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SM 26: Hasta el año que viene, San Mateo
Contando las fiestas sólo he pretendido transmitir un poco de felicidad a todos aquellos que me fueron leyendo.
22 de septiembre 2026
Sábado 19
El desfile de América en Asturias es uno de los días más especiales de estas fiestas ovetenses. Moviliza a la ciudad en torno a unas carrozas y unas actuaciones que recuerdan esa conexión tan especial y cercana que tuvo y tiene España con Hispanoamérica. El centro de la ciudad se pone a reventar con hordas de gente en la calle que no quieren perderse nada.
Me fascina cómo algo pensado principalmente para los niños puede enganchar tanto a adultos en edad ya provecta, que se apostan con horas de antelación en la calle Uría para estar en primera fila y no perderse nada. Hay quienes riñen y montan el espectáculo por no ser capaces de compartir un trozo de acera y ponerse de acuerdo para ver. La mezquindad no tiene límites ni descansa en fiestas.
Ver América en Asturias con niños es una felicidad, porque con los ojos aún inocentes todo se ve mejor y se disfruta más: los nervios ante lo que ven, cierto miedo por quienes desfilan disfrazados, la música ensordecedora que los pone a bailar, las serpentinas y su poder de atracción. Quizá el único pero es lo largo que se hace y cierta cutrez en algunas carrozas y grupos, que hace que todo tenga un cierto tufillo a rancio, que por otro lado es lo que permite que siga siendo tan reconocible.
Por la noche, Leiva llenó en La Ería y el Bombé y Porlier lo llenamos todos aquellos que queríamos celebrar este segundo sábado mateíno de cierta apoteosis y llenazos.
Domingo 20
La cosa no para, y encaro estos dos últimos días festivos con cansancio y a la vez ganas. Estos días de sol hacen que sea más fácil levantarse de la cama, meterse a la ducha y salir a estrujar la fiesta con más empeño que fuerza. El Fontán bombea gente que llena todo y lleva la sonrisa en la boca. Es un domingo que antecede al día de San Mateo, la víspera de aquello que llevamos celebrando varios días y que permite tomarse la jornada más relajada. Vermú, familia, paseos y los fuegos artificiales que hacen de colofón.
Con los fuegos y los voladores, se da el ridículo caso de que hay quienes abandonaron la celebración y la alegría que siempre trae la pirotecnia —el sonido de las fiestas— por las quejas continuas en defensa de los perros. Así nos va, no sé cómo hacen los chuchos de Cangas del Narcea.
El Vetusta Fest estuvo bien, pero vuelvo a reiterar la chapa inmensa que es llegar caminando hasta el Tartiere desde el centro para ir a los conciertos. Tienen que buscar un emplazamiento nuevo que no rompa tanto la unidad de San Mateo. Esa pretendida idea de extender SM a los barrios está bien, pero no es efectiva ni veraz; el Antiguo es el mejor sitio, el más adecuado y tradicional.
La noche era para los de casa y se prestó a ello con buen ambiente, algo menos de gente y facilidad y fluidez a la hora de pedir.
Lunes 21
Día de San Mateo. Cierre de estos maravillosos días que van pesando y dejan el cuerpo y la cartera desolados. Entre los que fueron a la misa de rigor y los que alargaron la mañana en la cama me encuentro en el grupo de los segundos. La falta de sueño se va acumulando, y uno agradece estar algo más de tiempo en horizontal.
En el reparto del bollo de la SOF hubo ambientillo y mucha representación política. Canteli y los suyos sacaban pecho y la oposición criticaba las fiestas, nada nuevo, lo de siempre.
El buen tiempo permitía disfrutar del bollu preñao en la hierba del Campo San Francisco, que se llenó de familias y de grupos de amigos. El sol no aflojaba y las sombras se cotizaban para poder dar rienda suelta a esa bella costumbre que es la siesta y a los primeros besos y magreos de adolescentes más excitados que somnolientos.
Tendría que haber ido a ver a Rodrigo Cuevas, pero el motor no me dio para más. Doce días de fiesta en los que hemos disfrutado al máximo, cerrando el verano para volver a la rutina del otoño y la lluvia tras las ventanas.
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