noche, y España, se debatían entre el sueño y la nada. Y todos apostamos por esa nada que es el fútbol.

Lo voy a llamar espejismo, aunque me equivoque y quizá tenga que envainármela, a eso que le pasó a la Selección frente Arabia Saudita. Me voy a explicar, ante un equipo menor todos nos venimos arriba, sólo hay que recordar esos sábados muy temprano por la mañana y en un campo de tierra, cuando siendo un chaval le metías doce a ese equipo de barrio que les costaba encontrar hueco para entrenar. Eso fueron los árabes para los españoles, pero al igual que cainitas, también somos mucho de envalentonarnos.

El mal que le pasa a este equipo, uno de ellos, es no tener a Rodri en forma, no está en lo que hay que estar, y sufrimos. Porque el fútbol se piensa desde la banda, lo pelean en la defensa, se materializa en la delantera, pero el engranaje que hace que todo funcione es el centro del campo. Y nos está fallando.

No tener a Dani Olmo en el campo, es incomprensible: un tipo que puede copar todas las posiciones sin rechistar ni respirar por la boca siempre tiene que tener hueco, un tipo que ve tan bien el fútbol tiene que jugar.

Ganamos de milagro, por un fogonazo de Baena cuando estaban a punto de empezar los bostezos. Si ganamos el Mundial, nadie se va a acordar -exceptuando Maldini, Aco y dos o tres calvos más que Dios les dio la capacidad para ver fútbol extraño y no pelo- de este partido mediocre entre legañas. Si perdemos, pues tampoco. Un sábado caluroso a principios de verano se presta a todo, y quizá sea mejor el fútbol que tener un ojo a la faena y otro a la ropa. O quizá no.

Hablemos de Lamine, porque lo de este chaval no es normal. Estando en reserva es capaz de mover a todo el equipo rival, pendiente de sus pies. Marcelo Bielsa -un viejo que sabe todo de la pelota, y por tanto prepotente y huraño en su decrepitud- lleva soñando con el negro un mes. No sabe cómo pararlo, porque no hay forma. Hoy llora Uruguay y ríe Cabo Verde.

Descanso -relativo, porque a este vicio de ver la pelotita uno se entrega siempre, juegue quien juegue- hasta el jueves. Nos puede tocar Austria o Argelia, de la nieve virginal y salvaje a la arena pura y abrasadora. Da igual, todo lo que no sea una victoria será un ridículo y el reflejo de la decadencia del país. Ganar, ganar y ganar.

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