Cierra Tipos Infames

Es especialmente doloroso en un momento donde Madrid está mutando con tanta velocidad.

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Anoche anunció el cierre Tipos Infames, una librería sin la que la cultura madrileña reciente no puede contarse. Paran después de quince años – dicen en un comunicado en Instagram – porque la gentrificación no les permite continuar con el negocio. La noticia ha pillado por sorpresa a toda la ciudad. Pero como en el magnífico libro de Alexei Yurchak: todo era para siempre hasta que dejó de existir y, desgraciadamente, lo inesperado se alinea con nuestro espíritu de época. Los gurús llevan décadas anunciando la muerte de las librerías, pero siempre por las razones equivocadas. Al principio iba a ser a causa del libro electrónico y poco después pasaron a ser los jóvenes y su adicción a las redes sociales. Al final resulta que lo que está acabando con la cultura es lo que está acabando con todo lo demás: la crisis inmobiliaria. 

Ni TikTok ni el Kindle, ha sido la propia lógica urbana que sube los alquileres y vacía los barrios la que está acabando con las librerías. Históricamente, las ciudades eran lugares de encuentro y de intercambio, un cruce de caminos en los que el otro, plural y diverso, aportaba algo a una vida comunitaria que se avivaba en el intercambio. Eso hacía de las ciudades enclaves complejos, diversos, alborotados y ricos. Desde hace décadas, ese modelo está en crisis.  Con el cierre de Tipos Infames hoy Madrid amaneció un poco más pobre; un poco menos ciudad. 

Tipos Infames no solo fue un proyecto valiente que surgió allá por 2010, en plena crisis económica, sino que demostró que la buena literatura y el oficio del libro no tenían por qué competir con la modernidad. Y se sumó a lo que ahora es ya toda una tendencia: las librerías pueden y deben construirse como espacios culturales que dinamicen la vida en la ciudad. Por eso fueron un referente a muchos niveles para todos aquellos que nos dedicamos a los libros. 

De ahí que sea especialmente doloroso que la librería cierre en un momento donde Madrid está mutando con tanta velocidad. Numerosos festivales literarios han surgido o están a punto de desembarcar en la ciudad que está trabajando con obstinación por llenar sus calles de fenómenos que, como luces de neón (algunos de ellos de manera no metafórica, como el proyecto de la Fórmula Uno), lo que buscan en última instancia es hacer más atractiva la inversión extranjera. Una ciudad no pensada para sus habitantes sino para el dinero foráneo. En el fallido proyecto de EuroVegas había ya una voluntad de hacer de Madrid un Distrito Federal: un agujero negro de la especulación en la que, como la capital del juego, grandes espectáculos la hicieran parecer más dinámica, rica y cosmopolita. El problema es que mientras los fuegos artificiales cubren el cielo madrileño, sus calles se vacían de todos aquellos proyectos que daban espacio y sostenían la vida cultural y colectiva de sus habitantes.  Hay macro festivales de música, festivales literarios, partidos de fútbol americano, carreras de coches (¡hasta una feria sevillana!1) pero la gente no puede pagarse un alquiler. 

Sin embargo, una ciudad no son los neones que la alumbran sino las estructuras que la sostienen, los vecinos que la habitan y los locales en los que se encuentran. Por eso, en estos tiempos oscuros, las librerías nos ofrecen dos cosas fundamentales: la primera, claro está, son los libros que pueblan sus estantes y que prometen, bien empleados, arrojar un poco de luz sobre la complejidad que se cierne sobre nosotros. El segundo factor no es, sin embargo, menos importante: un lugar donde encontrarse. Un enclave que haga las veces de aquel cruce de caminos que solía definir la ya olvidada vida urbana. Las librerías son importantes porque nos recuerdan que toda historia se asienta sobre un legado que hay que continuar, esa es la promesa que guardan sus estantes, la de unir el pasado y el futuro: lugares donde la comunidad, nuestro bien más preciado, puede brotar y propagarse. 

Cuando Tipos Infames abrió en octubre de 2010, aún estaba por venir el 15M y Occupy Wall Street, el pulso al bipartidismo, el MeeToo, el Brexit y el Trumpismo, el Covid… En estos años han pasado décadas enteras y no parece que los años que tengamos por delante vayan a aminorar su ritmo. Hace quince años, Tipos Infames empezó a apostar por la literatura independiente, se descubrieron grandes autores y se demostró que los libros tenían, en plena crisis, aún mucho futuro. Hoy, con una ciudad más triste pero todavía agradecida, el resto tenemos que seguir peleando por demostrar que el futuro de los libros (y el del resto de cosas) aún está vigente. 

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1 Hoy mismo se ha anunciado el proyecto "Madrilucía", una suerte de imitación de la Feria de Abril sevillana en el recinto Iberdrola Music, donde las casetas se alquilan por unos 55.000€

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Anoche anunció el cierre Tipos Infames, una librería sin la que la cultura madrileña reciente no puede contarse. Paran después de quince años – dicen en un comunicado en Instagram – porque la gentrificación no les permite continuar con el negocio. La noticia ha pillado por sorpresa a toda la ciudad. Pero como en el magnífico libro de Alexei Yurchak: todo era para siempre hasta que dejó de existir y, desgraciadamente, lo inesperado se alinea con nuestro espíritu de época. Los gurús llevan décadas anunciando la muerte de las librerías, pero siempre por las razones equivocadas. Al principio iba a ser a causa del libro electrónico y poco después pasaron a ser los jóvenes y su adicción a las redes sociales. Al final resulta que lo que está acabando con la cultura es lo que está acabando con todo lo demás: la crisis inmobiliaria. 

Ni TikTok ni el Kindle, ha sido la propia lógica urbana que sube los alquileres y vacía los barrios la que está acabando con las librerías. Históricamente, las ciudades eran lugares de encuentro y de intercambio, un cruce de caminos en los que el otro, plural y diverso, aportaba algo a una vida comunitaria que se avivaba en el intercambio. Eso hacía de las ciudades enclaves complejos, diversos, alborotados y ricos. Desde hace décadas, ese modelo está en crisis.  Con el cierre de Tipos Infames hoy Madrid amaneció un poco más pobre; un poco menos ciudad. 

Tipos Infames no solo fue un proyecto valiente que surgió allá por 2010, en plena crisis económica, sino que demostró que la buena literatura y el oficio del libro no tenían por qué competir con la modernidad. Y se sumó a lo que ahora es ya toda una tendencia: las librerías pueden y deben construirse como espacios culturales que dinamicen la vida en la ciudad. Por eso fueron un referente a muchos niveles para todos aquellos que nos dedicamos a los libros. 

De ahí que sea especialmente doloroso que la librería cierre en un momento donde Madrid está mutando con tanta velocidad. Numerosos festivales literarios han surgido o están a punto de desembarcar en la ciudad que está trabajando con obstinación por llenar sus calles de fenómenos que, como luces de neón (algunos de ellos de manera no metafórica, como el proyecto de la Fórmula Uno), lo que buscan en última instancia es hacer más atractiva la inversión extranjera. Una ciudad no pensada para sus habitantes sino para el dinero foráneo. En el fallido proyecto de EuroVegas había ya una voluntad de hacer de Madrid un Distrito Federal: un agujero negro de la especulación en la que, como la capital del juego, grandes espectáculos la hicieran parecer más dinámica, rica y cosmopolita. El problema es que mientras los fuegos artificiales cubren el cielo madrileño, sus calles se vacían de todos aquellos proyectos que daban espacio y sostenían la vida cultural y colectiva de sus habitantes.  Hay macro festivales de música, festivales literarios, partidos de fútbol americano, carreras de coches (¡hasta una feria sevillana!1) pero la gente no puede pagarse un alquiler. 

Sin embargo, una ciudad no son los neones que la alumbran sino las estructuras que la sostienen, los vecinos que la habitan y los locales en los que se encuentran. Por eso, en estos tiempos oscuros, las librerías nos ofrecen dos cosas fundamentales: la primera, claro está, son los libros que pueblan sus estantes y que prometen, bien empleados, arrojar un poco de luz sobre la complejidad que se cierne sobre nosotros. El segundo factor no es, sin embargo, menos importante: un lugar donde encontrarse. Un enclave que haga las veces de aquel cruce de caminos que solía definir la ya olvidada vida urbana. Las librerías son importantes porque nos recuerdan que toda historia se asienta sobre un legado que hay que continuar, esa es la promesa que guardan sus estantes, la de unir el pasado y el futuro: lugares donde la comunidad, nuestro bien más preciado, puede brotar y propagarse. 

Cuando Tipos Infames abrió en octubre de 2010, aún estaba por venir el 15M y Occupy Wall Street, el pulso al bipartidismo, el MeeToo, el Brexit y el Trumpismo, el Covid… En estos años han pasado décadas enteras y no parece que los años que tengamos por delante vayan a aminorar su ritmo. Hace quince años, Tipos Infames empezó a apostar por la literatura independiente, se descubrieron grandes autores y se demostró que los libros tenían, en plena crisis, aún mucho futuro. Hoy, con una ciudad más triste pero todavía agradecida, el resto tenemos que seguir peleando por demostrar que el futuro de los libros (y el del resto de cosas) aún está vigente. 

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1 Hoy mismo se ha anunciado el proyecto "Madrilucía", una suerte de imitación de la Feria de Abril sevillana en el recinto Iberdrola Music, donde las casetas se alquilan por unos 55.000€

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