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España son los amigos
Nos vamos convirtiendo en embajadores involuntarios de nuestras pasiones
21 de junio 2026 · 4 comentarios
Nos vamos convirtiendo en embajadores involuntarios de nuestras pasiones
Admirado Miguel, celebro la tabarra digital a la que nos sometes a tus seguidores cada vez que entramos en Instagram. Sinónimo de buen hacer y buen moverse, que no siempre es lo mismo. Y lo más importante, señal de que libro es, no podía no serlo, buenísimo. Caerá este verano, cuando acabe la Trilogía de Nueva York de Paul Auster, al que entrego mis tardes de piscina y mis trayectos en el metro.
Son curiosos los hábitos que uno adquiere en estas semanas mundialistas. Tengo un compañero del curro mexicano, majísimo el tipo, se llama Rolando. Merced a ese ese idioma universal que es el fútbol, que nos emparenta a todos y nos aligera el trámite de romper el hielo con desconocidos, llevamos hablando de este Mundial, al menos en su vertiente mexicana, no menos de un año. De la organización, de los estadios, de la seguridad en las calles, del narco, de los cárteles. El tipo, aunque lo oculte, humilde como es, está ilusionado con todo esto. No tanto por su Selección, que tampoco vayamos a engañarnos, es muy limitada, sino por ese orgullito patrio que tanto aflora en inmigrantes lejos de su país. El caso es que las dos mañanas posteriores a los partidos de México (dos victorias), lo primero que hice nada más llegar a la oficina y dejar las cosas en mi escritorio ha sido buscarle, dirigirme a su mesa, tenderle mi mano al saludo de caballero y recibir su sincero y fraternal apretón. Los gestos hay que cuidarlos siempre. Nos estrechamos la mano, echamos una parrafada, soltamos tres o cuatro tópicos y de vuelta a nuestras pantallas y a nuestros lunes. ¿Y tú? ¿te has encariñado con alguna selección por algún conocido?. Yo voy un poco con México por Rolando, aunque nunca se lo he dicho.
Es fuerte pensar cómo, sin saberlo, nos vamos convirtiendo en embajadores involuntarios de nuestras pasiones. De un equipo, de una selección. ¿Habrá gente por el mundo que vaya con España por nosotros? Quiero pensar que sí, que contribuimos a hacer de nuestro país un lugar más acogedor.
Otra selección hermana a la que profeso simpatía, Portugal. Me duele Cristiano y me duele que me saques este tema. Observé el partido contra la República Democrática del Congo con verdadero dolor unamuniano. Qué humillante es siempre ver a los ídolos de la infancia arrastrarse. Qué sentimiento tan ingrato este de verles terrenales, conscientes, por primera vez, de su condición de mortales. Ellos, que lo fueron todo y nunca nadie les dijo que parasen. Debería existir un concepto parecido al de vergüenza ajena, pero con el dolor. Ni siquiera es empatía. Sufro yo viéndole sufrir. Me duele su dolor.
Por eso, más a nuestra edad, uno no debe encariñarse nunca con deportistas de élite. Para ahorrarnos decepciones. Aquí me pasa un poco lo de la pancarta aquella en La Bombonera el último día de Maradona: No me importa lo que hagas con tu vida, me importa lo que hiciste con la mía. Y a mí, Cristiano, me hiciste el hombre más feliz del mundo.
Por cierto, es oficial, me he reconciliado con este Mundial. He llegado tarde pero he llegado. Suspiro aliviado, sigo vivo. Me asusté el otro día, cuando dejé asomar por la rendija a la nostalgia, siempre tan puta ella. No ha podido esta vez. Ni un centímetro a la nostalgia, Miguel. No aquí, no conmigo. Te escribo estas líneas después de ver el España - Arabia Saudí. El partido me ha pillado, raro en mí, con amigos, en un plan de esos de domingo de piscina y barbacoa y sobremesa de crema de orujo de los que hacen afición. No me gusta ver el fútbol acompañado, no me entero de lo que pasa. Me pierdo en las conversaciones, en las anécdotas de siempre. Yo, hombre de costumbres y poco amigo de innovar, prefiero mi rutina de partido, mi posición en el sofá, mis tres o cuatro rituales idénticos desde hace diez años. Y sin embargo ha sido un partido con los amigos lo que me ha salvado. Poco a poco me van a convencer para ir con la Selección y todo. España son los amigos.
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