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Me he hecho politeísta
Hay tanta verdad en estos Morante de la Puebla y en Albert Serra, en todo ellos y lo que hacen, que rompen la modernidad para proyectarse a lo eterno.
18 de febrero 2025
Hay tanta verdad en estos Morante de la Puebla y en Albert Serra, en todo ellos y lo que hacen, que rompen la modernidad para proyectarse a lo eterno.
Uno antes creía que el amor era infinito, pero los años, los rasguños y el corazón congelado y enjuto me han enseñado que no. También creí en Dios, y rezaba cada noche antes de dormir, con miedo y ternura, un ‘Jesusito de mi vida’, para que esos cuatro angelitos me acompañarán siempre, pero fallaron, y no me guardaron tanto como me hicieron creer.
Desde la resignación y el escepticismo que van calando en los huesos con los años vividos, desde este punto vital, tengo que reconocer que he vuelto a creer: el misterio se ha revelado y he visto la luz. Me he hecho politeísta, fiel devoto y entregado del Morantismo y el Serrismo: dioses plenipotenciarios de la genialidad del arte, mesías de la autenticidad y la belleza, la excelencia hecha carne y alzada al Olimpo.
Todo gracias a una foto que Zabala de La Serna subió a sus redes en las que aparecían abrazados, en un momento de fraternidad, el cineasta Albert Serra y el Maestro Morante de la Puebla. La imagen fue tomada en la gala de presentación de los carteles de San Isidro -horribles, por cierto, con la cara de VickiFede estampada- y la entrega del Premio EL MUNDO de Tauromaquia, que recayó en Serra. El director con gafas de sol, por aquello de ser sublime sin interrupción; el matador, con capa española y el alfiler en el cuello de su camisa, por lo de dentro y fuera de la plaza. Pensar en cine, vivir en cine y soñar la gloria. Pensar en torero, vivir en torero y soñar la gloria.
Hay tanta verdad en estos dos hombres, en todo ellos y lo que hacen, que rompen la modernidad para proyectarse a lo eterno. Con sus glorias y sus bajezas, porque la perfección constante es muy aburrida y mala para crear, logran crear unas piezas (cine, uno; toreo, el otro) que trascienden todas las capas de una sociedad infantil y aborregada que se cree que llueve cuando en realidad es pis.
Unos creadores tan extremos, que por ello son muchas veces incomprendidos y atacados, que llevan consigo la pesada carga de la brillantez. Capaces de mojarse y opinar, defender lo suyo por encima de modas, tendencias y dogmas. Porque uno siempre es mejor cuando defiende lo que hace abierto de carnes, sin pliegues ni cortapisas.
Ahora que he vuelto a creer, que se me han aparecido los dioses en una pantalla, contradiciendo a ese otro gran profeta del temple que es Rafael de Paula con aquello de “El Espíritu Santo no se aparece por la tele”, lo haré también más en mí. Y quizá en el amor.
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