Deportes

La misma canción

Es como si todos bailáramos la misma canción

19 de junio 2026


Querido Luis:


Muchas gracias por la promo, por la idea, por inaugurar esta correspondencia y por tu entusiasmo en general. Efectivamente, mi ensayo, Dios lo bendiga, se ha apropiado de mi instagram. En eso se parece al Mundial, ¿no? Nuestra cultura digital es eventívora, se alimenta de acontecimientos. Y no de cualquiera. De primero muchas cosas, de segundo muy importantes y de postre muy rápido. Como para no saturarse. Si tengo miedo yo de la saturación que sentirán dos mil seguidores por mi turra constante...¿que no pasará con esta copa del Mundo? Se calcula que con las nuevas falsas pausas de hidratación han ganado 800 millones de euros más. 


Ayer un señor en el banco Santander le comentaba a un senegalés que su país había estado muy bien contra Francia. ¿Te imaginas eso con un Osasuna Elche? Los torneos internacionales tienen eso: de pronto gente que no vería un partido geográficamente cercano de más calidad, se maxi flipa con un gol de rebote de un lateral que ayudaría a la rotación en el Arenas de Getxo.


Es como si todos bailáramos la misma canción. Tenía razón la nueva canción de La Oreja. Me obsesiona un poco, no sé si por que en el fondo me gusta que me gusten algunas canciones horrendas, por la patética pero resultadista resurrección de foldespán de la banda "original" o porque yo también creo en Dios a mi manera. Es un poco, con perdón, lo de Cristiano intentando demostrar que sigue valiendo. Cristiano, lee a Luis. Todos somos futbolistas. Nunca colgamos las botas, nunca las torcemos. Sobre esa piedra edificaría mi Iglesia. El final de mi libro va de eso. De creer que la libertad y la igualdad reales pueden permitirnos vivir con toda la pasión del mundo nuestros fracasos más queridos. CR7, como buen culturista del esfuerzo, a fuerza de intentar agrandar su leyenda la está poniendo en juego.


No suscribo, sin embargo, tu miedo a la vejez. Creo que el desencanto al que te refieres no tiene que ver sólo con la edad. Quizá sí con que ya hayamos ganado tres Eurocopas y un Mundiales con plena consciencia. Hace un par de meses, en un partido del Rayo, me cabreé tanto que me acordé de Corea y Japón. Así soy. Tenía 8 añazos ya. Dos legislaturas.Recuerdo, sí, pero no melancolía. Mi vida era peor antes. Y ahora sé mucho más de fútbol. Tanto de lo que pasa en el verde (no me suena rara la expresión “los cuadrados” ni la “fase 3”) como de lo que pasa fuera. Prefiero mil veces mi pasión de ahora. Entiendo mucho más, dimensiono mucho mejor, lo que sigue haciendo Messi. Lloro como un niño pequeño con el homenaje a Aspas. Lloro mejor que un niño pequeño. Es la ostia entender tus lágrimas. Comprender cada minuto que pasaba debajo de una toalla escudriñando las crónicas del AS y darme cuenta de que fueron mi verdadera cuna literaria. No me está dando tiempo a ver todos, es verdad, pero no es por falta de amor. Es por poligamia. Y el amor es amor, hay que valorarlo, no pasa siempre. Quizá porque estas epístolas serán consideradas fifes, he terminado de perder el miedo a entregarle a Sustrato, y a tí, en este caso, un trozo de mi psique más profunda. Que tiene que ver, cómo no, con el puto fútbol. ¿No te parece que eso es la grandeza? ¿Y lo de Yeremi Pino, qué? Un abrazo.


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