Costumbres

SM 26: Aquí empieza todo

Estos días son de amigos, familia, de hacer comunidad y sentirse orgullosos de una ciudad que quiero y detesto

11 de septiembre 2026


Un inicio de San Mateo con sol es un evento sospechoso en la ciudad. Los ovetenses estamos acostumbrados a que en estas fechas el cielo estalle y lo empape todo. Oviedo disfruta del buen tiempo llenando las calles, las terrazas, las casetas y chiringuitos. Voy al pregón sin ganas ni expectativas, idea que me reafirma el ambiente alrededor: huele demasiado a tierra e incienso.

Con estoicismo y profesionalidad aguanto la chapa del pregón, del que lo único que pude sacar bueno es la traca final y el olor a pólvora. Es muy complicado hablar de cosas tan manidas y previsibles como Ana Isabel desde el Ayuntamiento.

No sé si fue por el sol o qué cojones, pero Oviedo ayer estaba hasta arriba –todo lo arriba que puede estar un jueves–. Los vecinos salimos a la calle con ganas de mamandurria y de que nos timasen en las casetas pidiendo birras a precio de champán.

Celtas Cortos cerraron la calle Uría, pero en vivo no fue para tanto. Si me gusta que los conciertos vuelvan al centro de la ciudad, de donde nunca debieron marcharse. En mi rápida putivuelta, comprobé que la zona del Bombé atrae a gente a piñón y que entre semana el Antiguo está más tranquilo, que no muerto.

La primera noche se fue trasegando sin dificultades, parte de culpa la tuvo Tasio y la selección de vinos que nos ofreció que hizo que todo fluyese bien engrasado y con plenitud. A veces San Mateo no es echarse a la calle a ver lo que uno encuentra, es más un grupo de amigos que no ves a menudo, unos tragos y unas risas como fueron siempre. 

Retiré a una hora temprano, porque estas fiestas hay que ir exprimiéndolas como un bote de pasta de dientes: desde el principio con desdén hasta los resquicios con violencia y alevosía.

Empiezan estos días de fiesta, de los que ya consumimos el primero, y los espero como el niño que no soy pero me sigo creyendo: con nervios, ganas e ilusión. Veo San Mateo como el remate de un verano que no debería terminar jamás, salvo para esquiar. Estos días son de amigos, familia, de hacer comunidad y sentirse orgullosos de una ciudad que quiero y detesto, pero a la vez me da la medida de lo que soy.

Aún no tomé ningún mojito, pero hoy viernes puede ser el día. 

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