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Apuntes del Primavera Sound 26
Esta edición ha consagrado el modelo del Festival-Scroll. Funciona como una gigantesca máquina de premiar la tolerancia musical.
15 de junio 2026
Esta edición ha consagrado el modelo del Festival-Scroll. Funciona como una gigantesca máquina de premiar la tolerancia musical.
Lo que antes calificábamos como caminar por el filo de la navaja curatorial ahora se torna en victoria sin paliativos, en triunfo por aplastamiento. El 26 ha sido el año de la consagración del Primavera Sound como el Coachella europeo, como el nuevo Glastonbury, como el modelo a imitar y que será imitado los siguientes años. Incapaz de procesar casi nada hasta 4 días después del final de los conciertos, me doy cuenta de que la digestión lenta es por puro diseño. El Primavera ha inventado el festival-scroll.
El momento decisivo-scroll ocurrió y se me ocurrió el viernes por la noche (mbv + disipación Olivia Rodrigo + Dijon). Pero antes, unas consideraciones técnicas.
El recinto
Como ya es tradición, quisiera comenzar con una breve nota logística, pues en el PS Barcelona el Fòrum, el continente del contenido, cobra especial importancia.
Este año nos abstuvimos de pelear por acudir a los conciertos de la ciutat; tan solo refrescamos unas cien veces la aplicación Access Ticket durante las 17 oportunidades de las que disponíamos para obtener el pase a Geese en Paral·lel 62, pero tras fracasar en esta gansa tarea, ya veteranos y sabiendo que tendríamos estímulos de sobra durante los tres días de festival, desistimos de pegarnos más con dicha app.
En cuanto al recinto, lo más reseñable es, una vez más, el increíble caso del Fòrum menguante. Es como si nos movieran la frontera sin avisar de a pocos por el flanco norte: donde en ediciones anteriores (al bajar las escaleras del panel, a mano izquierda, antaño habitara el coqueto escenario Adidas los yates del port del Fòrum avanzan, sigilosos, metro a metro. Es justamente esta zona el festival, el bajopanel o Casco antiguo, como lo llama MJ, donde año tras año se agolpa más masa. No ayuda el mamotreto de peluquería (!) que montó la buena gente de Schwartzkopff, ni tampoco las siempre nutridas colas del Cupra Pulse y del Levi's Warehouse. Este último escenario, en particular, ha programado delicatessen electrónicas como Anthony Naples o Dj Nobu que, unidas a la sequedad y buen sonido que garantiza dicho parking, hacen que el bajopanel sea el sitio más tumultuoso y extraño del festival, además de la rareza que supone ver a ticketholders haciendo cola ya dentro de un festival. No pedimos que vuelvan los escenarios de la playa (ojalá), pero quizá haya que darle una vuelta a la sensación de agobio que allí se respira.
Por lo demás, tanto entrada como anfiteatro, Mordor y paseíto marítimo se mantienen iguales, con mención honorífica al escenario futbito que pergeñaron los pensaores de Adidas y que multiplicaba, todavía más, la sensación de regresión a la niñez que provoca el PS en su conjunto.
El Festival-Scroll
El festival-scroll consiste en proporcionar una variedad musical lo suficientemente amplia y variopinta como para ofrecer a cada ecléctico usuario la posibilidad de diseñar una secuencia de sus artistas favoritos durante la jornada. Una especie de buffet libre musical. Este buffet se consume bajo el esquema BSN (bolo-story-next), formato ganador y cuasi único en toda la cobertura de los creadores de contenido en el Fòrum. Son indispensables, claro, a) el Fòrum como continente fabuloso y b) la velocidad de crucero que ha adquirido el festival.
En el pasado analizábamos el volantazo Nobody Is Normal y la eclectización pop-urbana de un festival tradicionalmente estandarte de la música independiente de guitarras. El tiempo les ha dado la razón, pues han leído muy bien y muy pronto la decreciente importancia de las tribus urbanas, aplanadas todas por las vibes y aesthetics del tardoarrase del social media. En el 26, tras la pequeña corrección de la arriesgada y al límite programación de las tres supernenas del pop el año pasado, la fórmula ha funcionado a la perfección, pues ha quedado patente que:
la potencial reacción en contra de la diversidad musical< tolerancia con lo ecléctico a cambio de ver los conciertos únicos que sí te gustan
Creo que este asunto está ya calculadísimo: como decíamos, el momento del viernes en el cual nos dimos cuenta de que íbamos a estar a nuestras anchas en My Bloody Valentine por el anuncio sorpresa de Olivia Rodrigo en el Occident fue clara y netamente un guiño al público melenudo-primigenio del festival. Irnos acto seguido a ver el pop-futuro de Dijon, un acierto fabuloso. En este sentido, el PS funciona como una gigantesca máquina de premiar la tolerancia musical1.
Aun así, queda la duda del disfrute neto del festival-scroll. Al igual que la fórmula anterior, la de la diversidad, está ya solucionada; no sé si es tan evidente que:
disfrute de muchos conciertos variopintos<=> disfrute de menos conciertos, pero digeribles uno a uno
Es decir, si es mejor empacho o frugalidad. Me temo que esta segunda desigualdad, igual que el uso consciente de las redes sociales, depende del usuario y de sus niveles de fomo, y que lo ideal es tener un Primavera a tu disposición, pero no obsesionarse con llegar a todo. El único problema es que este argumento de frugalidad, llevado al extremo, acaba con la razón económica de ser de un macrofestival2. Dicho de otra manera: el modelo de negocio del PS es el fomo.
La labor curatorial del festival sigue siendo sensacional, tan sensacional que se mimetiza con las redes sociales. De hecho, cabe especular con la posibilidad de que en las cocinas del PS ya trabajen un poco a la inversa: cierran los artistas el otoño anterior y luego reman a favor de redes para que su programación se convierta en una profecía autocumplida, de tal manera que los grupos por los que han apostado meses atrás se plantan en junio (9 meses es una barbaridad de tiempo con nuestros ciclos culturales), siendo el grupo que hay que ver sí o sí, la cosa del momento3 (Geese, pinkpantheress, Dijon,...).
Dado que la curación ya está al nivel de acertar a priori y cocinar hype, quizá sea el momento de seguir con guiños, pero a otros públicos: volver a programar jazz o derivados al atardecer en el Cupra, apostar por algún grupo español a horarios no intempestivos4 o, quién sabe, quizá acercarse al flamenco en el Fòrum5. Pienso que incluso el público extranjero consciente se llevaría otra batallita memética que contar por redes, y se ensayaría un acercamiento a la cultura española pelín más genuino, en línea con repensar el modelo turístico depredador-sangría.
Los patrocinadores (de más a menos molestos)
Vicio: Detesto Vicio porque me parecen unos pesados. Su marketing, por tanto, me afecta como antimarketing. La jugada de este año fue especialmente estomagante pues, nada más cruzar el blasón “Home of Steve Albini” y adivinar el horizonte oriental mediterráneo, me sacaba de ese momento místico un intensísimo olor a sus panes con mantequilla, smashburgers, metros de bacon y demás grasientos revoltijantes de estómago. Compruebo que el viento dominante durante la primavera Barcelona es el Garbí (suroeste); luego se trata claramente de una treta de marketing olfativo para hipsters pergeñada por viciosos estrategas. Bochornoso, si me preguntan.
Revolut: Es un banco, pero van de guays, así que ya de entrada me mosquean un poco. Los colorcillos del palco oeste en Mordor están bien elegidos para fundirse con la puesta de sol, eso sí. Los menciono aquí porque me enfureció sobremanera que, recargando bebidas pre-Cure, en un estado mental coqueteante ya con el sublime estético, un ejemplar de guiri variedad irlandés me importunó en la cola con el objetivo de señalarme cierto cartelillo con un QR de Revolut que prometía 20€ para gastar en barras si te hacías cliente mediante dicha URL. Me aseguró que llevaba 3 birras for free con ese método, información que me encargué de decirle que me la sudaba. Pero el daño ya estaba hecho.
Schwartzkopff: Montan un circo singular con lo de la peluquería no-portátil, entorpeciendo el paso en el cruce más peliagudo del festival y no veo qué demonios tienen que ver con el tradicionalmente escenario más guitarrero del festival. Conste que me gusta que conserven el logo de un peinado de los años 60.
Adidas: Está chulo lo del futbito, así que les perdonamos que inviten a tantos influencers.
Aperol: Montan un horterilla chiringuito naranja (difícil trabajar con ese color) en el paseo marítimo, pero programan grupos pequeños y no molestan a nadie.
Plenitude: Nadie sabe muy bien lo que hacen, pero dan nombre a un escenario de electrónica muy chulo que sonaba bien y en cuyo suelo hicieron instalar una especie de losetas recubiertas de caucho sobre las que daba muchísimo gustito bailar.
Occident: Empresa de seguros que se limita a darle nombre a un escenario muy guapo y ya está, se quitan de en medio. Si alguna vez necesito un seguro, comprobaré sus servicios ofertados. Además, cuando diluvió en su escenario cancelaron por seguridad a Mac DeMarco. Muy consecuentes.
Momentos estelares
Geese: los elegidos del rock, etc. Antes de empezar, se proyectan enormes hamburguesas de Vicio en primerísimo plano, lo cual contribuye al desconcierto general. En su show, con la aparición de la lluvia tras un ambiente cargadísimo, había no obstante una incómoda sensación de estar viendo una fábrica de reels, con demasiada autoconciencia de todo el mundo (no ayudaban las poses mesiánicas de Cameron Winter bajo el bíblico aguacero). Pese a eso y a sonar bajito, sobre todo las guitarras, tienen un compositor único y magnético y una banda interesante y extraña que dará mucho más de sí. Su música es confusa y alborotada, suena a Black Sabbath, a The Gun Club y a Dylan en la misma canción; por eso representan tan bien el ahora mismo.
Texas is the reason por la que el Primavera es diferente. Dejar a tus amistades en Ethel Cain y venir a presenciar guitarrazos de 4 añosos amigos con sendas chaquetas vaqueras es la línea editorial y es genial. Suenan a eso, a reunión nostálgica de viejos amigos que han aprendido a disfrutar del presente tras desterrar la nostalgia del pasado. Guitarras sin casi reverb, limpias como su mirada y la nuestra en el día +1 postapocalipsis.
The Cure: Pese a que las expectativas estaban por las nubes, The Cure se encargaron de disipar cualquier duda, acabando en mi caso con una deuda pendiente y regalándonos una docena de momentos indelebles. Robert Smith es probablemente el tío más genuino de la historia del rock, y todos lo notamos. Son los más auténticos, los mejores músicos (esos contrapuntos en las canciones) y cuando no tocan alguna de sus 20 canciones inmortales es casi mejor, porque las escuchas como un niño con oídos nuevos y te dejas llevar por esa estética completa y esa voz y carisma arrebatador de Robert Smith que hace que todo esté bien, mal y triste y seguramente doloroso, pero bien al fin y al cabo. Como pega, el setlist quizá demasiado festivalero. Como cura, intentar volver a verlos, ojalá tocando Disintegration de arriba abajo.
Big Thief: Dieron el concierto canónico de tarde del PS. Preciosismo y dinámicas de volumen increíbles que mandaron callar a todo el festival.
Smerz: Son el epítome de la energía-poca-energía tan en tendencia últimamente (pienso en My Year of Rest and Relaxation). No es música especialmente bonita, es helada y elegante, cansada y hasta sexy. Cantar sentada en una silla parece casi un desafío en el contexto de la guerra por la atención. También me interesan porque es el grupo que me imagino que montaría Buarena en España.
My Bloody Valentine: Aunque el sonido fue de menos a más, la posibilidad de ver a My Bloody Valentine a escasos metros, bailando como peonzas, no tiene precio. Si la música consiste en tirar ondas sónicas, entonces simplemente no hay rival para mbv. In crescendo constante y cuando suena soon ya ponen a la gente en modo festival, demostrando que se podrían haber inventado géneros enteros, amén del shoegaze.
Dijon “El mostazas”, Prince deconstruido o Prince satánico del revés6. Mantiene el groove, añade producción interesantísima que seguro que bebe de cosas como o Jai Paul (actuación mejorable del ‘25) el propio Jamie XX, y con el recurso del screamo en plena balada, soltando unos alaridos dignos de los panas de Agriculture al golpearse en el pie con la pata de la cama al despertarse. Pero el conjunto, oh, el conjunto es glorioso, íntimo y a la vez universal, caricia y zarandeo. Tuvimos la sensación de que por aquí va a ir el futuro de la música pop y, como tantas otras veces, lo vimos primero en el Cupra.
Momentos mejorables
La lluvia: nada que añadir, es una putada. La culpa la tiene esa calenturienta, bella y poco profunda charca llamada Mare Nostrum; tendrían que haber comunicado quizá mejor cuando se puso a diluviar.
Gorillaz: Me quedé a ver a Gorillaz y me parecieron un grupo en franco declive. Pese a que el disco nuevo, como todos sus anteriores, contiene muchas canciones ok-vainilla, en el directo se constata que es un grupo sin ideas radicales, que practican una suerte de karaoke forzadamente contemporáneo, dando tumbos con temáticas un tanto inverosímiles y apoyados en aquellos dibujitos que me parecían ya pasados de moda en los dos mil. Pero fundamentalmente se les vio sin garra, sin fuerzas, en especial a un Damon Albarn que parecía haber gastado toda la energía en el camerino presumiendo de sus guevarísticas chapas.
La falta de algunos géneros fuera del auditori, como jazz o flamenco; o de rock en español en hora estelar, como decíamos más arriba.
Los olores, como persona sensible a los olores, y por lo visto antes con Vicio. Fue un festival bastante nauseabundo, desde el ya tradicional aroma a alcantarilla (potenciado por las lluvias) al enfermizo aroma a popper nocturno en el Cupra. Una idea: marketing olfativo, como Vicio, pero para hacer el bien. Jazmín, lavanda, incluso ese olor a polvo de talco que desprende la jacaranda. Creo que a un patrocinador de perfumes en el Primavera le iría muy bien.
Los cierres. El año pasado hablábamos de cómo el Cupra, en los cierres, pone de manifiesto los roces del festival-scroll, pues, inevitablemente, es el momento en el que todas las vibes se encuentran en la pista de baile central y final y hasta grecorromana. Este año fue especialmente desastroso, con un ¥ØU$UK€ ¥UK1MAT$U incomprensible y hortera (esa canción final pseudoflamenco, su cara todo el rato proyectada…) al que, si llegas tras el mago Ben UFO, simplemente no puedes soportar; ídem en el caso de KI/KI y Underground Resistance. Pero el problema fundamental es el último cierre, este año con la pesadísima Peggy Gou que, si bien hizo una sesión edulcorada que no estaba mal del todo para lo que se le pedía, se encargó de convertir la comunión grupal en algo solo suyo, cogiendo el micrófono al final y presentándonos el debut mundial de su nuevo tema, cosa que no le importaba absolutamente a nadie más que al manager de la surcoreana. Desde aquí pedimos la vuelta de Dj Coco o al menos de alguien capaz de —tras días de música vanguardista y horas de electrónica variopinta—, ponerse himnos heterogéneos para acabar el festival coreando, abrazados y recuperando cierta sensación de tradición, de Don’t Stop Believin . Creo que esta sería la mejor manera de solucionar el nudo gordiano del eclecticismo final.
El futuro
Lo único que puede detener al PS es una guerra mundial o desastre económico-climático a gran escala —algo que no dudo que está contemplado en los excels de Gabi Ruiz—, pero, por lo demás: han llegado pronto a una macrotendencia, lo han hecho mejor que nadie y siguen ganando por goleada, año a año, la batalla de la curación.
Me pregunta un amigo: ¿A qué festival nos queda ir con ilusión? Creo que a ninguno, al menos con la ilusión de lo nuevo, o quizá a alguno pequeño y autogestionado que entusiastas organicen en algún pueblo montañoso y perdido. Porque la era de las tribus urbanas, de la cultura y las estéticas digeribles ha terminado. Y en el nuevo juego —el del scroll, el BSN (bolo-story-next), el del buffet libre emocional—, el Primavera Sound del Fòrum de Barcelona no tiene rival alguno.
1 Circulan vídeos muy divertidos de los fans de The Cure haciendo guardia, forzados a mirar por el rabillo del ojo a Addison Rae
2 Ejemplo: si vas a ver a los Cure por Europa (en el 22 estuve a punto de ir a Berlín, entradas a 80€ + pillas tickets para la gira de My Bloody Valentine), te plantas casi en el precio del festival. Pero, ¿y si solo quieres ver a estos dos grupos con total tranquilidad?
3 Yo creo que leen a Mj todos los lunes y, si no, deberían.
4 Inexplicable que no hayan venido Triángulo de Amor Bizarro (mejor disco del año en España bajo el brazo), pero imagino que subsanarán el año que viene. Ídem con la gira de David Byrne.
5 Me dice Mj que en la ciutat este año actuaron Yeray y Soleá Morente luego se comprueba, una vez más, que en las oficinas del PS siempre van por delante.
6 Dijon tiene canciones en las que va a full con el efecto grabadora del revés-black lodge twin peaks. Véase automatic
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