El pasado 12 de agosto Taylor Swift anunciaba la publicación de su nuevo álbum The Life of a Showgirl en el podcast New Heights, presentado por Travis Kelce, actual pareja de Swift. En la entrevista, de dos horas de duración y publicada actualmente en todos los sistemas de streaming posibles, Swift comenta el proceso de creación de su nuevo disco, así como algunas de las decisiones creativas que ha tomado para esta nueva era de su carrera.

Para The Life of a Showgirl, Swift ha vuelto a trabajar con el dúo de Shellback y Max Martin, quienes impulsaron la creación de algunos de sus mayores éxitos comerciales como “Blank Space” o “Style”. Las producciones de Max Martin son llamativas porque son implacables, como matemáticas melódicas. Shelback y Martin son el tipo de productores que fuerzan las canciones de Swift hacia una estructura estricta y concisa. Esta decisión indica claramente la nueva dirección que pretende tomar la cantante, después de la sobreproducción de los últimos años de su carrera, llena de escritura sobrecargada a modo de desahogo en un diario personal.
La última vez que Taylor trabajó con estos dos fue en la época de Reputation (2017), una de sus eras más relevantes en cuanto a la construcción de su relato como figura pública. Esto es, tras sufrir la violencia mediática del escándalo con Kim Kardashian y Kanye West1. Aunque digamos que el fuerte de Taylor a la hora de atraer a oyentes, sobre todo mujeres jóvenes y niñes, son las canciones de amor romántico, Reputation fue muy relevante en su trayectoria porque hacía que la gente se identificara, no por ser una famosa que ha sido cancelada, sino por esa sensación de cuando estás enamorado y el mundo no te apoya; cuando la gente está deseando tu derrota y quieres vengarte de quienes te han hecho daño.
Aparte del triunfo que pudo tener esta época en la carrera de Swift (realmente menor, porque es uno de los pocos discos de Swift que no fueron nominados al Grammy), el conflicto con Kanye es importante de recordar a la hora de pensar en el personaje que se ha construido y que actualmente cimenta su proyección como personaje en el pop. La evolución de la imagen de Taylor Swift es lo que ha permitido que, después de 11 álbumes y 4 reediciones de discos ya publicados, continúe siendo una de las estrellas del pop más famosas del mundo, y que la gente siga consumiendo absolutamente cualquier cosa que sale por su boca (aunque sea un álbum de 31 canciones bastante malas).
Después de Reputation, Taylor desaparece con la intención de que la gente se olvide un poco de ella, y vuelve en 2019 con Lover, uno de los mayores flops de su carrera en términos de ventas y de valoración pública. En esta misma época saca el documental de Miss Americana (2020), en el que muestra su lado más vulnerable después de progresivamente haber perdido la autenticidad con la que partió su carrera, en estrecha relación con el country. Esa conexión inicial, que gira en torno a su proyección como música de identidad americana pura y dura, es uno de los factores que más dificulta su posicionamiento político en la primera campaña electoral de Donald Trump, por miedo a que le ocurriese algo similar a las Dixie Chicks2. Algunos fans consideran que esta época es una de las peores en su carrera, dado lo humillante que resulta observar a una millonaria lloriquear y quejarse de lo aislada del mundo que vive.
Dicho esto, esa época es importante porque, aparte de que en 2020 se publica el video que libera a Swift del conflicto con Kanye, la producción de Jack Antonoff en Lover inicia el curso de lo que será la era menos “comercial” de su carrera. Me refiero a: producciones mucho más sobrecargadas, instrumentaciones más muteadas, letras menos pegadizas y complejas… etc. Quizás la canción más llamativa de esta época podía ser Cruel Summer, pero aún así diría que el peak de escuchas de este tema llegó posteriormente a la publicación original del disco, cuando la gente fuera del fandom la escuchó en el Eras Tour.
Para mí, el punto de inflexión en la carrera de Swift vino con la publicación de Folklore (2020) y Evermore (2020), dos discos hermanos que encarnan la versión más indie-folk de Taylor, con una lírica mucho más metafórica y storyteller, y la producción en manos de Aaron Dessner (The National) y Jack Antonoff. La presencia de Dressner trae consigo un sonido mucho más alternativo y sobrecargado de instrumentaciones, que personalmente considero la mejor combinación en la música de Taylor. Aunque esta especie de “intrusismo laboral” en el indie pudo enfadar a un determinado grupo de gente, la nueva dirección que toma le trae consigo un nuevo respeto por parte de una gran cantidad de oyentes interesados por ella (entre ellos mi propio padre). De la misma forma, la capacidad de Swift para convertirlo todo en oro hizo que muchos de sus fans también comenzasen a escuchar bandas de un estilo más alternativo. Quizás la artista que más llama la atención en este sentido podría ser Phoebe Bridgers, quien además participó como telonera en varios de los conciertos de EEUU de la Eras-Tour.
Después del triunfo de Folklore y Evermore, Swift comienza a publicar las reediciones de sus discos, tras la pérdida de sus masters a manos de su ex agente Scooter Brown, quien en 2019 compra todo su catálogo hasta Reputation. La reapropiación de los masters fue otro punto de inflexión en la carrera de Taylor, ya que activaron una lucha por parte de las fans hacia Scooter Brown, quienes dejaron a un lado los discos originales hasta la llegada de las “Taylor’s Version”. En este sentido siendo las más relevantes sobre todo Fearless (Taylor’s Version) (2021) y Red (Taylor’s Version) (2021), las cuales funcionan increíblemente bien, no solo por la nostalgia que provoca en las fans que crecieron escuchando esas canciones, sino porque además consiguen atrapar a aquellos oyentes más jóvenes, así como aquellas novatas en el fandom que se dejaron llevar por su música a partir de 2020, entre las que me atrevería a decir que me incluyo. Esta estrategia además reforzó la narrativa de Taylor como una víctima, la buena de la película que sufre, pero que siempre acaba ganando al final, tomando el control de su vida gracias a la lucha de su fandom3.
Esta doble reconexión y consolidación de narrativa colectiva constituye el momento perfecto para realizar una macro gira que consolide su relación emocional con sus fans, así como su imagen como la reina de las estrellas del pop, recogiendo todas las épocas de su carrera en la Eras Tour. Con una duración de dos años, esta gira recaudó más de dos billones de dólares y entretuvo a más de 10 millones de fans.
De aquí quizás venga el afán de sacar canciones como churros, canciones que en su mayoría no merecen la pena. Pero Swift es consciente de que su producción será consumida haga lo que haga, y no sorprende por ello la infinidad de versiones que ha sacado tanto de Midnights (2023) como de The Tortured Poets Department (2024). Me refiero a aquellas versiones exclusivas escuchables únicamente a través de las ediciones en físico, ediciones de tal magnitud que bloquean la producción de vinilos de manera internacional, subiendo el coste para las bandas alternativas cuya iniciativa de producción física podría tener más relevancia.
No sorprende entonces que, tras las críticas que recibió por esta sobresaturación de contenido, su nuevo disco esté mucho más enfocado hacia un blockbuster de pop puro; una serie de hits concisos breves y estrictos. Rolling Stone se refiere a esta dirección como la categoría de “glitter gel pen songs” de Taylor.
El 26 de agosto Swift anuncia su compromiso con Travis Kelce, jugador de fútbol americano que termina de consolidar la fantasía del sueño americano que Swift ha ido construyendo a lo largo de su trayectoria en la industria musical. Quizás el momento perfecto para retornar a esa idea de estrella del pop bubblegum de 1989 (2014), reina máxima, productora de contenido vacío, puro McDonald's musical, puro capitalismo. Ha llegado al momento culmen de su stance de máquina asesina, como diría mi colega Pepe Tesoro.

En aquel podcast con su prometido habla del proceso de producción del álbum como si se tratase de una adicción. Mientras tocaba un show de más de tres horas en 149 lugares alrededor del mundo, Swift es capaz de escribir, producir y grabar el contenido de The Life of a Showgirl por la “estimulación mental que le genera la idea del nuevo disco”.
La conclusión que una termina sacando para explicar este retorno al pasado también se basa en la pérdida de la identificación del oyente con Taylor, por lo exagerado de su fama tras el éxito de sus últimos años. Parece que la única dirección que puede tomar Taylor ahora mismo para recuperar su “credibilidad” es la de abrazar la fama y su posición de millonaria al plantear un disco con el que sus ingresos continúen creciendo exponencialmente.
Hay muchas razones por las que me cuesta criticar a Taylor: la importancia que ha tenido su figura y su música para una gran cantidad de personas, su impulso al feminismo en la época de los 2010s (sobre todo a partir del caso de agresión sexual por el que denunció a su agresor reclamándole un dolar como stance político), las conexiones y comunidades que genera en torno a su música, que haya distribuido la fortuna que generó el Eras Tour con todo el equipo que la acompañaba en la gira, que genuinamente pienso que es una buena artista y que tiene una capacidad increible de escribir canciones y generar melodías super interesantes, y que en un momento dado haya conectado con ella emocionalmente...etc.
Pero el problema que veo ahora mismo a Taylor Swift es que para mí ha perdido toda la gracia. Me siento timada, como si me hubiese vendido la moto del indie y me hubiese hecho creer en un momento dado que su música iba a ir en otra dirección, bajo mi punto de vista mucho más interesante, cuando eso nunca ha sido real. Siempre ha sido una trampa para atraer a más y más oyentes, y generar más y más beneficio a través de la venta de entradas a sus conciertos y la distribución de innumerables ediciones de cada uno de sus discos, a razón de 50 euros cada uno.
Acabo sintiéndome tonta. Obviamente esto iba a pasar. Esto es como cuando te enamoras mucho de alguien y de repente despiertas y ves cómo es en realidad, derivando en una decepción que solo se va acentuando cuanto más pasa el tiempo y se te van quitando esas gafas del amor.
La verdad que no sé en qué momento pude creerme que una artista del calibre de Taylor Swift no usaría las capacidades que tiene para continuar añadiendo a su gran pila de logros echados a la espalda. Respeto mucho a Swift y creo que es una artista increíble, pero me da mucha pena ver como músicas como ella están destruyendo la cultura musical a base de capitalizar la industria de una forma tan bestial, con tan poca vergüenza. Además, haciendo malabares con su posición política, en ningún momento se ha posicionado sobre el genocidio en Palestina ni se ha defendido nunca ante Donald Trump y sus burlas, ya que eso complicaría su relación económica con mucha gente.
Además de la mala pinta que tiene este nuevo disco, el hecho de que Taylor esté usando su compromiso para hacer PR me resulta bastante límite. Su idealización llega al punto de que se haya publicado un texto de opinión del New York Times en el que se romantiza su relación con Kelce como la máxima representación del triunfo del amor romántico blanco hetero como una especie de american dream total. Swift ahora se percibe como un androide que responde a las exigencias sociales del momento, una cáscara de lo que en un momento fué y ahora quiere replicar interminablemente, una artista en la que genuinamente me proyecté en un momento dado, que termina siendo otro monstruo de la industria. Después de la intimidad y la calidad de Folklore, su retorno a lo comercial y todo este teatrillo que monta junto a su futuro marido solo se puede leer como desconcertante y contradictorio. Swift es otro peón de la industria que capitaliza cada vez más un arte que para mí es inclasificable. Swift representa la deriva hipercomercial de la música pop actual que cada vez resulta más ajena a la cercanía emocional que en un momento dado la representaba.
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1 El conflicto de Kanye West con Taylor Swift comenzó en 2009 cuando Kanye interrumpió a Taylor en los VMAs diciendo que Beyoncé merecía su premio. En 2016 Kanye lanzó la canción "Famous", donde decía haber hecho famosa a Taylor y la llamaba "bitch", lo que ella negó haber aprobado. Ante esto, Kim Kardashian publicó una grabación editada donde parecía que Taylor había consentido la letra, lo que llevó a una gran reacción en su contra. Finalmente, en 2020 se filtró el video completo que demostró que Taylor decía la verdad.
2 Las Dixie Chicks vivieron una especie de "cancelación" de la música country en 2003 después de haber criticado abiertamente al entonces presidente George W. Bush y la guerra de Iraq. Esto llevó a boycotts, y una bajada dramática en la venta de sus discos y entradas a sus conciertos
3 En el podcast de Travis Kelce, Taylor agradece a sus fans esta labor de lucha activa pues es la razón que le permite recomprar los derechos de sus masters el 30 de mayo de 2025.
4 “I’d fly to Sweden, go back to the tour, and was actually working on this. I was physically exhausted at this point in the tour, but I was so mentally stimulated and so excited to be creating.”