Música

Marta San Miguel: «Granados debería ocupar un lugar mucho más visible en nuestro patrimonio cultural»

«Donde no hay música, es más fácil que entre el ruido»

17 de junio 2026


Marta San Miguel se acerca a Enrique Granados desde la fascinación de la niñez para convertirlo en relato. En ‘Última escala’ (Libros del Asteroide), la autora reconstruye la vida del pianista y compositor catalán que convirtió la música en forma de respiración y acabó perdiendo la vida en el mar de una Europa en guerra. Entre la biografía y la ficción, el libro se mueve en esa zona inestable donde la memoria se inventa para ser más fiel. En esta conversación, aparece el agua como destino final, la música como impulso vital y la capacidad de un creador para ver música en todos los rincones.


¿De dónde le viene esa fascinación por Enrique Granados?

Escuché una pieza suya siendo adolescente, en mi casa siempre sonaba música. Me obligó a levantar la cabeza, fui a buscar quién era el autor y descubrí, a la vez, el poder de la música y la historia de Granados. Me impresionó que alguien capaz de escribir una música tan hermosa hubiera muerto de una forma tan trágica. Esa mezcla de belleza, dolor y misterio se quedó conmigo durante años.

¿Qué le movió a lanzarse a escribir ‘Última escala’?

El libro nace de esa inquietud de saber quién era Granados, también del deseo de entender qué nos hace la música por dentro. No quería escribir una biografía ni un homenaje, sino explorar el efecto que una vida y una obra pueden tener sobre nosotros.

Un libro en el que el agua y la música lo empapan todo.

Ambas atraviesan la vida de Granados. El agua aparece desde el principio y termina determinando su destino. Y la música fue la fuerza que guió toda su existencia. Mientras escribía descubrí que para mí también están unidas, la música es mi agua, como en la parábola de David Foster Wallace de los peces, el medio en el que me muevo sin ser consciente de ello.

Al empezar a investigar esta figura, ¿tuvo algún problema o dificultad?

Tuve la suerte de encontrar el trabajo previo de grandes investigadores. La correspondencia recopilada por Miriam Perandones o los estudios de Josep Maria Revés fueron fundamentales. Mi dificultad no fue documental, sino literaria, cómo convertir la vida de una persona real en una novela sin traicionarla.

¿Le interesa más la figura del músico o la del hombre?

Me interesa la unión de ambas. En Granados es imposible separarlas. La música no era una profesión ni una actividad, era su manera de estar en el mundo. Lo fascinante es ver cómo esa condición artística atraviesa al padre, al marido, al amigo y al hombre lleno de dudas que fue.

¿Logró encontrar eso que hacía diferente a Granados de los demás?

Su incapacidad para vivir de otra manera que no fuera a través de la música, del arte. Todo le interpelaba de una forma extraordinaria. Donde otros veían escenas cotidianas, él encontraba música. Tenía una sensibilidad fuera de lo común y una necesidad constante de seguir avanzando, incluso cuando la vida le ponía obstáculos.

¿Cómo diferenciamos la habilidad del talento?

La habilidad puede aprenderse, el talento es algo más difícil de explicar. En Granados había una relación casi natural con la música. Le surgía de dentro con tanta facilidad que incluso dudaba de su propio valor. Lo paradójico es que quien escuchaba a otros con enorme claridad era incapaz de juzgarse a sí mismo.

¿Granados se consideraba más un artista que un músico?

Creo que sí. Era músico, por supuesto, pero vivía como un artista en el sentido más amplio. No sólo componía o interpretaba, él observaba, sentía y pensaba de una forma profundamente poética. Acababa transformándolo todo en música.

Era muy dado a improvisar en sus interpretaciones. ¿Lo podemos considerar un heterodoxo?

Absolutamente. Quienes lo escucharon cuentan que rara vez tocaba una pieza dos veces de la misma manera. La música para él sucedía en el instante. Incluso sus propias composiciones cambiaban cuando las interpretaba. Esa capacidad de improvisación era parte esencial de su genio.

Fue capaz de poner música a los cuadros de Goya.

Y eso explica muy bien quién era. Granados veía música donde otros veían imágenes. ‘Goyescas’ es el ejemplo perfecto de su capacidad para transformar una emoción visual en sonido. Era un creador profundamente intuitivo.

Mantuvo una gran amistad con Albéniz e incluso terminó ‘Azulejos’, pieza que éste dejó inacabada. ¿Qué nos dice eso de su relación?

Había admiración y confianza mutuas. Albéniz le abrió muchas puertas y supo reconocer su talento. Que le confiara una obra inacabada tan importante fue un gesto enorme, ayudó a que Granados creyera más en sí mismo.

¿Buscaba trascender o simplemente no podía dejar de crear?

No tengo pruebas de que estuviera convencido de alcanzar la posteridad. De hecho, creo que era más bien inseguro. Lo que sí tenía era una necesidad casi irrefrenable de seguir creando. Más que ambición, percibo una fidelidad absoluta a esa voz interior que le empujaba a componer.

No debía de ser fácil ausentarse tanto de casa con el amor que manifestaba por sus hijos.

Ahí aparece una de las contradicciones más interesantes de Granados. Era un hombre profundamente familiar y, al mismo tiempo, alguien obligado a viajar y perseguir oportunidades. El arte y la vida convivían en tensión permanente.

Jorge Díez

Amparo Gal parece fundamental en su historia.

Fue decisiva, sin Amparo es difícil entender a Granados. Era el ancla y el timón de la familia. Gestionaba la economía, organizaba contratos, sostenía el hogar y le proporcionaba la estabilidad que él necesitaba. En Nueva York, mientras él se recuperaba del agotamiento del viaje, fue ella quien mantuvo todo en marcha.

¿Las manías y las fobias podrían venir de sus inseguridades?

Era muy consciente de sus carencias formativas y de todo lo que aún quería mejorar. Esa inseguridad convivía con un talento extraordinario. Nunca se daba por satisfecho y esa exigencia constante acabó siendo una fuente de sufrimiento.

Un hombre decidido y valiente, pero siempre con un miedo latente.

Esa es una de las grandes paradojas de Granados. Tenía miedo a muchas cosas, pero no dejaba que el miedo decidiera por él. Precisamente por eso resulta tan inspirador, porque avanzaba a pesar de sus temores.

Tenía miedo a la mar y esa certeza de que acabaría matándolo.

Nunca ocultó ese miedo, lo compartía con naturalidad. Lo curioso es que también le atraía aquello que temía, porque le gustaba remar. Creo que le asustaba aquello que no podía controlar, y el mar representa precisamente eso.

¿El gesto final de Granados se explica por amor, por necesidad o sigue siendo un misterio?

Sigue siendo un misterio, y me gusta que lo sea. El amor estaba ahí, basta leer las cartas entre él y Amparo. Pero quizá había algo más profundo. Tengo la sensación de que Granados no concebía la vida sin ella. Siempre fue un hombre necesitado de protección femenina.

Tocó en la Casa Blanca, triunfó en Nueva York y parecía haber alcanzado la cima. ¿Hace eso todavía más trágica su historia?

Lo más doloroso es que muere justo cuando parecía estar entrando en su mejor etapa. Había logrado el reconocimiento internacional y estaba creciendo como compositor. Da la sensación de que lo perdemos precisamente cuando más podía haber dado.

Tuvo fama y reconocimiento en vida, pero hoy es una figura algo olvidada.

Es una pena, Granados debería ocupar un lugar mucho más visible dentro de nuestro patrimonio cultural. Su música sigue siendo extraordinaria y todavía tiene mucho que decirnos.

¿Fue más reconocido fuera de España que dentro?

En muchos momentos sí. Supieron entenderle mejor. Además, en España tendemos a programar y difundir poco a nuestros propios compositores. Granados, Albéniz o Turina ayudaron a construir una identidad musical propia y, sin embargo, no siempre reciben la atención que merecen.

Entonces, ¿valoramos poco a nuestros artistas?

Tenemos una riqueza cultural enorme y no siempre somos conscientes de ella. Lo bueno es que hoy descubrirla es más fácil que nunca, basta con dedicar unos minutos a escuchar en cualquier plataforma.

¿Artista y obra deben separarse?

No me interesa juzgar a Granados. He intentado reconstruirlo a través de testimonios y escenas para que sea el lector quien saque sus conclusiones. En su caso, además, la música forma parte tan íntima de su personalidad que la separación resulta especialmente difícil.

¿Por qué cree que hay quienes perciben la música clásica como algo aburrido?

Durante mucho tiempo se ha asociado a determinados espacios sociales y culturales, haciendo creer una barrera que no es real. Cuando uno escucha a Granados sin prejuicios descubre emociones perfectamente contemporáneas.

Explique esa idea de que «donde no hay música, es más fácil que entre el ruido».

Nos hemos acostumbrado al ruido exterior, pero también al mental y al moral. La música exige atención y crea un espacio distinto. Cuando desaparece esa escucha consciente, el ruido ocupa rápidamente su lugar.

¿El silencio es un bien cada vez más preciado?

Para mí así lo es. Pero no hablo únicamente de ausencia de sonido, el verdadero silencio consiste en prestar atención. Escuchar una pieza de música sin mirar el móvil ya es una forma de silencio.

¿Esta falta de silencio hace que escuchemos menos?

Nos cuesta sostener la atención. Escuchamos música, leemos o conversamos mientras hacemos otras cosas. Y sin atención es imposible escuchar de verdad.

Háblenos de la presencia de la música en su vida

La música siempre ha estado ahí. Estudio con música, escribo con música, conduzco con música. Forma parte de mi manera de relacionarme con el mundo.

¿Cómo era eso de «pon música» que le decían sus padres?

Un gesto cotidiano. Llegabas a casa, pulsabas un botón y se encendía todo el equipo. La música sonaba constantemente. Durante años ni siquiera fui consciente de la importancia que tenía porque formaba parte del paisaje familiar.

¿Ha habido algún momento en que no encontrara la música?

Me ocurre, a veces, que no sé qué necesito escuchar. Pero incluso en esos momentos tengo mis refugios. Los conciertos para piano de Beethoven son uno de ellos.

¿Qué está escuchando ahora Marta San Miguel?

Últimamente escucho mucho el proyecto Leo & Leo, de Leonor Watling y Leo Sidran. También voces femeninas que se mueven entre el jazz, el soul y el blues. Pero soy muy ecléctica, puedo pasar de Beethoven a NoFX, de Tchaikovsky a Rosalía sin ningún problema.

Para quien cierre ‘Última escala’ y quiera descubrir la música de Granados, recomiende algo.

Aunque llegué a él por la ‘Danza nº 2’ y sigo adorando ‘El pelele’, hoy recomendaría el ‘Allegro de concierto’. Tiene una energía luminosa, una alegría contagiosa. Cada vez que lo escucho me recuerda la felicidad de estar viva.

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